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EL EXAMEN DE MARXISMO

José M. Vegas cmf -
Las circunstancias de la vida me han puesto en contacto con la Universidad rusa. Y este contacto es un curioso puente entre el pasado y el presente, entre la Unión Soviética y la actual Federación Rusa. He podido comprobarlo en carne propia con motivo de mi primer examen, no como profesor-verdugo (como viene siendo habitual desde hace ya unos veinte años), sino como estudiante-víctima, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Estatal de San Petersburgo. La formación universitaria es en Rusia de calidad y se halla extendida por todo su extenso territorio. Todas las grandes y medianas ciudades disponen de Universidades y Centros Superiores de Estudios. El sistema educativo distinguía tradicionalmente dos tipos de Centros de Estudios Superiores: Universidades, orientadas a la investigación, y los Institutos Pedagógicos, cuyos estudiantes se preparaban sobre todo a la enseñanza. Actualmente los Institutos Pedagógicos se han rebautizado como Universidades Pedagógicas, aunque esa división de funciones continúa siendo la misma. El ciclo básico de la enseñanza Universitaria se prolonga durante cinco o seis años. Al término de este ciclo, equivalente a nuestra licenciatura, puede comenzarse la actividad profesional. Pero quien quiera continuar su formación superior se enfrenta a un sistema exigente y más complejo que el nuestro. El grado siguiente al de licenciado no es el de Doctor, sino el de \"Candidato de las Ciencias\", al que siguen el Doctorado, la categoría de Profesor Universitario (con un significado similar al que tiene en Alemania). El grado máximo al que se puede aspirar es el de Académico. Todos estos grados exigen su correspondiente trabajo escrito de investigación, tesis o disertación. Como no pude terminar el doctorado en filosofía que inicié en España en la Universidad Complutense de Madrid, he explorado la posibilidad de conseguir el grado correspondiente en la Universidad rusa, gracias a mi amistad con varios profesores del departamento de historia de la filosofía, especialistas en filosofía española y en filosofía medieval, sobre todo en Suárez. Iniciar este proceso significaba convertirme en \"aspirante de las ciencias filosóficas\", que es como se designa a los que se preparan para conseguir ser candidatos de su ciencia correspondiente. La aspirantura es un periodo complejo, que se prolonga por cuatro años y que incluye, una vez admitido, un examen de filosofía general para todas las carreras, un examen de idioma extranjero (en mi caso, por ser yo mismo extranjero, un examen de ruso), uno o dos exámenes de la propia especialidad (en mi caso, ética), una \"pre-defensa\" del trabajo escrito, más la correspondiente defensa propiamente dicha. El ciclo de cuatro años puede abreviarse si se es alumno libre, sin obligación de frecuentar los cursos de filosofía organizados para los aspirantes (sobre todo de disciplinas distintas de la filosofía), aunque, eso sí, en el caso de los extranjeros, pagando las tasas de los cuatro años (1.200 dólares por año, en total 4.800 dólares). Este es mi caso. Tras bastantes trámites burocráticos (presentación de solicitud y documentación traducida al ruso, enviada a Moscú, que tardó varios meses en contestar, más un exigente examen de ruso, condición de la matriculación, y distinto del que se exige a los aspirantes y que espero hacer en abril), pero bien atendido por los funcionarios del rectorado y los profesores de la Facultad de filosofía, con algunos de los cuales tengo buena relación, fui admitido en el departamento de ética de la Facultad de Filosofía de la prestigiosa Universidad Estatal de San Petersburgo. El primer examen que debía realizar era el de filosofía general. Alguno se preguntará a qué viene un examen de filosofía obligatorio para todos los aspirantes a candidatos. La explicación en bastante obvia. Aunque en Rusia existen pocas facultades de filosofía, existen departamentos de filosofía en todas las facultades, academias militares, de policía, escuelas de ingenieros, etc. En todas las especialidades imaginables había tres materias obligatorias: historia del partido comunista, ateísmo científico y filosofía. El contenido de