Salvador León Belén, cmf - Martes 15 de Diciembre del 2009
Me llevaré el campo verde, el azul del cielo, la serena mañana, la viva esperanza del pueblo.
Me llevaré el color de la infancia, la mano campesina, las casas más pobres, el perfume de la rosa, el olor a azahar, el encanto de los humildes jardines y huertos.
Me llevaré la sabiduría y el silencio de los mayores, el dolor de los enfermos, la tarde serena, las blancas sonrisas, el amor de Rita, Emilio, Belén, Alberto, Fátima, Gustavo...
Me llevaré el alma luminosa de las comunidades, los nombres de mis hermanos misioneros, las fiestas patronales, el santo rosario y un Padre Nuestro.
Me llevaré el recuerdo del Lapacho, la claridad de los enamorados, el dolor de los que no pudieron nacer, el corazón vestido de bodas, el traje de obrero del evangelio, la soledad de quienes siguen abandonados, las miradas que esperan auxilio.
Me llevaré el toque de campanas, la sonora compañía de los campeones del vuelo, el bautismo en las aguas eternas de Yguazú, los pies descalzos, las horas de desierto, la noche estrellada, el polvo de los caminos, los viajes a las comunidades campesinas.
Me llevaré todos los rostros, las palabras amables, los más hermosos cantos, el arpa y la guitarra envolviendo mis ligeros sueños, el clarín de los gallos, los cantos de Santos y algunos tragos de mate y tereré.
Me llevaré el alma agradecida y arrodillada, mi gracia y mi pecado, la vida regalada y ofrecida, alguna lágrima, la plegaria que abría el día y el salmo que cerraba la jornada.
Me llevaré el pan de la Eucaristía y la Palabra que anuncié en nombre del que es la Resurrección y la Vida, la Luz y el Camino.
Me llevaré la “golondrina misteriosa” que en mí revolotea haciendo memoria de la más amada de las ausencias – bendita madre mía – Suave voz que siempre me acompaña poniendo buen rumbo a mi vida. Su divino pecho alienta y sostiene la historia de mis días hasta el definitivo encuentro.