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El cristiano de los cien nombres: el sacerdote

José Rovira cmf -
El otro día pasaba yo cerca de la gran mezquita de Roma (la mayor de Europa, según tengo entendido). Apoyados al muro que la rodea, había un par de musulmanes hablando. Uno de ellos, mientras tanto, iba desgranando aquella especie de rosario que los devotos llevan siempre consigo. Es un rosario con noventa y nueve granos, cuantos son los nombres de Alá (Dios): Omnipotente, Misericordioso, Justo... En los días de Semana Santa, en particular el Jueves, recordamos –entre otros eventos- la institución y figura del sacerdote. Se me ha ocurrido que podríamos desgranar también el “rosario” del sacerdote. Podríamos empezar con los siguientes. El sacerdote es (¡debe ser!): - Un hombre entre los hombres: - rico en humanidad, - testigo y modelo de madurez humana, - un amigo fiel (Sir 6, 14), - un confidente fiable, - una puerta siempre abierta, - cordial, - sencillo, - y, en la medida de lo posible, competente: uno que sabe lo que dice; - tierra de encuentro entre los hombres y mujeres, y entre ellos y Dios, - lugar en el que cada uno pueda encontrarse a sí mismo y encontrarse bien; - pero, tierra de paso, no meta final, no barrera o muro que impida seguir adelante, - camino que no conduce a sí mismo, sino a Dios y a los hermanos, - casa sin puerta, abierta de par en par, en la que todos los que lo deseen puedan entrar sin pedir permiso, puedan permanecer todo el tiempo que necesiten, sin ver que se les cierra la puerta detrás, y puedan irse sin excusarse ni pedir permiso; - expropiado de sí mismo en favor de los demás, comenzando por los más necesitados (Mt 25, 31-46), - como la fuente de la aldea, que ofrece su agua continuamente a todos, sin obligar a nadie a tomarla, ni pedir la documentación a quien se acerca; - como la gasolinera, siempre junto a la carretera, para servir a quien lo necesite y lo desee, - como Cristo, que dijo: “Al que venga a mi yo no lo echaré fuera” (Jn 6, 37). - Un cristiano entre cristianos: - “tomado de entre los hombres y constituido en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios” (He 5, 1); - tierra de encuentro entre Dios y los hombres y mujeres, - dispuesto siempre a construir o a rehacer puentes entre el Padre y sus hijos, entre hijo e hijo; - uno que cree en la vida, en la esperanza y en el amor, y que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Rom 5, 20); - a pesar de sus límites, un sosia de Cristo, un tesoro en vasija de barro (2Cor 4, 20). - Un hermano para los demás hermanos: - hombre del diálogo, - hombre de la Palabra de Dios: palabra de la Palabra, maestro y distribuidor a manos llenas de la Palabra; - ministro de los Sacramentos: instrumento y canal de redención en el Bautismo, animador incansable del compromiso cristiano en la Confirmación, fuente inagotable de comunión en la Eucaristía, padre de misericordia en la Reconciliación, consolador de los que sufren en la Unción de los Enfermos, testigo del amor humano-cristiano en el Matrimonio, creador de nuevos apóstoles en el Orden; - hombre para la comunidad, cuyos slogans deben ser: el de Juan Bautista: “Es preciso que Él (Cristo) crezca y yo disminuya” (Jn 3, 30), y el de María: “Haced lo que Él (Cristo) os diga” (Jn 2, 5); - Hombre de fe y oración, consciente de que su postura más eficaz es la de rodillas. - Hombre de Dios, a pesar de ser frágil y también pecador, perdonado y todavía siempre necesitado de perdón. - Convencido de que convence (¡!) más con su vida que con sus palabras. A todos estos nombres (¡que ya son tantos!), añadiría los de un autor anónimo medieval de Salisburgo, que escribía: “Un sacerdote tiene que ser, al mismo tiempo, pequeño y grande, de espíritu noble, como si fuera de sangre real, sencillo y natural, como si fuera de cepo campesino, un héroe en la conquista de sí mismo, un hombre que ha combatido con Dios, un manantial de santificación, un pecador al que Dios ha perdonado, soberano de sus deseos, un servidor para los tímidos y los débiles, que no se apoca ante los poderosos, pero se curva ante los pobres, discípulo de su Señor, cabeza de la grey, un mendigo de manos ampliamente abiertas, un portador de innumerables dones, hombre en el campo de batalla, una madre para confortar a los enfermos, con la sabiduría de la edad y la confianza de un niño, inclinado hacia el otro, con los pies en el suelo, hecho para la alegría, experto en el sufrir, lejano de toda envidia, previsor, que habla con franqueza, un amigo de la paz, enemigo de la inercia, fiel para siempre... ¡Muy diferente de mí!”. Y los otros nombres que le daba Pablo VI: “El sacerdote es: el artesano de la caridad, el abogado de los pobres, el consolador de los que sufren,el padre de las almas, el confidente, el consejero, el guía, el amigo de todos, el hombre para los demás, y, si hace falta, el héroe voluntario y silencioso. Otro Cristo”. Y podríamos acabar recomendándole las exhortaciones que se hallaban pintadas sobre la pared de Shishu Bhavan (la Casa de los Niños) en Calcuta; y que, si ya responde a cómo debe comportarse todo cristiano, razón de más el sacerdote: “El hombre se comporta a veces de manera irracional, ilógico, egocéntrico; no importa, ámalo. Si haces el bien, te atribuirán segundos fines egoístas; no importa, tú haz el bien. Si llevas a cabo tus objetivos, encontrarás falsos amigos e verdaderos enemigos; no importa, llévalos a cabo. El bien que hagas mañana lo olvidarán; no importa, haz el bien. La honestidad y la sinceridad te hacen vulnerable; no importa, sé franco y honesto. Lo que durante años has ido construyendo se puede destruir en un momento; no importa, construye. Si ayudas a la gente, se resentirá; no importa, ayúdala. Da al mundo lo mejor de ti mismo y te darán coces; no importa, da lo mejor de ti!”. ¡Ah!, y no olvide las palabras del poeta Jan Tandowsky: “Apresuraos a amar a la gente, porque se van muy pronto”. Total, al menos un centenar de nombres. No es poco. ¡Menuda tarea le espera! Pero, ¡qué grande misión! ¡Menos mal que puede contar con la oración, el estímulo y el afecto de sus hermanos de fe! Por lo demás, ésta fue la misión de su Maestro y Señor, Cristo. Y ya sabemos cómo acabó: tuvo que pasar por el Jueves de la intimidad y la traición, el Viernes del abandono, la pasión y muerte, el Sábado del silencio y la soledad..., pero acabó en el Domingo de la Resurrección y la Vida para siempre. Buona Pasqua!
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

Nancy Nancy
el 13/6/13
si una buena idea
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