esta última era, como es de imaginar, el materialismo dialéctico. Por lo que sé, la historia del Partido Comunista ha desaparecido completamente del mapa. Descanse en paz. El ateísmo científico, allí donde se ha mantenido, se ha reconvertido, ironías de la vida, en historia de las religiones. El materialismo dialéctico se ha ampliado a un curso de introducción general a la filosofía. Con ello, ha perdido el carácter de control de pureza ideológica que tenía antes y se ha convertido en una especie de complemento cultural de la formación universitaria. Es de señalar que la filosofía está completamente ausente de la enseñanza secundaria. Como es de suponer, los encargados del curso y el examen de filosofía (el antiguo materialismo dialéctico) en el ciclo de aspirantura habían de ser marxistas ejemplares por su ortodoxia. Y muchos de ellos siguen en el cargo. Tuve ocasión de comprobarlo en Krasnoyarsk, donde el segundo año de nuestra estancia asistí a un curso de aspirantes, para habituarme al lenguaje filosófico. Era ideología soviética de la peor especie, en la que la historia de la filosofía se presentaba como un fiel reflejo de la lucha de clases, entre el \"idealismo\" y el \"materialismo\", eso sí, con todas las variaciones imaginables para encajar en ese esquema, simple y equívoco, a todos los filósofos que en la historia han sido: Sto. Tomás fue, como es sabido, un idealista objetivo, Hume, un idealista subjetivo, Locke, un \"materialista deísta\", etc., etc. Mi segundo encuentro con esta mentalidad ha sido en el examen de filosofía general que realicé a primeros de enero. No tenía ni idea de en qué consistía el examen, así que me entrevisté con el profesor encargado de este particular departamento, en el que en sus tiempos debió sentarse el comisario político de la Facultad (posiblemente, el mismo profesor con el que hablaba). Éste me explicó muy amablemente que el temario incluía 50 temas, pero que bastaba con que prepara tres. Sabiendo este profesor que este extranjero era un sacerdote católico, me propuso con cierta ironía los siguientes temas: filosofía y religión, filosofía marxista y cultura y civilización (la \"cultorología\" es una ciencia de moda en Rusia, elevada a la dignidad de carrera universitaria, equivalente, más o menos, a nuestra licenciatura en humanidades). Le pregunté si podría expresar mis propias opiniones sobre las respectivas materias, a lo que me contestó que yo expusiera objetivamente y luego añadiera lo que me pareciera. De momento, me pareció justo. Dediqué buena parte de las vacaciones de Navidad a preparar los temas, especialmente el de marxismo, con el que no tenía contacto desde hacía muchos años. Leí sobre todo el libro de Gustav Wetter (mi antiguo profesor de la Gregoriana) y Wolfgang Leonhard (un exmarxista que luego se dedicó a combatir su antigua fe), La ideología soviética, un excelente manual que presenta sistemáticamente la escolástica de la antigua Unión Soviética. Confieso que me irritó no poco tener que releer las vaciedades ideológicas del materialismo dialéctico, pero que releí con agrado lo referente al materialismo histórico e incluso a las doctrinas económicas de El Capital. Son teorías tan discutibles como las de cualquier otro filósofo, pero por eso mismo, igualmente interesantes y sugerentes, con elementos muy aprovechables, sobre todo ahora en que ya no existe la presión ideológica de otros tiempos y es posible leerlas sin aquellos condicionamientos. Naturalmente, preparé con especial esmero la parte crítica, dispuesto a polemizar todo lo posible con el tribunal que me cayera en suerte. Antes del examen, que se retrasó cerca de una hora (cosa, por lo demás, previsible), mientras hacía tiempo a la puerta de la Facultad, un hombre mayor me pidió un cigarro y de paso entabló conmigo conversación, algo que los rusos hacen con enorme facilidad. No recuerdo muy bien a propósito de qué, se quejó amargamente de las actuales condiciones de vida en Rusia y exaltó el periodo comunista en el que, dijo, sí que existía verdadera libertad. Le recordé que en tiempos de la Unión Soviética por una crítica de ese tipo le habrían metido en la cárcel, y que yo no podría siquiera soñar con vivir en este país. Pero no insistí mucho, pues comprendí que