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DOMINGO 2 de abril de 2006 - V DOMINGO DE CUARESMA.

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Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ECONOMÍA DOMÉSTICA
(mujer, casada, con cuatro hijos, miembro de comunidad cristiana de matrimonios)
Con unas medidas tan impopulares, o tan poco de moda en la actualidad (morir, aborrecerse, ser servidor) Jesús nos quiere atraer hacia Él. Cuando llega fin de mes y estás desesperado por ver la nómina para pagar todos los recibos (hipoteca, agua, luz, teléfono, letra del coche, …) en lo menos que pienso es en ese servir que nos pide Jesús. Me vuelvo egoísta, avara y agarrada. La imaginación, en tiempos de escasez, hace que uno saque de donde no hay, incluso para inventar comida. Si que me gustaría traducir este tiempo de escasez de poner en práctica lo que nos anuncia el Evangelio, en que sea más fecunda en mi vida cristiana, aprovechando lo que sí hay: un Jesús que se eleva sobre la tierra para atraernos hacia Él. Ésa tiene que ser mi nómina.



DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, con una hija, enferma de cáncer, dejó de trabajar)

    "... si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto." Hay algunas personas que dicen que los cristianos somos gente triste que siempre hablamos de la muerte y sólo pensamos en el más allá, sin valorar lo que tenemos aquí en la tierra. ¡Qué error! Yo desde luego no lo siento así, es al contrario. Es la vida la que nos habla de muerte a todas horas, de la muerte humana, de enfermedad, de sufrimiento que voluntariamente infligimos a los demás por ambición, por egoísmo, por diversión, en definitiva por falta de amor. Sin embargo, a mí el amor de Dios no me da tristeza, me da esperanza, incluso el Jesús crucificado me da alegría, paz y fuerza, no pensando en la vida eterna después de la muerte, sino en la vida presente. En ese trocito de gloria y de cielo que podemos sentir en la tierra si dejamos atrás toda nuestra "muerte" de falta de amor y nos damos ... y olvidamos... Y así damos el fruto cristiano, el fruto positivo y alegre que se espera de nosotros. Difícil misión pero ... ¿imposible?.


DESDE LA EXCLUSIÓN SOCIAL: TRANSEÚNTES
(hombre, soltero, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

No recibido.


DESDE LA PERSPECTIVA LABORAL Y SINDICAL
(hombre, casado, sin hijos, empleado de empresa; el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

No recibido.


EN MEDIO DE OTRA CONFESIÓN
(hombre, casado, trabaja, se ha desplazado a otro país por motivos laborales)

No recibido.


DESDE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL
(hombre, casado, con dos hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana)

No recibido.


DESDE LA PERSPECTIVA POLÍTICA
(hombre, casado, trabaja, milita en partido político, concejal electo, pertenece a comunidad cristiana)

No recibido.


DESDE LA RELACIÓN DE PAREJA Y VIDA FAMILIAR
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

    Hay ocasiones en las que, sobre todo hoy, con este evangelio tan contundente, desde nuestra perspectiva no tenemos nada más y nada menos que ofrecer, sino pequeños relatos. Ante los grandes relatos que suponen dar la vida por los más necesitados, los preferidos del Señor, ante el gran relato de entregarse, en situaciones de dolor, pese a pedir al Señor que nunca nos haga pasar por situaciones de graves sufrimientos, ni a nosotros ni a los nuestros; ante los grandes relatos que la vida pública nos está ofreciendo y de los momentos históricos de los que formamos parte, para lograr la tan ansiada paz que siempre hemos pedido y deseado y luchado. Ante estos grandes relatos, nosotros sólo podemos ofrecer los pequeños relatos del día a día, tan simples y sencillos que parecen insignificantes. Pequeños relatos sobre el darse, el amarse, el entregarse el uno al otro, aguantándonos mutuamente, aguantando nuestra falta de compromiso con el otro, aguantando las salidas de tono por las malas rachas, justificarlas y perdonarlas. Relatos sobre echar una mano en el trabajo agobiante, encargarse de los niños para que el otro descanse, o para que el otro pueda realizar otras cosas. Pequeños relatos sobre dejar incluso hasta el trabajo, o el tiempo libre, para estar al lado de una madre enferma, o para limpiarle la casa, o para hacerle la compra. Pequeños relatos sobre cuidar de nuestro hijo que se vuelve a poner enfermo. De estos pequeños relatos se van llenando nuestra vida, nuestra familia, de estas sencillas formas de dar la vida. Por un momento pensamos que era tan simple, tan fácil, que no tenían importancia. Que siempre pensemos en lo mejor para el otro, para que nuestra familia glorifique siempre al Señor.



