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Día 24: MARÍA EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

José Cristo Rey García Paredes cmf -

María, par su mediación subordinada a la del Redentor, contribuye de manera especial a la unión de la Iglesia peregrina en la tierra con la realidad escatológica y celestial de la comunión de los santos, habiendo sido ya asunta a los cielos (RM, 41).

Los creyentes sabemos que la muerte no interrumpe la unión o comunión de los que peregrinamos en la historia con los hermanos y hermanas que durmieron en la paz de Cristo, antes bien existe entre nosotros una admirable y misteriosa comunión de bienes espirituales (LG, 49). Los que están unidos estrecha y definitivamente con Cristo, los que ya llegaron a la patria y gozan de la presencia del Señor, participan de la vida y del dinamismo de aquel que, «sentado a la diestra del Padre, sin cesar actúa en el mundo» (LG, 48); «por él, con él y en él, nuestros hermanos no cesan de interceder por nosotros ante el Padre... a través del único mediador... Su fraterna solicitud ayuda mucho nuestra debilidad» (LG, 49). Si ésta es la comunión con los santos, ¡qué características no tendrá la comunión con la santísima mujer, madre del Señor, la primera de los creyentes! Por Cristo, con él y en él, María está presente a nosotros, actúa en nosotros. En ella la resurrección ha producido el ciento por uno. ¿Cómo extrañarse entonces de que miles y miles de creyentes, comunidades y pueblos testifiquen la experiencia de la cercanía de esta mujer bienaventurada? ¿No es ésta la clave para entender ese clamor popular del pueblo de Dios a través de los siglos, que ha proclamado a María como la asunta, la resucitada, y cuya expresión suprema ha sido la proclamación del dogma de la asunción? La presencia de María en la Iglesia no es excepcional por ser exclusiva, sino por ser la primera en la presencia de los bienaventurados en la Iglesia peregrina. María está presente entre nosotros desde la admirable comunión de los santos. Como Iglesia celeste. Como prototipo de la Iglesia peregrina.

ORACIÓN

¡Que misteriosa comunión y solidaridad mantenemos, Padre de todos, con todos los que murieron en Cristo y con él viven ante ti! Haz que su fraterna solicitud ayude mucho a nuestra debilidad. Y sobre todo atiende a las súplicas de María, nuestra madre en la fe, para que todos formemos esa Iglesia que ella tan maravillosamente tipifica. Por Jesucristo, nuestro Señor.

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