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Dios Padre, corazón de Hijo

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¿Reconozco a Abbá como Padre? ¿Me doy cuenta de que al llamarlo así nos llamamos Hijas/os ¡Lo somos! ¿Lo somos? ¿Cómo es mi relación con él? No puede ser de otra manera: la respuesta a un Dios Padre es un corazón de Hija/o.

1. Corazón de hija/o que habla con su padre de corazón a corazón.

Cuando uno de los apóstoles de pide a Jesús que le enseñe a rezar, Jesús le dice: “vosotros orad así”:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas Como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal” (Mt. 6,9-13)

Según Tertuliano el Padrenuestro es un “compendio de todo el Evangelio”. Desde el principio la Iglesia lo rezaba en las comunidades. Una persona que lo rece una vez al día y que tenga unos 33 años puede llegar a haberlo pronunciado más de 7.700 veces (como ves más que setenta por siete) ¿Tú qué edad tienes? ¿Cuántas veces lo has rezado... más o menos?

EJERCICIO:

Siéntate. Toma una cuartilla en blanco. Bolígrafo, lápiz o pluma. Santíguate. Escríbele una carta a ABBÁ. Si no se te ocurre nada escribe, simplemente, el Padrenuestro.

Repite el ejercicio cuantas veces quieras. En este último mes del siglo goza de la amistad de tu papá de corazón a corazón, y que sirva de precedente.

2. Hija/o que pregunta a su Padre ¿Por qué, Dios?

Dios nos lo reprochará nunca le planteemos preguntas, aunque todo depende del tono de estas preguntas. Está el porqué arisco que acusa más que pregunta, y está el por qué secretamente humilde del “blasfemo” de Job. Está la pregunta asombrada del niño que pregunta por qué sale el sol: este “por qué” agrada a los padres, aunque no sepan responder. Este es, en el fondo, el por qué de los sabios, ni lo son de verdad..., es decir, si son contemplativos (...) Un verdadero sabio es un niño que tiene paciencia. Construye hipótesis pero si las cosas no funcionan, vuelve a empezar; no critica la realidad, critica sus hipótesis. El mismo se difumina y se olvida: sus preguntas a la naturaleza son preguntas de enamorado, no de celoso. Está el por qué de los escépticos, que ni siquiera esperan respuesta, como Pilato. (...) Hay preguntas que son “blasfemias” que son adoración. Está el por qué de los niños encolerizados. Está la pregunta de María: “¿Cómo será esto?” Está el por qué de Cristo en la cruz: “Dios mio, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”... Y la respuesta es la resurrección. ¿Con qué tono planteamos las preguntas de Dios, a la Iglesia...? Por lo tanto, punto primero: prestar atención al modo en que planteamos las preguntas. Callarse para escuchar. Punto segundo: ¿Somos capaces de escuchar la respuesta, de recibirla y no de fabricarla? (M.D. MOLINE, Adoración o desesperación, CLD, 1983).

EJERCICIO:

¿Qué preguntas tengo pendientes con Dios? ¿Con qué tono preguntó a Dios?

3. Hermanos/as que hablan de su papá.

Se habla de la empresa, de las comunicaciones, los progresivos de las investigaciones en el nuevo milenio. ¿Y Dios Padre, Hijo y Espíritu en el siglo XXI? ¿Qué será de Dios en el próximo siglo? ¿Cómo ha de ser el hijo de Dios, el cristiano, del nuevo siglo? ¿Qué actitudes debe cultivar? ¿Cómo colaborar con Dios para que sea “conocido, amado y servido por todos? ¿Cómo buscar la gloria de Dios?

4. Corazón de hija/o que busca: Dios Padre de la ciudad

La ciudad es un paisaje de nuestros días. “De” y “en” la ciudad está el manantial de las preocupaciones; el ruido, las prisas, el trabajo, los nervios. Muchos hombres místicos han descubierto a Dios en este campo. Isaías descubre a Dios en la ciudad, en las esquinas y en los recovecos. Sobre Jerusalén, la ciudad en que vivías Isaías, aletea la mano de Dios. La grandeza o miseria en las calles es revelación de presencia/ausencia de Dios. La ciudad con sus luces, encuentros, itinerarios, cruces, callejuelas, avenidas es camino para la búsqueda de Dios.

