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¿Duermes?

Francisco Carín García, cmf -
    Desde hace 13 años para mí la Navidad no traía consigo la noción de frío, abrigos,  hielo en las calles, posibilidad de cumbres blancas, camas frías y vaho en los cristales. Navidad no bajaba de los 15 grados, y a veces llegaba a los 25. Así es la climatología navideña en Taiwán. Sin embargo este verano, aún sin del todo quererlo, las cosas cambiaron. De Taipei he saltado a Beijing (Pekín) y experimento el cambio climático (en este caso bastante natural). Ahora se parece más a España (¿todavía mi tierra?). Los inviernos son largos y fríos, los veranos largos y calurosos; otoño y primavera dos sombras que no terminan de verse más que en los árboles que ya se sonrojan, ya verdean.

    Hace sol, pero el ambiente esta frío, bajo cero. Primera navidad en China. Unas pocas figuras de Papa Noel adornar algún que otro escaparate… No hay luces de adorno, excepto por algunos comercios que también esperan sacar algo en “plata” del espíritu navideño. Aquí es una fiesta poco arraigada, tan poco que aún está sin comercializar… Sin embargo la curiosidad si existe. La gente durante estas fechas tiene interés por acercarse a alguna “fiesta navideña” o cuando les invitas a cenar ese día a casa se sienten desconcertados ¿Qué hay que hacer? ¿Hay que llevar algo? ¿Hay que ir vestido de una manera especial?... nada, nada, tú tranquilo, solo tienes que venir tú, tú eres el mejor regalo.

    Este año no tenemos belén, todavía no lo hemos comprado, y no es fácil comprarlo por aquí (a precio asequible, bonito o ambos al tiempo si es posible), ni siquiera las luces aunque salgan como churros de las cercanas fábricas de Shenzhen, Cantón y Shangai. Veremos que podemos hacer… igual Ikea tiene, pero no es plan de comprar un belén multinacional… si es que todavía hay alguno que no lo sea. Pero algo habrá que hacer y si no queda más remedio unas lucecitas amontonadas bajo el título “deconstructing Christmas” pueden ayudar a dar el toque kitsch al hogar.

    El 24 por la noche, tras la cena, nos acercaremos a la iglesia del seminario de Beijing que no anda muy lejos de casa. Allí celebraremos con emoción el nacimiento de Jesús en la Misa del Gallo a las 11:30… y el 25 –lunes- hay que ir a trabajar, no te creas. Me imagino que va a ser una celebración muy emocionante. Mientras que en otros sitios donde he estado los cristianos celebran estas fiestas con absoluta libertad aunque sean pocos, aquí aunque son pocos la libertad no es completa. Fuera del templo pocas son las celebraciones o expresiones religiosas permitidas. Aún así, dentro podremos remediar esa escasez de libertad con enardecido celo. La historia se parecerá más al original, y cuando veamos en unas pocas semanas a José y María salir con el recién nacido niño hacia Egipto, debido a cierta alevosía monárquica, entenderemos aún más claro aquello de que el discípulo no es más que el maestro, e igual que Jesús vivió en el exilio, nuestra fe a veces también tiene que exiliarse para sobrevivir aquí… pero es ese exilio lo que la dota de hondura y fortaleza.

    En el frío invierno, los árboles no estan muertos, no creas, ni siquiera dormidos, no. Están esperando. Sumidos en profunda meditación como un monje zen, aguardan los primeros calores de la primavera; entonces la vida contenida explota sin rubor y sin temor… así está nuestra fe, en estado de profunda concentración, estática pero sin dejar de escudriñar el horizonte desde donde esperamos, muda pero sin dejar de susurrar… Maran-atha, ven pronto Señor Jesús.

 “Sé lo que vales; he abierto ante ti una puerta que nadie podrá cerrar, pues por pocas que sean tus fuerzas, has guardado mi palabra y no has renegado de mí”. Ap. 3, 8.
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