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DOMINGO 21 de Octubre de 2007 - XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO ( CICLO C )

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Lee el Evangelio de este domingo
Elige el comentario que quieres leer: Matrimonio y familia, Educación de los hijos, Trabajo, Economía, Enfermedad, Tercer mundo, Transeúntes, Social,
Reza con esta Oración a propósito del Evangelio.

EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: "Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.

En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario."

Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.""

Y el Señor añadió: "Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
Palabra del Señor

DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Cuando llevas un tiempo casados, o de relación de novios, cuando ya no te queda el traje de novia, o tienes que agenciarte otro de chaqueta, porque, igualmente, el de novio no te entra (aunque para algunos esto es sinónimo de felicidad), cuando afloran algunas canas, o con las cremas “milagro”, tratas de recomponer esa piel, flácida, eso sí, de tanto reir y disfrutar, o también de tanto llorar y sentir… (porque de todo vivimos en un matrimonio), cuando todo esto ocurre, parece que, aumenta la confianza entre los cónyuges y aparecen los:“qué plasta eres”, (con cariño, por supuesto); “chacho, chacha, deja de darme la lata” (siempre con mucho amor, desde luego); “ya sé que me lo dijiste ayer, pero es que…”. Bueno, en fin, muchas veces, hacemos las cosas para que no nos den más la lata, actuamos para que “no nos laven la cara”, en el matrimonio, con los amigos, a mi madre, para que deje de llamarme la atención, aquel favor a mi cuñado/a para que deje de mandarme mensajes por el móvil, etc... Qué generosidad, sin embargo, la de Dios, que responde a quienes le piden, a quienes imploran. Ojalá, sintamos la misma generosidad, el mismo amor, la misma pasión, haciendo justicia con aquellos que están a nuestro lado y hagamos aquello que les gusta de verdad, no porque nos dejen en paz, sino porque sabemos que les haremos felices.

DESDE EL TERCER MUNDO
(matrimonio con un hijo, voluntarios de ONG en país musulmán, trabajan en la misión, pertenecen a comunidad cristiana)
Parece difícil orar, encontrar el momento dentro de las trifulgas del día, tener constantemente a Dios presente en nuestras acciones. Pero en realidad, Jesús nos dice que de difícil no tiene nada, que sólo con pedirle al Padre, él nos dará. Que lo único que es necesario es una actitud atenta, dispuesta a compartir nuestra vida con Dios, que es Amor. Tendría que ser fácil para nosotros, que compartimos vida con otra cultura, otra religión, la musulmana, donde constantemente se recuerda a los creyentes que Dios es grande, y donde la gente no se cansa de pedirle a Dios y a todo aquél que les pueda ayudar. porque saben que un día u otro obtienen lo que desean.
Pero no solamente es la actitud atenta. Lo que nos dice Jesús es que, así como la viuda pide que se haga justicia, también nosotros tenemos que pedirlo. Y no sólo con nuestra oración, sino con nuestras acciones diarias. Allá donde vemos injusticia, tenemos que denunciarla y luchar contra ella. Y no perder nunca la esperanza de un mundo mejor. Para ello es necesario no ser impacientes. No somos nosotros quienes marcamos el ritmo, sino Dios. A nosotros nos toca pedir, actuar y esperar con una actitud de fe, sabiendo que Dios es el primer interesado en hacer justicia.
Pedimos a Dios fuerza para actuar con justicia con los demás, igual que lo haría Él con nosotros.

DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer,casada,con dos hijas, de baja laboral, enferma de cáncer)
Rezar, orar es animarse porque es hablar con Dios y Él siempre te escucha y te reconforta. Está comprobado, cuando estoy afligida, preocupada o incluso con dolores físicos, mis oraciones me devuelven la tranquilidad, la paz de espíritu,y también el bienestar físico. Compruébenlo, ¡La Fe funciona!

DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, espera tercer hijo, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana) 
La viuda puede representar la inmensa mayoría del mundo que está excluida, empobrecida (esta semana se dedica a la "erradicación de la pobreza"), sometida a miles de yugos. Jesús nos recuerda que el Padre "hará justicia a los que claman a él día y noche". Dicho de otro modo, Dios está de parte de los sufrientes del mundo, sufriendo con ellos y acompañandoles en sus luchas de liberación para que no desfallezcan. Por eso, todos ellos y todos nosotros debemos perseverar en la oración, pues sólo del dialogo amoroso con Él brota la fuerza, la certeza y la fe en que otro mundo, cuyo horizonte utopico es su Reino, será posible si todos empujamos y nos dejamos empujar por el Padre.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Cuando meditamos lecturas como ésta, nos damos cuenta que antes de la educación de los hijos está la de los padres (es decir, la nuestra). Los niños se dan cuenta de que con  la constancia hay una fuente de posibilidades aunque no seas muy apañado (en los deportes, en las artes plásticas, en los idiomas, en las nuevas tecnologías).  Si se es perseverante vas dando pasos. ¿Cómo no va a ser así con la oración? Quizás nos falte más confianza en nosotros mismos y en los demás.  Hay que educar en la confianza, mostrándola a nuestros hijos para que se sientan seguros, capaces, importantes, únicos, acompañados. Tener la confianza de que Dios siempre nos escucha y transmitírselo.

