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DOMINGO 24 de julio 2005, XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

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\'\'DESDE LA POLÍTICA (por hombre, casado, trabaja, milita en partido, concejal electo) Complicadillo este Evangelio del Domingo: ¿Cómo puede ser que Dios escoja?. Creo que la cuestión está en que un domingo tras otro, un día tras otro, el Señor nos está diciendo que nos tenemos que \"poner las pilas\" y que por el camino que vamos no vamos a ningún sitio, de ahí que al final nos diga que luego no valen los arrepentimientos y el rechinar de dientes. En política se hacen muchas cosas por impulsos, es decir, ahora se me ocurre y lo hago, sin pensar en las consecuencias que pueda tener, pero luego…. Llega la opinión publica y queremos dar marcha atrás, pero ya es tarde. Las cosas debemos hacerlas en su justa medida y en su momento apropiado, pero también os digo, que si esto lo hiciésemos los políticos, no seriamos políticos, seria, como decía el otro (Hermanitas de la Caridad). Un político tiene que tener un poco de mano izquierda y ello creo que no va contra el Evangelio ¿o acaso el Señor no usa mano izquierda?. DESDE LA VIDA MATRIMONIAL (hombre, casado, trabaja, espera un hijo) Esta lectura evangélica sin duda nos invita a cuestionarnos sobre aquello que verdaderamente tiene valor e importancia en nuestras vidas; aquello por lo que estaríamos dispuestos a luchar, a sacrificarnos, a renunciar, a entregarnos... Y en este contexto descubrimos que nuestra vida se llena de cosas, de afanes, de objetivos, de necesidades muchas veces inventadas; pero lo que realmente nos satisface en plenitud, nos sacia y completa, es compartir sentimientos, circunstancias, momentos... con la persona amada. Y en ese amor, en esa vida común, sin pretensiones, más allá de ser el uno para el otro, más allá de construir una familia, más allá de afrontar la vida juntos, y crecer y avanzar como pareja; descubrimos, el \"tesoro\", la \"perla\", el regalo de Dios en nuestras vidas; y tenemos claro que esa es nuestra apuesta, nuestra plenitud, y el auténtico sentido de lo que hacemos. Este descubrimiento nos sitúa ante nosotros mismos y nos contemplamos materialistas, consumistas, atraídos por muchas inercias de nuestro tiempo, que nos empujan y a veces nos distraen de la esencia de querernos, de cuidarnos, y de darnos el uno al otro, que es nuestra felicidad y nuestro don a compartir y testimoniar, como signo de la presencia de Dios. Y de aquí parte un compromiso firme por revisar nuestros valores, y mimar nuestros sentimientos. DESDE EL MUNDO LABORAL ( mujer, casada, madre dos niños, trabaja) Conozco a una persona de treinta y tantos largos que está buscando un trabajo, ella piensa que a estas alturas de su vida, no puede exigir nada, sino coger cualquier cosa que le propongan. Tiene un trabajo a la vista, el otro día hizo la entrevista personal y está esperando a ver si la contratan. Este trabajo es para ella una perla fina y es capaz de hacer cualquier cosa por conseguirlo, es posible que no gane mucho, el centro de trabajo está lejos de su domicilio y tendrá que levantarse temprano para llegar a él, son muchas horas de trabajo, pero da igual, como digo, lo acogerá llena de alegría. Seguro que conocemos muchos casos de personas que \"venden\" todo y hacen todo lo posible por conseguir aquello que realmente desean, hay quienes se pasan años y años estudiando y preparándose para el futuro. Hay quienes no les importa el salario que van a cobrar si el empleo es lo que les gusta y lo que les llena afectivamente. Si encuentras esta perla fina, quizás tu mismo, abandones todo para encontrarla. Ojalá este mismo afán lo tuviéramos para las cosas de Dios. DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS ( por matrimonios jóvenes, con hijos, pertenecientes a comunidad seglar) No recibido. DESDE EL DOLOR (mujer joven, su marido falleció al año de casados, trabaja) Toda una invitación, con carta personalizada, la de JESUS, para seguirle…y como motivación…El Reino de Dios…. Es toda una \"Fiesta\"…que no se puede rechazar…a la que hay que ir…¡¡¡¡¡ Como \"traje\"…una actitud de conversión, de