EJERCICIO:

“Quien mueve las piernas mueve el corazón”. Dar un paseo y “reconocer” la presencia/ausencia de Dios Padre en: nuestro propio barrio, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro centro de pastoral.

5. Corazón de hija/o que escucha

DIOS HABLA EN EL SILENCIO.

Es la experiencia de Elías: “A Elías llegó una palabra del Yavé: ¿qué haces aquí, Elías? El respondió: “ardo de amor celoso por Yavé, Dios de los Ejércitos, porque los israelitas te han abandonado, has derribado tus altares y han muerto a espada a tus profetas. Sólo quedo yo, y me buscan para quitarme la vida”. Entonces dijo: “sal fuera y permanece en el monte esperando a Yavé; pues Yavé va a pasar”. Vino primero un huracán tan violento que hendía los cerros y quebraba las rocas delante de Yavé. Pero Yavé no estaba en el huracán. Después hubo un terremoto pero Yavé no estaba en el terremoto. Después brilló un rayo. Pero Yavé no estaba en el rayo. Y después del rayo se sintió el murmullo de una suave brisa. Elías al oirlo se tapó la cara con el manto, salió de la cueva y se paró a su entrada”. (1Re 19,9-13).

EJERCICIO:

Revivir la experiencia de Elías. Busco tranquilo. En silencio, el ambiente, y tu interior. Escucho a Dios. Pruebo a vivir un par de días sin encender la radio, la televisión.

6. Hija/o que responde: consecuencias.

1. Reconocer la grandeza y la majestad de Dios: “Sí, Dios es tan grande que supera nuestra ciencia” (Jb 36, 26) 2. Vivir en acción de gracias: todo lo que somos y poseemos viene de él: “¿Qué tienes que no hayas recibido? (1Cor 4,7). “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?” (Sal. 116,12). 3. Reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres: Todos han sido hechos “a imagen y semejanza de Dios” (Gn. 1,26). 4. Usar bien de las cosas creadas. Las fe en Dios nos lleva a usar todo lo que no es él en la medida en que nos acerca a él, y a separarnos de ello en la medida en que nos aparta de él (cf. Mt 5,29-30; 16,24; 19,23-24): Señor mío y Dios mío, quítame todo lo que me aleja de ti. Señor mío y Dios mío, dame todo lo que me acerca a ti. Señor mío y Dios mío despójame de mi mismo para darme todo a ti (San Nicolás de Flüe, oración). 5. Confiar en Dios en todas las circunstancias, incluso en la adversidad. Una oración de Santa Teresa de Jesús lo expresa admirablemente:

Nada te turbe Nada te espante Todo se pasa Dios no se muda La paciencia todo lo alcanza quien a Dios tiene nada le falta Sólo Dios basta (poes. 40)

EJERCICIO:

¿Qué consecuencias tiene en mi vida la fe en Dios Padre? ¿Va la fe por un lado y “la vida” por otro en “perfecta” desarmonía?

7. Corazón de hija/o agradecido

“Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a la gente sencilla. Sí, Padre, asó te ha parecido bien. Mi padre puso todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, nadie conoce al Padre sino aquellos a los que Hijo quiere dárselo a conocer” (Mt 11,25-27).

Aleluya, Padre nuestro, tú eres el misterio último, nuestro origen dichoso y nuestro futuro bienaventurado. Tú eres la tiniebla luminosa. Tú, eres la noche paternal. Tú, las manos últimas que rescatan y reciben todo aliento, toda lágrima, toda vida y toda muerte. Tú eres en Dios de los pobres. Tú eres el Dios de la vida. Aleluya, mi Señor, creo en ti: puedo creer en ti. Porque Jesús, el crucificado está vivo. Nadie te ha visto, Señor, pero hemos visto tu gloria en tu vida translúcida y terrible. Nuestra tierra sigue llena de cruces y de horrores, pero seguir a Jesús es trabajar por la vida y trasparentar un poco tu amor y tu victoria.

(Javier Jiménez Limón)

EJERCICIO DE CORAZÓN:

Oración de acción de gracias a Papá Dios.