DESDE LOS TRANSEÚNTES
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
Al poco de entrar a colaborar con el equipo de transeúntes me dieron un consejo: “aunque te parezca que no hacemos nada, no te desanimes, nuestra labor es la de sembrar”. Quise entender entonces que las cosas habría que tomárselas con calma, pero que con trabajo y constancia todo iría saliendo. Sin embargo el tiempo fue pasando y empecé a comprender que el trabajo con las personas sin hogar sigue un ritmo diferente. Así por ejemplo, es habitual ver cómo personas a las que parece que se les reconduce su situación, en cuestión de días y por distintos avatares de la vida, todo se les desmorona y tienen que empezar de cero. Dicho así, sin ponerle nombre y apellidos, quizás no duela, pero cuando se trata de una persona a la que has acompañado durante muchas horas y de repente te cuentan que de nuevo la han visto durmiendo en la calle o que ha ingresado en prisión por una causa pendiente (o lo que sea), puedo asegurar que en un primer momento el desánimo te puede y sientes una tristeza profunda. Sin embargo, también puedo decir que han sido esos momentos los que me han permitido encontrar mucho consuelo en la oración. No viviéndola como bálsamo mágico, sino como un momento de encuentro con el Dios que tiene a esos hermanos como a sus preferidos. Los que formamos el equipo de transeúntes somos testigos de ello y esa es la razón por la que tratamos de vivir nuestro servicio con esperanza y desde la “or-acción”.


DESDE EL TRABAJO
(matrimonio, ambos  empleados de empresa;  pertenecen a comunidad cristiana)
En esta parábola Jesús presenta a una viuda insistente, constante, pesada diría el juez.
Conozco a gente así de "pesada". Ellos, después de mucho insistir consiguen su objetivo, como la viuda. Yo no soy así, cuando me parece que estoy siendo pesado dejo de insistir. Pero necesitaría ser pesado en algunas cosas.
Ahora, por ejemplo, el comité de empresa está promoviendo que nos informemos sobre las negociaciones que están teniendo lugar para firmar nuestro convenio colectivo, pero cuando lo comento con mis compañeros veo que casi nadie lee los comunicados, a casi nadie le importa el asunto, apenas es tema de conversación. En este punto trato de ser pesado para hacer del tema un punto importante entre las preocupaciones de mis compañeros.
 

DESDE LA ECONOMÍA
(mujer,casada, con cuatro hijos, trabaja en asesoría económica, pertenece a comunidad cristiana)
En nuestras familias, luchamos continuamente contra la sociedad de consumo que nos rodea, inculcamos a nuestros hijos un consumo responsable, que solo debemos comprar lo que se necesite, y no dejarse llevar por marcas de moda. Tratamos de enseñar, en sus diferentes edades, a que sean espléndidos y generosos con los desfavorecidos y necesitados, con sus propios ahorros. La mayoría de las veces nos sentimos minoría, en un mundo plagado de banalidades, de desenfrenos en consumos: viajes, comidas en los mejores restaurantes, celebraciones, compras de últimos modelos en cualquier aparatejo…No obstante, debemos perseverar en nuestro objetivo: la lucha por conseguir un mundo más justo, granito a granito, y con la confianza en que el señor no nos abandona jamás y que sale en nuestra ayuda.


PARA REZAR
(hombre, casado, trabaja, con un hijo)
Que rece, Señor, porque al rezar empiezo a pensar en ti y me olvido un poco de lo que debo ser para acercarme al que quiero ser.
Que ore, Padre, porque al orar comienzo a sentir que te llevo dentro, que algo se mueve en mí…
Que hable contigo, Padre, porque al hablar descubro que en realidad te estoy escuchando, y el corazón se me ablanda para ser más yo y algo menos ese otro que mira sin ver, u oye sin escuchar…
Que encuentre el silencio, o que me deje alcanzar por él…
Que deje atrás los ruidos, y todo aquello que no seas Tú…y mis necesidades…
Y entonces, que ore, con el corazón de un niño confiado, con la pasión de un verdadero necesitado, con la confianza de un hijo que se siente querido, escuchado, y esperado; con la fe de dirigirme a un Padre Bueno…
Y que diga Padre, y que me sienta hijo, que pida, que busque y que espere… porque Tú comprometes tu respuesta, porque Tú estás al otro lado de mis palabras, y añoras que yo esté al otro lado de las tuyas…
Que no me dé miedo gritar, insistir, pedir… y que persevere en la oración como el caminante que va a su destino…
Y si al final me cuestiono si yo estaré siendo justo contigo, con lo que quieres y esperas de mí… es que habré orado de verdad… sin reservas… es que habré estado contigo…
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