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Domingo de la Cuarta Semana de Cuaresma (3 - Abril - 2011)

Angel Moreno -

 

(1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13ª; Sal 22; Ef 5, 8-14; Jn 9, 1-41)

Texto para meditar

“Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego? Jesús contestó: -Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo. Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo: -Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado). El fue, se lavó, y volvió con vista.”

Reflexión

La nueva Humanidad, nacida por la Encarnación del Verbo, acrisolada en el combate contra el Malo en las tentaciones sufridas y vencidas en el desierto; transfigurada y proclamada en el Hijo amado de Dios; con sed de amor por la humanidad, no es posible reconocerla ni acogerla sin la fe. Los que sólo ven con los ojos de la ley, de la moral, de la tradición, se quedan sin percibir quién es en verdad Jesús, la luz del mundo. Lo confundirán con un político, un revolucionario, insumiso, desestabilizador del orden, a pesar de tenerlo delante. Sólo a aquel que recibe el don de la fe, se le abren los ojos y confiesa la divinidad de Jesús, lo reconoce y adora, postrándose a sus pies. 

De nuevo la mediación del agua en la catequesis dominical nos trae la evocación del bautismo, sacramento en el que se recibe el don de la fe y la filiación divina, por adopción. En la noche de Pascua seremos invitados a profesar nuestra fe en Cristo, al igual que el ciego, después de haber recibido el don de ver.

El pasaje evangélico deshace el mito por el que se interpretaba como castigo divino toda limitación física. Y así lo proclama Jesús, cuando afirma ante la pregunta de los fariseos sobre la razón de la ceguera: “Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios”, respuesta que libera y ensancha el horizonte.

Oración

La oración es la respiración de la fe. Tanto creo cuanto rezo. Hoy se nos brinda la ocasión de profesar la fe en Jesucristo como mejor expresión orante: -“¿Crees tú en el Hijo del hombre? El contestó: -¿Y quién es, Señor, para que crea en él? Jesús le dijo: -Lo estás viendo: el que te está hablando ese es. El dijo: -Creo, Señor. Y se postró ante él”.

Propuesta

“En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz, (toda bondad, justicia y verdad son fruto de la luz) buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien poniéndolas en evidencia”.

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