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Deseo iniciado

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) -

A veces, rezando los Salmos, me quedo atrapado mirando un poco incómodamente un espejo que me refleja mi propia aparente falta  de honradez. Por ejemplo, rezamos estas palabras en los Salmos: Por la noche mi alma suspira por ti. …Como un ciervo que anhela corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, Dios mío. …¡Por ti solo suspiro! ¡De ti solo estoy sediento!

Si soy honrado, tengo que admitir que muchas veces -quizás las más de las veces- mi alma suspira por muchas cosas que no parecen de Dios. ¿Con qué frecuencia puedo rezar honradamente:  Por ti solo, oh Dios, suspiro. De ti solo estoy sediento? En mi inquietud, mis deseos mundanos e instintos naturales, suspiro por muchas cosas que de ninguna manera se muestran muy centradas en Dios o en el cielo. Sospecho que eso es cierto para la mayoría de nosotros durante buena parte de nuestras vidas. Raro es el místico que, cualquier día dado, puede decir esas oraciones y hacerlo de todo corazón.

Pero el deseo humano es algo complejo. Hay una superficie y hay una profundidad; y en cada uno de nuestros anhelos y motivaciones, podemos preguntarnos esto: ¿Qué estoy anhelando de hecho aquí? Sé lo que quiero en la superficie, aquí y ahora, pero ¿qué estoy anhelando por fin con esto?

Esta discrepancia entre aquello de lo que somos conscientes en la superficie y lo que se supone sólo de alguna manera oscura e iniciada a un nivel más profundo, es lo que se capta en una distinción que los filósofos hacen entre lo que es explícito en nuestra consciencia y lo que es implícito en ella. Lo explícito se refiere a aquello de lo que estamos al tanto conscientemente (“quiero esta cosa concreta”); mientras que lo implícito se refiere a los factores inconscientes que están también en juego pero de los que somos inconscientes. Estos que sólo sentimos, vagamente, en alguna parte inconsciente de nuestra alma.

Por ejemplo, Karl Rahner, al que le gustaba esta distinción y la utilizaba bien en su espiritualidad, nos ofrece este (tosco pero claro) ejemplo de la distinción entre lo explícito  y lo implícito en nuestras motivaciones y deseos. Imagínate esto -dice-: Un hombre, solitario, cansado y deprimido en una noche de sábado, va a un bar de solteros, recoge a una prostituta y se acuesta con ella. En la superficie, su motivación y su deseo son tan francos como toscos. Él no está suspirando por Dios en su cama en esta particular noche. ¿O sí?

En la superficie, por supuesto que no; su deseo parece puramente auto-centrado y la antítesis del anhelo santo. Pero, analizado hasta su más profunda raíz, su deseo es al fin un suspirar por la intimidad divina, por el pan de vida, por el cielo. Está suspirando por Dios en la profundidad misma de su alma y en la profundidad misma de su motivación, aunque no es consciente de esto. El descarnado deseo por la gratificación inmediata es todo aquello de lo que está totalmente consciente en este momento, pero esto no cambia su última motivación, de  lo cual esto es síntoma. A un nivel más profundo, del cual él no es claramente consciente, está aún suspirando por el pan de vida, por solo Dios. Su alma es aún la de un ciervo que suspira por las corrientes de aguas claras; pero, en esta noche dada, otra corriente le está prometiendo un tónico más inmediato que él puede tener ahora mismo.

Recientemente, dirigí un curso sobre la espiritualidad del envejecimiento y la muerte. Tomando un verso del poema de Goethe Santo anhelo, titulé poéticamente el curso: Loco por la Luz. En un trabajo final, uno de los estudiantes, una mujer, reflexionando sobre su propio viaje hacia el envejecimiento y la muerte, escribió estas palabras:

“Y luego, la pasada noche empecé a pensar que morir es hacer el amor con Dios, la consumación después de una vida de coqueteos, encuentros, citas en la oscuridad y constante deseo ardiente, anhelo y sensación de soledad que hace a una loca por la luz. Reflexioné sobre Song of Songs (Canción de Canciones) y creí  que podría ser una analogía de cómo veo el morir, no necesariamente como desintegración y fallecimiento del cuerpo, sino más bien  como la entera transición a cuya realización nací destinada. Pienso en mi vida como historia de amor con sus altibajos, como cualquier otra historia de amor, pero siempre yendo en la dirección de Dios con la finalización en muerte, siendo la boda del amor entre Dios y yo misma después de unos desposorios de por vida”.

Lo dice tan bien como Rahner y los filósofos, aunque las palabras son más directas. Ella, también, analizando su deseo, señala que hay niveles, explícitos e implícitos, conscientes e inconscientes.

Sí, nuestras vidas -con todas sus tensiones, cansancios, inmadurez juvenil, depresiones adultas, temporadas solitariamente frías, tiempos de duda, momentos de desesperación, crisis e irresponsable  exuberancia ocasional- estarán marcadas con toda seguridad por coqueteos y encuentros que parecen manifestar deseos  que no están a favor del pan de vida. Pero están, al fin, y un día encontrarán y conocerán su total consumación.

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

analia analia
hace 2 semanas
Queridos amigos de Ciudad Redonda, muchas gracias por acercarnos siempre estos comentarios tan profundos que nos ayudan en nuestro vivir cotidiano, en la manera de encarar situaciones y de ver las cosas desde otra perspectiva.
quisiera que me ayudaran a poder enviar el artículo a mi correo, porque lo intenté varias veces y no lo logré... sin embargo la homilia del día de hoy lo pude enviar sin problemas. espero que me puedan ayudar a resolver. agradecida en Dios... hasta luego.
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Martha Martha
hace 2 semanas, 3 días
Miles de gracias P. Ron por la ensenanza que con-
lleva este articulo, por lo menos a mi me ha hecho
pensar mucho en mis deseos en que tengo plena
consciencia de ellos y si existe algo en la profundi-
dad agazapado tan hondo que no soy consciente
de ese deseo. El ejemplo de Karl Rahner me da
mucho que pensar.
Saludeos.......
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Jorge Barrera Jorge Barrera
hace 2 semanas, 4 días
Quién nos apartará del amor de Dios?
Las tentaciones, la inmadurez, el adulterio, la indisciplina del mundo, o tal vez la corrupción que altera la moral consciente o inconsciente del ser humano???
A estas alturas estoy convencido que el Amor y misericordia de nuestro Dios y Señor rompe con todos estoy prototipos de rebeldía del hombre. Y nos llama a nunca dejar de ser felices...
Gracias padre Ron por tan espléndida enseñanza.
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María E. María E.
hace 2 semanas, 3 días
Muy interesante este tema y lo que viene a mi mente es...a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del César. No se puede obtener para el cuerpo sólo lo que es del alma, y comprenderlo es extremadamente difícil e importante discernir, en especial donde y/o cuando impera el César.
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