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Día quinto (22 de enero)

Mariano Sedano, cmf -

Reflexión

(JPG) «Ahora bien, ¿de verdad existe un futuro para la Iglesia? Para la Ortodoxia existe el pasado, en forma de sagrada Tradición, pero ¿hay lugar en ella para el futuro? La Ortodoxia no está aún terminada de construir, no sólo de hecho, sino incluso teóricamente, por principio. No tiene sobre sí ninguna cúpula, excepto la celeste. Presta atención a las promesas del Señor Jesús sobre el Espíritu Consolador, que “os anunciará lo que está por venir”. La Iglesia se enfrenta ahora a nuevos problemas, pero también, es posible que se encuentre frente a nuevas posibilidades de vida relacionadas con la hegemonía espiritual de la Ortodoxia en el mundo. La Ortodoxia tiene su apocalipsis en la historia, que contiene en sí no sólo el fin de la culminación, sino el camino creativo del cumplimiento: “te rejuveneces como un águila” (Sal. 103, 5) El Espíritu de Dios creador que vive en la Iglesia nos llama a esta renovación de la que el mismo Señor ha dicho: “Dios no da el Espíritu con medida”. La inspiración creadora, de la que está impregnada igualmente la inspiración religiosa, debe hacer visible una nueva era de creatividad cristiana de la vida. La historia ha conocido ya un periodo similar, la llamada “Edad Media” en Occidente y en Oriente. Esta etapa ha dado paso a la “Edad Nueva”, que, a su vez debe ceder su puesto a una “nueva Edad Media” por la cual suspiran, consciente o inconscientemente, las mentes más avanzadas de la humanidad. Esto se podrá realizar únicamente en condiciones de libertad, a la que no puede renunciar una humanidad, que está alcanzando su mayoría de edad y que se va haciendo madura en el camino hacia la plenitud de la vida eclesial con sus dones de gracia. Esto es precisamente la Ortodoxia: el centro, a la vez patente y escondido, y la verdad de todas las confesiones cristianas, que ahora se encuentran divididas, pero que están llamadas a unirse al único rebaño del único Pastor. ¡Que así sea! ¡Que así sea!».

Serguej Bulgakov, La Ortodoxia, Moscú 2001, 220-221.

Oración

Tu descendiste al Hades; ¡Oh Redentor mío!, y, como todopoderoso que eres, hiciste pedazos sus puertas: como Creador, levantaste conjuntamente a los muertos y, como Cristo, rompiste el aguijón de la muerte y redimiste de la maldición a Adán, tú que eres el Amigo de los hombres. Por eso te cantamos: ¡Sálvanos, Señor!

Kontakion del domingo de quinto tono.

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