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EL CAMINO DE LA FAMILIA

Carmen Pascual -
¡Hola amigos! He sido invitada para participar en esta ventana de Internet y he elegido un tema que a mí me resulta apasionante; espero poder aportar algo que interese, puesto que me considero una persona experimentada en vivencias de familia; ya entenderéis que el tema es: \"La Familia\". Lo considero interesante porque la experiencia me ha enseñado que, para vivir en familia hay que involucrarse con una gran responsabilidad, estar abiertos siempre a la alegría y al optimismo, a pesar de que hay que tomárselo con mucha seriedad (parece una contradicción pero os aseguro que no es así). Como no quiero resultar pesada, y el tema da para mucho, voy a limitarme a dar unas primeras pautas que luego nos puedan llevar a las oportunas reflexiones. Estaréis de acuerdo conmigo en que, salvo en algunas ocasiones que por desgracia siempre existen, lo primero que conocemos cuando venimos al mundo es la familia. Nos encontramos con unos padres que nos reciben con enorme alegría, unos abuelos, y algunos otros familiares; en aquel momento nos convertimos en el eje de la familia; somos lo más importante, lo más mimado y lo más admirado. Le vamos cogiendo el gusto a esto y cuando pasan unos añitos, vemos con poco agrado, que aquello empieza a cambiar por algunas reprimendas y manipulaciones; empezamos a sentirnos un poco incómodos. Siguen pasando los años y esto último va en aumento: la cosa se va poniendo fea para nosotros porque nuestra voluntad se siente acosada. En este primer periodo que he relatado, existe otro extremo que también se da. A partir de esos primeros añitos transcurridos, y dado que en la actualidad la mayoría de los padres se encuentran excesivamente ocupados, por una circunstancia o por otra, sentimos que nos siguen rodeando los halagos y los mimos, con lo cual, nuestro ego va en aumento. Nos sentimos como pez en el agua. En el primer caso expuesto, una vez llegada la adolescencia, nos sentimos casi maniatados; todo lo que a nosotros nos apetece, nos lo prohiben, imponiéndonos cosas que a nosotros no nos gustan. Nos da la impresión de que el lenguaje de los adultos es muy distinto al nuestro y esto, unas veces nos incomoda y otras nos produce risa; la verdad es que nos da la impresión de que ellos no nos entienden y optamos por pasar de sus reprimendas y de las recomendaciones que nos hacen. Empezamos a vivir nuestra vida contra viento y marea. La familia se tambalea. En el segundo caso, dadas las muchas ocupaciones de los mayores, conseguimos hacer lo que nos apetece, aunque la verdad es que muchas veces nos aburrimos. Conocemos tan poco de la vida que, en el fondo desconocemos qué es lo mejor que podemos hacer. Tenemos que dar rienda suelta a nuestra fantasía rodeados de caprichos. Llegamos a la pubertad y la cosa se complica. En el colegio o en el instituto aprendemos cosas dispares por parte de los profesores y de los compañeros. A veces nos sentimos mal porque no sabemos que hacer; echamos de menos un ser querido de nuestra familia que nos aclare esa madeja de dudas que ronda por nuestra cabeza. Nos sentimos incómodos y muchas veces tristes. ¿Qué hacer? Optamos por lo más fácil: hacer caso a aquellos compañeros que nos proponen cosas divertidas y, como no nos falta dinero en el bolsillo, empezamos a sentir deseos de pasárnoslo bien, a costa de lo que sea. Cuanto menos tiempo para pensar en nuestra soledad interior, mejor. Empiezan a llegar a los oídos de nuestra familia las consecuencias de las diversiones fáciles, a veces con resultados dramáticos. La familia se tambalea. ¿Cuál podría ser nuestra reflexión en este primer periodo expuesto? Como veis, he señalado dos extremos muy comunes, por cuyos caminos no parece fácil conseguir formar una familia unida y que pueda reflejar unos valores fundamentales con los cuales se pueda conseguir una sociedad, seguramente como a todos nos gustaría. Estaréis de acuerdo conmigo en que los caminos del centro suelen ser los más acertados. Para conseguirlo, lo primero que tiene que hacer un matrimonio, aprovechándose de su enamoramiento, es sacar conclusiones serias y poner cada uno un poco de su parte para poder ir caminando siempre por el centro. Y sobre todo no olvidarse nunca del equipaje que necesitan para un trayecto largo y de mucha responsabilidad. Importantísimos el Amor y el Respeto Hoy en día oímos con mucha frecuencia, por desgracia, que los matrimonios fracasan porque se terminó el Amor; yo creo que esto ocurre porque tenemos un concepto equivocado del sentimiento de Amar. Se piensa que se está muy enamorado porque se es capaz de darse mutuamente un sin fin de caprichos y placeres; y claro, cuando esto se acaba, decimos que se terminó el Amor. El sentimiento del Amor es algo muy sublime que necesita como veis escribirse con mayúscula. Hay un texto precioso que San Pablo escribió a la Comunidad de Corinto que escribiré a continuación. Yo os aseguro que, si nos lo aprendemos bien, es la mejor lección para conseguir formar una familia con total éxito: \"El Amor es paciente, es servicial; no es envidioso, no se pavonea, no se engríe. El Amor no ofende, no busca el propio interés, no se irrita, no toma en cuenta el mal. El Amor no se alegra de la injusticia, pero se alegra de la verdad. Todo lo excusa, lo cree todo, todo lo espera, todo lo tolera.\" No quiero decir con esto, que el camino que hay que recorrer en familia se convierta por arte de magia en un camino de rosas. ¡No! El camino será a veces duro, cansado, tierno, feliz; un continuo compartir, satisfacciones, desilusiones, tristezas, alegrías, diversiones, celebraciones, pérdidas, encuentros, problemas, sorpresas.... Y después de haber sido capaces de pasar por todo esto en un continuo abrazo de Amor con nuestra familia, os aseguro que sentiréis la dicha inmensa de haber realizado la más bonita obra que nunca hubiéramos sospechado. Y si me preguntáis ¿Qué se siente? Os aseguro que mucha paz y muchas satisfacciones. ¡Merece la pena sin duda alguna!, pero también reconozco que hay que tener vocación.
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