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El Dios de nuestros deseos

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Lo que descansa más profundo dentro de la fe auténtica es la verdad de que Dios es el objeto de todo deseo humano, sin importar qué terreno y pecaminoso pudiera a veces parecer ese deseo. Esto implica que todo lo que deseamos se contiene en Dios. Vemos esto expresado en los salmos, que nos dicen que Dios es el objeto de nuestros deseos, y en Jesús, que nos dice que es en Dios donde nuestras hambres y sedes más profundas serán saciadas. Y así oramos, acaso sin ser siempre en realidad conscientes de lo que decimos: Mi alma te ansía de noche. Tú solo, Señor, puedes llenar mi corazón. Tú, Señor, eres mi todo. Pero, de hecho, es Dios por quien suspiramos de noche y por lo que sufrimos en nuestros deseos.

¿Creemos, en realidad, que Dios es el real objeto de nuestros deseos? Cuando miramos a todo lo que es bello, lleno de vida, atractivo, sexualmente seductor y placentero en la tierra, ¿pensamos, de hecho, y creemos que esto se contiene de una manera infinitamente más rica en Dios y en la vida a la que Dios nos invita a adentrarnos? ¿Pensamos, en realidad, que las alegrías del cielo superarán a las alegrías de la tierra y que, ya en este mundo, los placeres de la virtud aventajan a las sensaciones del pecado? ¿Pensamos, de hecho, que la fe nos dará lo que deseamos?

Parecería que no. Nosotros y la mayoría de todos los demás luchamos por volver nuestra atención hacia Dios. Encontramos la práctica religiosa y la oración más como una ruptura de la vida que una entrada en ella, más un deber que una oferta, más un ascetismo que un gozo, y más como algo que nos tiene pasando por alto en la vida que entrando en sus profundidades. En la mayoría de nosotros, si somos honrados, hay una secreta envidia de aquellos que sondean atolondradamente energía sagrada para su propio placer, esto es, hacemos obstinadamente nuestro deber al comprometernos a algo más alto, pero, como el hermano mayor del Hijo Pródigo, generalmente servimos a Dios por obligación y estamos amargados por el   hecho de que otros muchos no lo hagan. A este lado de la eternidad, con frecuencia la virtud envidia al pecado; y, a decir verdad, esto es particularmente verdadero con relación a la sexualidad.

Pero, en parte, esto es natural y un signo de salud, dado que la cruda realidad de nuestra corporalidad y las presiones del momento presente se imponen naturalmente sobre nosotros de un modo que pueden hacer que las cosas de Dios y del espíritu parezcan abstractas e irreales. Eso es simplemente la condición humana, y Dios, sin duda, lo entiende. Tendrías que ser un verdadero místico para estar por encima de esto.

Sin embargo, puede ser útil insistir más explícitamente en algo que profesamos en la fe, a saber, que todo lo que encontramos atractivo, bello, irresistible, erótico y placentero aquí en la tierra se encuentra, incluso más completamente, dentro de su fuente, Dios. Dios tiene mejor aspecto que cualquier estrella de cine. Dios es más inteligente que el científico o filósofo más brillante. Dios es más ingenioso y divertido que el mejor de nuestros cómicos. Dios es más creativo que cualquier artista, escritor o innovador de la historia. Dios es más sofisticado que la persona más docta de la tierra. Dios es más exuberante que cualquier persona joven. Dios es más popular que cualquier estrella de rock. Y -no lo menos- Dios es más erótico y sexualmente atractivo que cualquier mujer, hombre o imagen sexual de la tierra. Normalmente no pensamos eso ni creemos esto acerca de Dios, pero esas declaraciones son dogma tanto como son las más estrictas doctrinas de la iglesia inscritas en los anales de la historia. Todo lo que es seductor en la tierra está dentro de Dios, incluso en forma más rica, porque Dios es su autor.

Con todo, eso no quita -ni debe quitar- que el poder de las cosas terrenas seduzca. Incontables cosas pueden abrumarnos con su maravillosa realidad: una persona bella, una puesta de sol, una pieza de música, una obra de arte, la exuberancia juvenil, la inocencia de un bebé, el ingenio de alguien, los sentimientos de intimidad, los sentimientos de nostalgia, un vaso de vino en la tarde apropiada, una agitación en nuestra sexualidad o, lo más profundamente de todo, un iniciado sentido de la unicidad y el alto precio de nuestras propias vidas. Necesitamos honrar estas cosas y dar gracias a  Dios del don, incluso mientras nos hacemos conscientes de que todo esto se encuentra más ricamente en Dios y que no perdemos nada cuando la virtud, la religión y el compromiso nos piden sacrificar estas cosas por algo más alto. Jesús mismo promete que cualquier cosa a la que renunciamos por lo que es superior se nos devolverá al ciento por uno.

