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El Gato y la Serpiente

Bill Firman (Traducción Paula Merelo Romojaro) -

Últimamente he visto bastantes serpientes pequeñas cerca de nuestra casa en Malakal. Supongo que las habrá también grandes… ¡y que ellas me habrán visto a mí! Lo normal es que ambas partes nos mantuviésemos alejadas la una de la otra, pero nuestro gato no lo hace así. Nadie sabe de dónde ha salido este gato. Apareció un día en nuestra casa y ya se ha creado un vínculo especial entre nosotros. Me intrigaba bastante presenciar uno de sus enfrentamientos con una serpiente. Intuyo que el gato ganó porque estaba en perfecto estado después del encuentro y, además, apareció una serpiente muerta.

La naturaleza siempre ha sabido alcanzar un equilibrio entre la huida y el enfrentamiento. La mayor parte del tiempo, los enemigos naturales se mantienen fuera de peligro evitando a los predadores, pero de vez en cuando surgen también los enfrentamientos. En Sur-Sudán, es habitual ver enfrentamientos entre cabras que se dan cabezazos para dejar claro quién es la más fuerte. Al contrario de lo que ocurrió entre el gato y la serpiente, ninguna de las dos cabras sale seriamente herida y aun así el ritual se lleva siempre a cabo y las dos partes parecen resultar satisfechas. Cuando las dos partes son iguales, pueden darse cabezazos sin que haya daños serios, pero cuando no son iguales, puede haber graves problemas para el más débil, incluso la muerte. Quizás ocurra lo mismo con las personas. Los políticos se dan cabezazos muy a menudo. Realmente no entiendo muy bien porqué. Para mí es ponerse al mismo nivel que las cabras. Fundamentalmente, son enfrentamientos entre iguales y quizás no se produzca un daño real. Sin embargo, yo votaría a cualquier miembro del Parlamento que fuese más allá de la burla, del abuso de la palabra, de los insultos que son tan comunes entre los políticos –llamémoslo si queréis correctamente “ritual de confrontación”- y actuara de una forma coherente buscando siempre el respeto a la dignidad de cualquier ser humano. Como personas, debemos pensar claramente lo que valoramos y lo que nos causa indignación. La gente puede actuar con un juicio sensato y no sólo siguiendo el instinto animal como las cabras.

Hace poco leí un artículo en la prensa australiana que hacía una observación muy elocuente: No puede haber mejor prueba de que la gente se preocupa más por las vacas negras que por las personas negras que la reacción a la noticia de la semana pasada sobre la masacre en Sri Lanka. El mes pasado, un programa de televisión mostraba imágenes realmente angustiosas sobra la forma en que se sacrificaban los animales en un matadero en Indonesia. El escándalo fue inmediato y se enviaron cientos y cientos de cartas denunciando la manera salvaje en que los animales eran tratados… En el mismo programa, semanas más tarde, los espectadores pudieron ver imágenes de personas desnudas y con los ojos vendados que eran disparadas a quemarropa en la cabeza con rifles de asalto, los cuerpos sin vida de víctimas de violaciones, hospitales bañados en la sangre de civiles que habían sido bombardeados en zonas supuestamente seguras y los cadáveres de personas que se habían rendido al gobierno de Sri Lanka al ofrecer este una amnistía y, sin embargo, habían sido asesinados. El periodista comentaba: En toda la semana, sólo apareció una carta en todos los periódicos de Melbourne denunciando la masacre y pidiendo que se hiciera justicia con los responsables.
Quizás, en la comodidad de nuestros países del primer mundo, simplemente eludimos pensar en los problemas de países lejanos como Sri Lanka o Sur-Sudán. La gente de este país ha sido testigo de demasiadas guerras pero eso les ha ayudado a formarse un criterio sobre lo que realmente es importante y lo que quieren. La gente corriente de Sur-Sudán no tiene mucho materialmente hablando pero saben bien lo que valoran. Celebran el don de la vida compartiendo amabilidad y respeto hacia los demás. Es bueno ser agradable con la gente y con los animales también –aunque siempre habrá algunos que prefiramos evitar. Yo, por ejemplo, puedo decir sin que me dé vergüenza reconocerlo que prefiero el ronroneo de nuestro gato al sonido de una serpiente y, en general, necesitamos siempre más ronroneos que sonidos de serpientes de nuestros dirigentes. Sin embargo, también Jesús se mostró firme e indignado frente a los mercaderes del templo. En ocasiones deberíamos enfadarnos con lo que les ocurre a los demás y a veces es necesario también enfrentarse y no salir huyendo. Al ser humano se le ha dado el don del raciocinio. Utilicémoslo con sabiduría.

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