su discurso no era retórico, sino un reflejo del empeoramiento de las condiciones de vida para muchísimas personas, entre ellas él. El tribunal resultó ser sólo el profesor aludido antes (no consigo recordar su nombre). Y el examen fue una amigable conversación, en la que empecé hablando del joven Marx y del problema de la praxis. En este punto mi interlocutor quiso liarme con el concepto de alineación en Hegel, que según él, no tenía nada que ver con el de Marx, su verdadero descubridor. Le repliqué que el término alemán usado por uno y otro era el mismo, y que, en realidad, Marx no había sino malinterpretado el concepto hegeliano. Seguí con el desarrollo histórico del pensamiento marxista, menudeando las críticas, a las que mi tribunal de un solo miembro intentaba replicar con bastante convicción. Finalmente, decidí tomar el toro por los cuernos, y le dije que, en mi opinión, Marx todavía fue un filósofo de cierto nivel, pero que Engels fue un desastre que lo confundió todo, y Lenin, pese a su gran cultura, no fue para nada filósofo, sino un político que hizo de la confusión de Engels un dogma oficial. Una de las principales confusiones de Engels se refiere, precisamente a la cuestión del materialismo y el idealismo. Es como contraponer mesas y estrellas. El materialismo es un término metafísico al que se contrapondría el espiritualismo, mientras que el idealismo es un término gnoseológico, cuyo contrario sería el realismo. No hay equivalencia entre realismo y materialismo, como no la hay entre idealismo y espiritualismo. Se puede ser realista y afirmar el espíritu, como se puede ser materialista e idealista. Llegados a este punto iniciamos una sabrosa conversación sobre el sentido de la metafísica, que los marxistas oficiales equiparan a espiritualismo fantástico, a diferencia de la ontología, que es la \"ciencia general de la materia y sus leyes\". Ataqué con fuerza el carácter científico del pretendido materialismo dialéctico, tanto por su pretensión de que el materialismo se equipara con la actitud científica, como por la pretensión de querer explicarlo todo mediante esa palabra mágica, \"dialéctica\", que en la ideología soviética lo explica todo y por tanto no explica nada. Le recordé, para reforzar su sentido puramente ideológico, que la tercera ley de la dialéctica, la de la \"negación de la negación\", fue suprimida en tiempos de Stalin, y restablecida después de la muerte del sanguinario dictador. ¿Es que dejó de funcionar en ese lapso de tiempo? Desde aquí derivó nuestra conversación-discusión-examen hacia el campo de la religión (era uno de los temas), y ahí le traté de hacer ver que la dialéctica es algo que sólo funciona realmente en el espíritu humano, por la capacidad de la razón de definir, delimitar, captar los límites de las cosas, y avanzar desde ahí más allá, hasta preguntarse por la totalidad de lo real. La afirmación de Dios es una respuesta posible y razonable, aunque no demostrable científicamente (es decir, experimentalmente), en mi opinión, le dije, más razonable que el ateísmo, que tampoco es demostrable por la ciencia, pero que mientras que nosotros llamamos fe a nuestra creencia en Dios, ellos llaman ciencia a lo que es un mero postulado ideológico… En fin, la conversación, toda ella en un tono muy amigable, resultó sabrosa. Al final, mi amable examinador me dijo: \"veo que sabe Vd. de filosofía, aunque tenemos distintos puntos de vista\", aludió a lo bueno que es discrepar y discutir desde el respeto mutuo, me deseó lo mejor, según la fórmula rusa de cortesía, y me firmó el certificado del examen con la máxima calificación. En fin, que pasé el examen de marxismo sin mayores problemas, pese a la polémica, y he dejado felizmente atrás el materialismo dialéctico y sus leyes. Después del examen he pensado bastante en hasta qué punto han cambiado las cosas en este país. Por decir lo que dije en este examen hace sólo quince años cualquier ruso hubiera perdido toda posibilidad de proseguir sus estudios y encontrar un trabajo cualificado, posiblemente le habrían enviado una temporada a un psiquiátrico o a la cárcel. Y un estudiante extranjero, sin duda alguna, hubiera sido expulsado inmediatamente del país.
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