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DOMINGO 27 de Mayo 2007 PENTECOSTES ( CICLO C )

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Lee el Evangelio de este domingo
Elige el comentario que quieres leer: Matrimonio y familia, Educación de los hijos, Abuelos, Trabajo, Economía globalizada, Tercer mundo, Transeúntes.

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LOS ABUELOS
(matrimonio, jubilados, siete nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
Señor, al mostrar las manos y el costado a tus discípulos, les quisiste decir que eras el mismo Jesús, que padeciste y ahora estás vivo para siempre en medio de ellos. Comenzaste por darles la Paz. Ya sabemos que es más que una fórmula judía de saludo. El miedo desaparece y se transforma en alegría al verte, de nuevo, entre ellos.
En la última cena les hablaste del “envío”, los discípulos entran a participar en la misión del Hijo, enviado por el Padre y para ello cuentan con la asistencia del Espíritu Santo.
Das a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, así como a sus sucesores en el ministerio sacerdotal.
Gracias por el envío de tu Espíritu, derrámalo, abundantemente, sobre nuestros nietos y sobre toda la juventud del mundo, que se debate en incertidumbres de todo tipo, por la carencia de valores, no solamente Cristianos, sino éticos y morales. Derrámalo, igualmente, sobre todos los adultos de buena voluntad, para que nuestro ejemplo de vida les pueda servir de referencia a ellos y a todos los alejados de tus enseñanzas, pues la vida eterna está en el conocimiento del Padre y del Hijo y ese conocimiento es un don que nos viene por el Espíritu.
Que no participen en el olvido, cuando no rechazo, que está sufriendo el Sacramento de la confesión a través del sacerdote, que estamos viviendo hace ya algunos años. Que la experimenten como consuelo y alivio en sus futuras vidas y la sientan como ayuda de tu Espíritu.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Durante estos domingos de Pascua, en la misa de familia de nuestra parroquia han ido repartiendo semillas de cereales y legumbres, que simbolizaban los dones del Espíritu, y que los niños plantaban en una maceta para finalmente llevarlas el domingo de Pentecostés.
Las semillas han cumplido su misión. Como dones del Espíritu Santo, unas han salido rápidamente y otras han tardado más en brotar; unas se han enredado y otras se han podrido al tiempo; algunas siguen creciendo y gozan de “buena salud”.
Así es con la diversidad de dones, con unos nos esforzaremos, otros apenas crecerán, y otros, si dejamos actuar al Espíritu Santo, brotarán, crecerán y darán fruto.
Y esto los niños de forma gráfica lo entienden muy bien.

DESDE LOS TRANSEÚNTES
(hombre, recién casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
Solo o en comunidad me preparo para el encuentro, dejo a un lado las preocupaciones, los quehaceres, el bullicio y, no sin dificultad, trato de escuchar en el silencio. A continuación, una mezcla de agradables sensaciones son el preámbulo del encuentro íntimo con Jesús en la oración. Y es ahí, en esa vivencia única, inefable y no siempre alcanzable, cuando vivo mi particular y cotidiano Pentecostés. De una parte, porque creo que ese remanso de paz es prueba irrefutable del encuentro con Dios, y de otra, porque un “yo” habitualmente conformista y adormecido, deja a un lado sus habituales ocupaciones y se siente enviado a cambiar muchas de las cosas y situaciones que le rodean. Por desgracia son múltiples las realidades que necesitan de al menos mi oración, pero si renegara de las personas que viven en la calle o en la indigencia, estaría negando la evidencia de la llamada que me hace el mismísimo Espíritu. Cierto es que en ellos he encontrado mucho sufrimiento, más del que podía pensar en un principio, pero por paradójico que pueda parecer, también en ellos he encontrado mi vocación y mi felicidad.

DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos empleados de empresa; pertenecen a comunidad cristiana)
Es frecuente que mi empresa contrate a gente joven que está terminando la carrera o que la acaba de terminar, gente que aún no ha trabajado nunca y que en la mayoría de los casos no tiene los conocimientos que necesita, porque en la carrera apenas dan formación útil para la vida laboral. Así entré yo en la empresa y hubo gente que se encargó de darme trabajo y ayudarme a que aprendiera. Ahora soy yo el que tiene que realizar la misión de enseñar a otros, tanto, el cómo desenvolverse en la empresa como a nivel del trabajo diario. Y es algo difícil porque cada uno es de una manera de ser, hay quien está más preparado y quien menos, quien aprende más rápido o más lento, quien tiene más o menos interés,... y luego está el hecho de que yo tengo que seguir con mi trabajo habitual. Así que este Evangelio me viene "al pelo". Porque Jesús me enseña sus heridas para que sepa que es Él, y me envía a los demás. Ahora me toca dar lo mejor de mí a estas personas que acaban de incorporarse a la empresa, tener paciencia y saber comprenderlos, y "enseñarles" las pequeñas cicatrices que se me hayan podido formar en mi vida laboral para que ellos aprendan y no cometan los mismos errores que yo.
Jesús me ha enviado y me dice que su Espíritu Santo está conmigo.

DESDE LA ECONOMÍA GLOBALIZADA
(hombre, casado, con dos hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)
En muchas ocasiones los cristianos estamos "llenos de miedo" y desesperanzados por tanta miseria e injusticia en el mundo. Sin embargo Jesús irrumpe en nosotros y nos envia provistos de su Espíritu. Es así como todo en Él se hace nuevo: La economía ya no tendrá un fin lucrativo, su fin será la transformación social.
Todos los involucrados en alguna actividad económica (trabajadores, ahorradores, consumidores, clientes, proveedores, socios, empresarios...) tendrán su mirada fija en la rentabilidad social y no en la económica (que sólo es un medio)
Las relaciones entre ellos serán, por tanto, de cooperación y nunca de competitividad.
Estas son las obras que ya están siendo realizadas por el Espíritu: ¿nos mueve también a nosotros ese Espíritu?

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Cuál es el aliento de nuestra vida, cuál la brisa fresca de nuestro amor, cuál el resuello en nuestros momentos grises. Cuál el soplo que nos llena de vida, cuál la alegría que se nos dibuja en la cara cuando nos miramos, cuál la respiración entrecortada de la pasión, cuál el rubor del corazón cuando se emociona. El Espíritu, que enchufa, que une, da energía, fuerza, para todo... Es un pegamento invisible, es el primer interesado en que sigamos unidos, casados, amados. Sin darnos cuenta nos envuelve, hace más intensos nuestros momentos y nos llena de serenidad. El amor viene de Dios y su Espíritu, que vive con nosotros, nos inspira. Felicidades a todos los matrimonios, porque en el sacramento, el Espíritu nos fue dado, nos fue “impuesto”, nos hace símbolos del amor de Dios y en Pentecostés, nos envía a cuidarnos, a perdonarnos, a amarnos …

DESDE EL TERCER MUNDO
(hombre soltero y matrimonio compartiendo casa, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a distintas comunidades cristianas)
“En medio de tanto dolor, tanto sufrimiento y tanta desesperación, sobre todo de las madres de los niños a los que atendemos aquí; no es fácil ser transmisor de paz, como lo es nuestro Dios. No es fácil muchas veces tener las palabras oportunas para hacer llegar esa paz y ante todo hacer sentirse a la gente, las madres y los niños, en paz consigo mismos y con los que les rodean, que puede ser una manera de entender el perdón de los pecados.
Por todo esto se hace tan necesario que Jesús siga entrando en nuestra casa - nuestro Hogar, aunque a veces las puertas estén cerradas; y que una vez dentro, nos llene de su paz y su Espíritu, así podremos ver a los ojos y el corazón de la gente que viene a la puerta, o que ya tenemos en el Centro y llenarles de Paz, amor, perdón y misericordia; cosas tan necesitadas aquí, entre nuestra gente”


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-23

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."
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