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El cuerpo y el alma

José María Vegas cmf -

    Rubén González Gallego nació en 1968, año de utopías encarnadas, en la clínica del Kremlin. Su segundo apellido explica tal privilegio: es nieto del que fue dirigente del Partido Comunista de España, Ignacio Gallego. Eso mismo explica su trágico destino: su madre dio a luz gemelos, de los que una niña murió en el parto y su hermano, Rubén, nació con una grave parálisis cerebral. Al año del parto, le dijeron a su madre, Aurora (fallecida hace pocos meses) que también el pequeño Rubén había muerto, y lo mandaron a un orfanato para niños discapacitados. Un paralítico cerebral no puede ser nieto de un comunista prominente. Rubén cuenta su alucinante experiencia en un libro fascinante: Blanco sobre negro (Alfaguara), que ha recibido el principal premio literario de Rusia. Es el libro de un alma grande y fuerte en un cuerpo pequeño y débil. La fortaleza de ese alma se echa de ver en que en ese libro, que en ocasiones pone los pelos de punta, no hay ni una sola gota de amargura, ni una queja por la crueldad del destino. Rubén, al que conocí en Madrid junto a su madre y su hermana Ana, y de cuya amistad me honro, vive actualmente en Washington, y sigue escribiendo con el dedo índice de su mano izquierda, libros y artículos de un estilo inimitable y que ayudan a vivir. Si queréis conocerlo de primera mano, visitad su página web: http://www.060209.com/ Aquí os ofrezco una traducción que he hecho de un breve artículo escrito por Rubén para la Revista rusa “Ermitage” dedicada al tema del cuerpo. En una sociedad que rinde culto a los cuerpos esculturales, el testimonio de Rubén nos sirve para entender que hay otros valores y otras bellezas.


“Mi cuerpo”

    Tengo un buen cuerpo, un cuerpo normal. A mí me vale. ¿De qué sirve hacer cavilaciones, o agitarse? De todos modos, no tengo otro cuerpo y no lo voy a tener. Tengo que vivir con éste. Y a mí este cuerpo me sirve. Mi cuerpo funciona, sería pecado quejarse.

    Estoy paralítico. Mis piernas no andan. ¿Para qué quiere el hombre las piernas? Tener piernas fuertes y sanas es muy cómodo. Las piernas hacen falta en la vida para muchas cosas, pero si prescindimos de todo lo que no es importante y de lo que no tiene verdadero valor, resulta que el hombre necesita las piernas sobre todo para acercarse a los demás. Hay gente con piernas y sin ellas, unos no quieren acercarse a los demás, otros usan sus piernas sólo para alejarse lo más posible. Es una lástima.

    Mis brazos funcionan pero que muy mal. Las manos no sirven para nada, pero los codos y los hombros me ayudan a arrastrarme. Saber arrastrarme es una de mis principales cualidades. Con ayuda de los brazos puedo arrastrarme de la silla de ruedas a la cama y de la cama a la silla de ruedas. Saber hacer esto es para mí muy importante. Mi silla de ruedas me acerca a la gente. Además escribo en el teclado con las manos. Mis letras me acercan a la gente mucho más que las ruedas de mi silla. Con el mando de mi silla y el teclado del ordenador supero la distancia entre mí y el mundo exterior. Toco el mundo con las manos, y me esfuerzo por alcanzar el espacio que me rodea, el sol, la luz. A veces se usan los brazos para abrirse paso a empellones, haciendo a un lado a los rivales del puesto en el comedero. Es una lástima.

    Veo y oigo. Sentir el mundo exterior es muy importante para mí. Amo la vida. Por desgracia, con demasiada frecuencia la gente trata con todas sus fuerzas de no oír y no ver la verdad. Es una lástima.

    En la pequeña y frágil cápsula de mi cráneo se guarda algo vacilante. Soy yo. No soy yo del todo, claro. Pues yo sin cuerpo, y sin vista y oído, yo, sin mis brazos, incluso sin mis piernas, no sería yo en absoluto. Me gustaría no quedarme nunca completamente aislado del mundo exterior con mi cerebro.

    Tengo un corazón pequeño. Funciona con intercadencias. Es un corazón enfermo y débil. Pero mi pequeña bomba interior le basta y le sobra a mi cuerpo. Mi corazón da para mucho, no sólo para mí.
Mi cuerpo no es hermoso. No me voy a poner a presumir en la playa. Pero tampoco me voy a poner a esconderlo en la playa con ropa. Estoy seguro de que mi cuerpo feo repele sólo a los más estúpidos y malvados. Después de cinco minutos de conversación conmigo cualquier persona normal olvida que mi cuerpo no es hermoso.
Mi cuerpo me duele. El dolor es muy incómodo. Pero ¿qué puedes hacer? La vida está así organizada. Por todo hace falta pagar un precio. Si tuviera otro cuerpo, yo no sería yo. Con el dolor y las incomodidades de mi cuerpo yo pago por la vida. Vivo como puedo. Y no me quejo.

Rubén David González Gallego
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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

MAria MAria
el 6/3/10
No conocia de Ruben, pero copio de inmediato su página web y buscaré Blanco sobre negro , para gustar de su pluma.

Este articulo es profundo , me ha hecho reflexionar y valorar todo lo q ue Dios me ha dado en salud y que debo poner al servicio de otros.
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aagudelo aagudelo
el 16/6/11
Que fuerza maravilloza en Dios y su creacion tiene este senor me da gusto encontrar personas como el que el senor le siga bendiciendo.amen
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