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DOMINGO 8 de octubre 2006 - XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

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DESDE LA POLÍTICA
(hombre, casado, trabaja, milita en partido político, concejal electo, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)
No recibido.

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. La madre y madrina de un amigo que se casó hace unos días, nos contaba que estaba emocionada y muy feliz, pero que era inevitable sentir cierta nostalgia: ese día de la boda había sido el último en el que su hijo le dió los buenos días en su casa. A partir de ahora, iba a despertarse al lado de su reciente esposa y era a ella a la que iba a saludar. Supongo que a todas las madres y padres que acompañan a sus hijos hasta el altar, deben sentir algo parecido. Es ley de vida, dicen algunos. Nosotros también hemos recordado el primer día, después de la luna de miel, cuando definitivamente abandonas la casa de tus padres, en la que has vivido tantos años, en las que te quedan tantos recuerdos, para ir a un lugar, que probablemente esté vacío de muchas cosas (recuerdo cenar en el suelo del salón de nuestra casa, o comer frío, porque la cocina aún no había llegado), pero por otro lado, qué maravilloso comienzo, como un libro vacío en el que empiezas a escribir tu historia, empiezas a llenar de vivencias tu nueva familia, crear tu nuevo hogar, es algo que en su día hicieron nuestros padres, que nosotros hicimos hace algunos años y que todos los nuevos esposos harán. Abandonamos una vida, para comenzar otra mejor, al menos, esto es lo que nosotros sentimos.

DESDE EL TERCER MUNDO
(hombre soltero y matrimonio compartiendo casa, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a distintas comunidades cristianas)
No recibido.

DESDE LA CARCEL
(grupo de presos, coordinado por voluntaria de equipo de pastoral, casada, con dos hijos, jubilada, pertenece a grupo cristiano)
El Evangelio del domingo, nos propone a los creyentes cuál debe ser el ideal del matrimonio, teniendo en cuenta la fragilidad y la debilidad humana.- En la cárcel, también se percibe que los presos no están exentos de esta fragilidad y debilidad, acentuada por la situación personal que vive la pareja, llevándoles a rupturas, resquebrajamientos e infidelidades, al tener que vivir la separación física de ambos.- La catequesis de esta semana en el contexto de la prisión, nos lleva a ofertar otro estilo de matrimonio diferente al que se fomenta en la sociedad actual, pues el matrimonio que nos presenta el Evangelio, debe estar cimentado, según la intención del Creador, en el amor y la fidelidad, ya que este estilo de matrimonio nos debe llevar siempre, desde la libertad de los hijos de Dios, al encuentro del uno con el otro, a dar y compartir amor, sin esperar nada a cambio, pues se debe pasar de ser un “yo”, a cultivar y convertirse en un “nosotros”, para caminar en el amor mutuo.- En estos tiempos de infravaloración al matrimonio, nos hace falta el aliento de la Palabra de Dios, para que en los momentos de dificultades esté el Señor presente con su fuerza y con su aliento, pues necesitamos aprender a orientar la vida de manera digna, cultivando valores humanos y cristianos, perdonándonos mutuamente amando y siendo amados.

DESDE LOS ABUELOS
(matrimonio, jubilados, seis nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
LO QUE DIOS HA UNIDO QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE.
Parece mentira que, después de veinte siglos escuchando este mandato, estemos cada vez peor o así lo parece. Señor, qué falta hace que tu poderosa palabra cale en los hombres y mujeres, en estos tiempos de menosprecio del matrimonio. Muchos no soportan la mas mínima contrariedad o dificultad en su relación de pareja. Nada en este mundo es camino de rosas. La pareja hay que construirla con mucho amor y buenas dosis de comprensión, es el comienzo de una nueva vida, a la que hemos sido llamados, pero a la que nadie nos obliga, por lo tanto es sólo responsabilidad nuestra. Debemos prepararnos para ello y dicha preparación comporta el renunciar a actividades, actos y comportamientos propios de la soltería. El acoplamiento necesita del “cepillo” y, a veces, hasta de la “garlopa” además de mucha comunicación de la pareja. Qué tiempos tan duros les ha tocado vivir a los jóvenes de hoy y aún se presumen más difíciles para nuestros nietos, recibiendo una educación en el hogar sobre unos determinados valores y en la enseñanza y medios de comunicación otra distinta, cuando no contraria. La presencia de Dios es una constante en nuestro matrimonio y diariamente le pedimos que nos ayude a dar ejemplo de amor, unidad y comprensión a nuestros hijos casados. Si lo conseguimos, habremos logrado que nuestros nietos vivan en un hogar feliz, en el que se sientan acogidos y queridos, tal como indica Jesús al final de la lectura de hoy, reconviniendo a sus discípulos. Que Dios nos ayude a progresar en nuestra fe y en nuestra relación de pareja, para que seamos espejos de vida para nuestros hijos y nuestros queridos nietos. Feliz semana.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cuatro hijos y esperando otro, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Es cierto que en nuestra pareja cada uno viene de su padre y de su madre, pero a base de compartirlo casi todo, vamos creando una manera de actuar, que se pone a prueba ante las habilidades negociadoras de nuestros hijos. Cuando no consiguen algo de su madre, van y lo intentan con su padre, a ver si les pone menos pegas, o viceversa. Y ahí surge nuestro reto de estar compenetrados entre nosotros dos en nuestra relación con ellos, para que perciban coherencia, seguridad y amor. Como dice el Evangelio, “los dos serán una sola carne”. Por otra parte, tratamos de educarles en igualdad de oportunidades, sin crear limitaciones entre niños y niñas.

DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, con una hija, enferma de cáncer, dejó de trabajar)
“… el que no acepte el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Muchos piensan que el Reino de Dios, es algo lejano que llegará algún día, y en el que entraremos cuando hayamos muerto. Yo creo firmemente que el Reino de Dios empieza en la tierra. Pero para ver lo que ello representa tenemos que tener la mirada de un niño: limpia, sin malicia, confiada, que busca el amor, el contacto físico. Yo he podido “sentir” trocitos del Reino en los sitios mas insospechados. En la sala de quimioterapia del hospital, en la sonrisa de una enfermera que te trata con un cariño poco habitual, en la felicidad de unos niños a los que el mundo les ha dado de lado y buscan atención y cariño, en las personas que Dios pone en tu camino para ayudarte en los momentos bajos,… y tantos más. El Reino se puede ver aquí en la tierra, pero con los ojos del corazón.

DESDE LOS TRANSEÚNTES
(hombre, CASADO, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
Este comentario es mensual.

DESDE EL TRABAJO
(hombre, casado, sin hijos, empleado de empresa; el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)
Me resulta complicado pensar en términos tan duros como divorcio aplicándolo a las relaciones que establezco con las personas con las que trabajo porque esta ruptura puede darse cuando dos personas han estado muy unidas, y yo no tengo este tipo de relación con ninguna persona en mi trabajo.
Afortunadamente el ambiente en mi trabajo es bastante bueno y yo me esfuerzo en mantener una buena relación con todos, y con los que trabajo codo con codo me esfuerzo además por tener una buena relación laboral, pero no pongo interés en crear un vínculo de una buena amistad, de sentir al otro como alguien querido.
Con esta lectura Jesús me dice que no es suficiente esto, que tengo que poner más empeño en sentir a mis compañeros como hermanos.

DESDE LA ECONOMÍA GLOBALIZADA
(hombre, casado, con dos hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
"Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre". Dios ha unido en un destino común de redención a todos los hombres gracias a Cristo crucificado y resucitado. En nuestras manos está el continuar y hacer presente esta redención copiosa de Cristo. O por el contrario podemos impedir que se haga presente con nuestra forma de obrar. Concretamente y a nivel global, los grandes actores económicos (G-8, FMI, BM, OMC, Foro de Davos, etc) se empeñan en separar el destino de los hombres cada vez más: unos se pudren en la abundancia y otros sobreviven, malviven o mueren por la escasez. Y Dios quiere que todos "seamos una sola carne" que tengamos un destino común de fraternidad. Está claro que debemos empujar y luchar para que todas esas instituciones y paises trabajen por crear un destino común de vida digna y plenamente humana para todos. Hay organizaciones que lo hacen: unámonos a ellas o ofrezcamos nuestra colaboración o presencia en sus reivindicaciones. Y gestionemos la economía doméstica (donde comprar, donde ahorrar, donde ayudar...) de forma que sea transformadora de la realidad.

Para rezar:
(hombre, casado, trabaja, con un hijo)
Descubrir la presencia de Dios en la persona con la que compartimos la vida.
Sentir que somos uno, o que somos tres, dejar que el Padre intervenga,
Que tenga sitio… Contemplarnos limitados, sencillos, auténticos y en manos de Dios.
Vivir la gracia de amar y ser amado como vocación, como experiencia de fe.
Que el Espíritu encarne este mensaje en cada casa, en cada familia…
Y que la imagen de María inspire valores de unidad y de compromiso sin fisuras.


Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 2-16

Se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer".
El les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés'". Contestaron: "Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio".
Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una solo carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre".
En casa los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. El les dijo:"Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio". Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y le dijo:" Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis, de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él". Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor
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