DESDE LA PERSPECTIVA DEL TERCER MUNDO
(hombre joven, soltero, voluntario de ONG en Marruecos, pertenece a una comunidad cristiana)

    "Esta semana resuena una idea del Evangelio: cómo no aceptar lo que nos viene de Dios. Si Jesús mismo lo hizo, y mira que lo que se le pedía a El si era fuerte y trascendente en su vida; cómo vamos nosotros, desde aquí, a rechazar lo que nos propone. Es cierto que a veces viene gente, madres, niños..... y nos plantean cosas y problemas bastante serios e importantes, en los que uno se pierde, no sabe que responder y por donde tirar. Pero no menos cierto es que tras un tiempo aquí, la experiencia demuestra que Dios coge nuestras debilidades y las hace cauce de su misericordia y vida. Nuestras pequeñas muertes las hace Vida, pues sin que nosotros nos lo imaginemos, El hace su trabajo. Así, que nuevamente debemos ponernos ante El, orar, escuchar-sentir su Palabra y desde ahí abrir la puerta del Hogar, sentarnos con los niños, las madres, los trabajadores del Centro y mostrarles esas luces del camino que llevan a la Vida".



DESDE LA VIVENCIA ECLESIAL
(hombre, casado, trabaja, con un hijo)

    Darse, renunciar a uno mismo, entregarse sin reservas… estos mensajes frente a una inercia que nos invita y anima a mirarnos el ombligo, a cuidarnos, a no complicarnos… Incluso en la vivencia eclesial, en nuestras comunidades y centros pastorales, suena paradójica este impulso de generosidad pura… Sí, porque tendemos a mirar hacia dentro, a preocuparnos por estar formados, por estar seguros de quienes somos, de lo que sabemos y creemos; buscamos la seguridad en el grupo, en el templo, en la lectura, en el conocimiento; pero de tal modo que se resiente nuestro darnos, nuestro entregarnos porque le ponemos condiciones y premisas continuamente… Y una vez más descubro en esta cuaresma, siempre sentida como un tiempo para la interioridad cristiana, un cierto enfoque hacia fuera, a salir de la oscuridad, del silencio, de la tiniebla, de las dudas… Y aunque necesaria, a veces la cuaresma es cómoda, es refugio de nuestra fe, pero cuando ésta se alimenta hay que darle salida para que alumbre. La cuaresma ha de ser una experiencia teleológica, con una finalidad concreta, tomar conciencia de nuestra misión, de nuestro “ser” cristianos. Una cuaresma sin fin es como un cirio apagado en una iglesia vacía. Darse, entregarse… nos permite el encuentro más profundo con el Padre, porque nos lleva a olvidarnos de nosotros mismos… El trabajo, la lucha, el dolor, son experiencia de unión, de fe, de Dios, en tanto en cuanto nos olvidamos de nuestras quitas y nos centramos en un objetivo. Hoy tiene uno la sensación de andar quejaroso, pesado, débil, pendiente de lo que no hacemos, con continuos sentimientos de culpa, y golpes en el pecho… y en este mensaje esta la sanación: darse, como forma de derrotar los egoísmos, las comodidades, los estancamientos.


EVANGELIO V DOMINGO DE CUARESMA (Año - B)

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33


    En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: - «Señor, quisiéramos ver a Jesús.» Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.» Entonces vino una voz del cielo: - «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.» La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo:- «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.» Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

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