trabajo continuo, de alegre esfuerzo… Como \"regalo\"… orientar mi vida… llevar mi sufrimiento… en un \"nuevo clima\"…. de esperanza… amor… … de DIOS. DESDE LA EXCLUSIÓN: HOMOSEXUALIDAD ( hombre, soltero, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a grupo de oración de homosexuales) Me paro a pensar en el tesoro que cada uno de nosotros llevamos dentro. En la perla fina que poseemos. En nuestras redes interiores llenas de peces grandes y buenos. (Me llama la atención el sentido egoísta de las parábolas de hoy: descubrir un tesoro o encontrar una perla... reunir los peces buenos... parece que todo se hace con sigilo, no vaya a ser que alguien se nos adelante...). Pero vuelvo a mi vida, y me paro a pensar en lo tarde que descubrí (y acepté) mi tesoro, mi perla, mi red abarrotada de peces, fundamentalmente porque se me había hecho ver que nada de lo que yo era y sentía era bueno, válido, normal. Os aseguro que mi vida hoy no tendría ningún sentido si no es porque Jesucristo ilumina mis valores, mis esperanzas, mis alegrías (y también mis penas, mis tristezas, mis caídas)... en definitiva: mi tesoro, mi perla, mi red repleta de peces buenos. DESDE UNA ECONOMÍA SOLIDARIA (matrimonio, sin hijos, trabajan ambos) Sí, el Reino de Dios es un verdadero tesoro… el más preciado de los tesoros. Y el \"campo\" donde lo encontramos, ese que supone que deberíamos \"comprar\" y por ende cuidar, es nuestro mundo. Y sin embargo, que poca atención, que poco respeto le tenemos. Despilfarramos sin medida todos los buenos recursos que nos da… Por ejemplo, seguro que sin disminuir en nada nuestras comodidades podríamos gastar menos electricidad y agua (un truco curioso para esto último que escuchamos recientemente, meter una botella en la cisterna que disminuye su volumen de agua). Y todas las cosas que van a parar a nuestro cubo de la basura… son en si \"pequeños tesoros\" que se pueden reutilizar si las separamos convenientemente y las arrojamos al contenedor correspondiente. Sí, el mundo lo estamos convirtiendo en un auténtico estercolero. En el campo, en las calles de pueblos y ciudades y sobre todo en sus entornos se tira alegremente, a modo de papelera, toda clase de cosas. Puede que nosotros no formemos parte de este \"equipo de tiradores\"… pero si en nuestra casa encontráramos lo mismo en el suelo ¿no lo recogeríamos aunque no fuéramos los responsables directos?… Y el mundo ¿no es \"campo de nuestro tesoro\"? DESDE EL TERCER MUNDO ( mujer y hombre jóvenes, solteros, voluntarios de ONG en Marruecos, cada uno pertenece a una comunidad cristiana) No recibido. DESDE LA ENFERMEDAD (mujer, casada, con una hija, enferma de cáncer, dejó trabajo) \"El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces...\". Somos poseedores del mayor tesoro del mundo, de la perla más maravillosa y no nos damos cuenta, no valoramos lo que tenemos al alcance de nuestra mano lo suficiente como para \"darlo todo\" por tenerlo. Nos hacemos peces \"del montón\" a pesar de tener lo más valioso del mundo: la fe en el Amor de Dios. En el mundo en que vivimos lo importante es hacer lo que hace la mayoría, ser y vivir como la mayoría y no salirte de ahí para no sentirte desplazado. Pero... cuando algo en tu vida te hace \"a la fuerza\" salir de esa mayoría, es la fe en el Amor de Dios la que te hace ver lo realmente valioso. El tesoro de la familia que tienes junto a ti y a la que, a lo mejor, no has dedicado todo el tiempo que necesitaba, la perla de los amigos que tenías pero cuya amistad no valorabas en su justa medida, y ves con claridad que tú eres uno de los peces de la red pero que hay en ella una variedad inmensa, que Dios quiere y permite, y que es dentro de esas diferencias donde el Amor de Dios se siente y puede dar su fruto. EVANGELIO DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO (Año - A) 24 de julio de 2005 + Lectura del santo evangelio según san Mateo (13, 44-52) Vende todo lo que tiene y compra el campo. En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: -«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: -«Sí.» Él les dijo: -«Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
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