Sabiendo esto, deberíamos vivir nuestras vidas gozando plenamente de lo que es terreno y terrenal. Las bellezas y placeres de esta vida son un don de Dios, dispuestos para ser gozados. Pero, al ser conscientes de su fuente, entonces podemos también ser suficientemente libres de aceptar los verdaderos límites que la vida pone a nuestros deseos. Y, mejor incluso, necesitamos no temer la muerte, ya que lo que perdemos será sobrepasado al ciento por uno con lo que ganamos.

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icono comentarios 8 comentarios

Comentarios

u.saldaña m u.saldaña m
el 7/7/15
Me permito acompañar la lectura de este artículo con la siguiente reflexión:

Dios mío : Tú sabes exactamente lo que necesito, mas esperas que me acerque a Tí y con confianza te pida lo que CREO necesitar. Para ello Te pido el don de una FE viva para que no olvide nunca que Tú eres mi Amigo fiel. Que eres el compañero que va conmigo siempre. Que eres ese Padre Bueno que vela continuamente sobre mí y ante Quien yo he decidido personal y voluntariamente "abandonarme", haciendo uso de ese LIBRE ALBEDRIO que me has concedido.
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Gedeon Gedeon
el 6/7/15
Me parece un extraordinario comentario, como casi todos los suyos.
Aspectos de la vida material y espiritual que nos afectan a todos y que son explicados con rigor y valentía.
Son temas concretos y bien pegados a la realidad espiritual humana, que desgraciadamente son difíciles de encontrar en otros medios católicos.
Muchas gracias por su ayuda, por su perspicacia y por sus lecciones sin miedos y llamando a las cosas por su nombre.
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Paulino Paulino
el 7/7/15
Extraordinario y muy luminoso y adecuado para ser difundido en nuestros días. Buena referencia de Evangelización en este siglo.
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aoaoao aoaoao
el 7/7/15
Se envidia el pecado porque no se conoce. El pecador envidia mucho más la virtud pero por su condición de pecador, ( por su orgullo y debilidad que le hacen no reconocer su dolor y fracaso) tratan de atraer hacia su pecado a la virtud para no sentirse solos. La virtud no tiene límites, su límite, es su meta el amor. El pecador no tiene límites pero tampoco amor y corrompe la virtud.
Ya lo dijo san Agustín "ama y haz lo que quieras" ...pero ama!!!
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Martha Martha
el 7/7/15
Creo que hace muy bien P.Ron en hacer comentarios
de cualquier indole, sin miedo, sin mentiras, sin tem-
blarle el pulso, seguro de si mismo, sin que por ello
claudique a su fe. Sigo pensando que tanto Ud. como
muchos igual a Ud., que prefirieron vivir de espaldas
a la vida terrenal, han sentido como todos los seres
humanos corporalmente sanos los deseos inherentes
a ese organismo saludable que les reclama las fun -
ciones que voluntariamente han sacrificado, aunque
vivan conscientes que lo que han perdido en la Tie-
rra se les compensara al ciento por uno por sacrifi-
carlo por algo superior a lo que dejaron. Todos sa-
bemos que los deseos terrenos tienen su fuente en
Dios, pero no siempre el objeto es Dios. EL nos creo
de esa forma, con todos esos sentimientos ,los cua-
l ... » ver comentario
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carolina carolina
el 8/7/15
Espero con ansia cada lunes leer las aportaciones que Ron nos hace llegar. Clarividentes, valientes, profundas, verdaderas, consiguen remover mi espíritu, y q pueda interpretar la realidad serenamente y cristianamente....sin miedos.
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Juan Bernardo Juan Bernardo
el 21/7/15
Gracias...............................................................................He quedado limitado en mi vocabulario, y solo recuerdo y tengo ganas de repetir G R A C I A S,..,
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Silvina Silvina
el 7/8/15
"Hasta la locura te amo Señor...." dice el estribillo de una hermosa canción... y lo amo por su Bondad, Amor, Paciencia, Misericordia, Inteligencia, Creatividad, Diversión, Seducción, Ternura, Belleza, Dulzura...y todo lo Divino que es. Debemos comprender que la virtud, aunque nos cueste, es un salto al AMOR, el pecado... un salto al vacío!
Gracias P. Ron por su comentario sobre este Dios tan cercano a nosotros. Usted, como muchas personas, "eligió la mejor parte y no le será quitada".
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