8. Hija/o enviado del Padre

“Aquí estoy, envíame” (Is. 6,8)

Yavé dijo a Moisés:
-  “Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su grito cuando lo maltratan sus mayordomos. Yo conozco sus sufrimientos. He bajado para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí un país grande y fértil a una tierra que mana leche y miel. Ve, pues, yo te envío al Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel”. Moisés dijo a Dios:
-  “Quién soy yo para ir donde el Faraón y sacar de Egipto a los hijos de Israel?”. Dios respondió:
-  “Yo estoy contigo” (Ex 3,6-12a)

“¡Oh Dios mío y Padre mío! Haced que os conozca y os haga conocer, que os ame y os haga amar, que os sirva y os haga servir, que os alabe y os haga alabar de todas las criaturas” (San Antonio María Claret. Autobiografía. Ed. Claret, nº 233).

EJERCICIO:

¿Cómo colaboro con Dios en la liberación de la opresión? ¿Haría mia la oración de San Antonio María Claret?

9. Dios íntimo al corazón del hija/o

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, yo, fuera, por fuera te buscaba y me lanzaba sobre el bien y la belleza creados por ti. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo ni conmigo. No te veía ni te sentía, ni te echaba de menos. Mostraste tu resplandor y pusiste en fuga mi ceguera. Exhalaste tu perfume, y respiré y suspiro por Ti. Guste de Ti y siento hambre y se. Me tocaste, y me abraso en tu paz. (San Agustín, retocada).

10 Corazón de Hija/o arrepentido

Señor de la misericordia, nuestros corazones llevan el peso de los sufrimientos de todos los tiempos, de las cruzadas, de los holocaustos de miles y miles de años. Hacia ti levantamos nuestras manos.

TENEMOS SED DE TI EN UNA TIERRA SEDIENTA.

Oh, Señor, que nos amas como un padre, que nos cuidas como una madre que quisiste compartir nuestra vida como un hermano. Confesamos nuestro fracaso en vivir como hijos tuyos, como hermanos y hermanas en un mismo amor. Hacia ti elevamos nuestras manos.

TENEMOS SED DE TI EN UNA TIERRA SEDIENTA.

Hemos malgastado el don de la vida. La buena vida de algunos se basa en el dolor de muchos; el placer de unos pocos, en la agonía de millones. Hacia ti elevamos nuestras manos.

TENEMOS SED DE TI EN UNA TIERRA SEDIENTA.

Rendimos culto a la muerte al querer poseer más y más Rendimos culto a la muerte cuando anhelamos nuestra propia seguridad, nuestra propia supervivencia, nuestra propia paz; cuando si la vida no fuese con todos, como si el amor fuese de unos pocos, como si Cristo no hubiera muerto por todos. Hacia ti elevamos nuestras manos.

TENEMOS SED DE TI EN UNA TIERRA SEDIENTA.

Oh, Señor, perdona nuestra manera de vivir, que niega la vida de los demás y enséñanos de nuevo lo que significa ser hijos tuyos. Hacia ti elevamos nuestras manos.

TENEMOS SED DE TI EN UNA TIERRA SEDIENTA

EJERCICIO: Leer orando la parábola del Padre Misericordioso, Lc 15,11-31. Celebrar y disfrutar de la reconciliación con Dios.

12. Epílogo

¿Qué decir después de esto? Si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros? Dios, que no perdonó a su propio hijo sino que lo entregó por todos nosotros, ¿Cómo no nos concederá con él todo lo demás?¿Quién acusará a los elegidos de Dios, si él fue quien los hizo justos? ¿Quién los condenará? ¿Acaso será Cristo Jesús, el que murió, más aún, el que resucitó y está a la derecha de Dios rogando por nosotros?

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Las pruebas, o la angustia, la persecución o el hambre, falta de ropa, los peligros, la espada? Como dice la Escritura: Por tu causa, nos arrastran continuamente a la muerte; nos tratan como ovejas destinadas a la matanza.

Pero no, en todo esto triunfaremos gracias al que nos amó. Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes espirituales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sean de los cielos, sean los abismos, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús, nuestro Señor” (Rom. 8,31-39).

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