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Dios, el dinero y la conciencia

Alejandro Córdoba -

Anselm Grün – Jochen Zeitz
Dios, el dinero y la conciencia

Madrid, Sal Terrae, 2011, 240 pp.

¿Qué dirán de nosotros las generaciones futuras? ¿Nos considerarán la especie problemática que hizo naufragar el barco de la vida? ¿O la generación que por fin recobró el juicio y logró dar un golpe de timón?

El monje Grün y el ejecutivo Zeitz, en su libro “Dios el dinero y la conciencia”, entablan un dialogo en el que miran el mundo con realismo, pero negándose a hacerlo con lentes oscuras. Prefieren hacerlo con las lentes de la confianza y la esperanza.

Parten de la hipótesis de que nuestra civilización está en peligro.  Y citan como pruebas la explosión demográfica, el efecto invernadero, la desigualdad económica que no solo se reduce sino que aumenta, las guerras, la sobreexplotación de los recursos naturales y, transversal a todo ello,  el desprecio de la ética.

Pese a ese diagnóstico crítico se marcan como objetivo contagiar su esperanzado modo de ver las cosas. Reconocen que no disponen de la panacea para resolver los problemas del mundo pero están convencidos de que sus ideas están alineadas con el anhelo de otra cultura de la actividad económica: sostenible, limpia, justa, social, vital y creativa.

 Saben que ese anhelo late en numerosas personas y argumentan sobre la conveniencia de mantenerlo. Y basándose en Ernst Bloch confían en que no solo suscitan esperanza en las personas sino que también insuflan esperanza al mundo, a fin de que este sea para todos nosotros, a la larga, un espacio digno de ser habitado y digno de ser amado.

¿Cómo hacerlo?

Recuerdan que en el curso de la historia se han derruido numerosos muros levantados por el ser humano: la esclavitud, el apartheid y el muro de Berlín han caído.  Y animan a hacer caer los muros que existen dentro de nosotros. Esos muros que obstaculizan la toma de conciencia y la asunción de la responsabilidad sobre lo que acontece en nuestro alrededor.

Nos proponen sustituir los muros de prejuicios, de cortedad de miras, de terquedad intelectual o de intereses egoístas por la toma de conciencia de que somos ciudadanos de un mundo en peligro.

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