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Desde el miedo

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ORACIÓN DESDE EL MIEDO \'\'
¿Por qué me resulta tan difícil vencer mi miedo? Me siento impotente para superarlo. Quizá es tu manera de pedirme que experimente algo de solidaridad con las personas que en todo el mundo sienten miedo: los que tienen hambre y frío en el duro invierno, los que están amenazados por ataques inesperados de la guerrilla, y todos los que están ocultos en cárceles, centros psiquiátricos y hospitales. Señor, este mundo está lleno de miedo. Convierte mi miedo en oración por los que sienten miedo. Haz que estar oración conforte a otros corazones. Quizá entonces mi oscuridad se convertirá en luz para otros. Tú, Señor, también has conocido el miedo. Tú has estado profundamente agitado; tu sudor y tus lágrimas fueron los signos de tu miedo. Haz que mi miedo, Señor, sea parte del tuyo, para que así no me conduzca a la oscuridad, sino a la luz y me lleve a una comprensión nueva de la esperanza de tu cruz. Amén.

(HJM NOUWEN, Oraciones desde la abadía. PPC)

Aquellos que tienen miedo de perder la vida que no viven, y se afanan luchando por alargar aburrídamente los días y bostezan, y van con los ojos abiertos sin mirada; no diferencian el nogal del ciprés, pero ahorran siempre para comprar algo en el futuro; adquieren un hijo una casa, un coche, un nieto, un nicho; son un buen número aquellos que no se arriesgan ni siquiera a soñar originalidades

(Mª Victoria Reyzábal)

Oh, Dios! Es tan difícil rezar cuando no te salen las palabras, cuando entre las manos no llevo más que miedo y dudas, cuando hay tantos sentimientos en el corazón que se atropellan, se revuelven, se contradicen y me confunden... cuando tienes tanto, y sin embargo sabes que en el fondo no tienes nada. Porque la vida se marcha muy deprisa, porque no se puede parar el tiempo, porque no se pueden cambiar las cosas... Es tan difícil rezar cuando miras a la gente que amas y no te llega su amor, parece que nos separa un abismo inmenso... Pero me acerco a ti y se me despierta en el alma una canción. Suenan truenos, y viento y relámpagos... pero tú me haces descubrir los primeros rayos del sol que nacen por entres las nubes, trayendo la paz y la vida. Es difícil rezar. Es mejor hacer un profundo silencio y sentir que son para mí las palabras de tu profeta: ¡No temas! Yo te llevo en mis brazos. ¡Descansa en mi paz!

(Quique cmf)

Qué sosiego da pensar que Dios vigila las cosas; que si ponemos los ojos en agua clara y honda, nos devuelve la mirada con su mirada remota; que si ponemos la mano sobre la arena, la forma de su mano la caricia de nuestra mano pregona; que si perdemos los pasos por el bosque, entre la sombra, y la frente se acostumbra, dulcemente en lo que ignora, nos trae la lengua del viento, cantando desde las hojas palabras que Dios tenía para decirnos a solas.

(JOSÉ GARCÍA NIETO)

NO TENER NUNCA MIEDO Una de las cosas que debemos a nuestro Señor es no tener nunca miedo. Tener miedo es hacerle una doble injuria: en primer lugar es olvidar que él está con nosotros, que nos ama y que es omnipotente; en segundo lugar, porque no nos configuramos con su voluntad: configuramos nuestra voluntad con la suya, todo lo que nos ocurra, dado que es querido y permitido por él, nos dejará alegres, y no tendremos inquietudes ni temores. Tengamos, pues, esa fe que expulsa todo miedo; tengamos a nuestro lado, frente a nosotros y en nosotros, a nuestro Señor Jesucristo, Dios nuestro, que nos ama infinitamente, que es omnipotente, que sabe lo que es bueno para nosotros, que nos dice que busquemos el Reino de los Cielos, y que el resto nos será dado por añadidura. Caminemos seguros con esta bendita y omnipotente compañía por el camino de lo más perfecto, y estemos seguros de que no nos ocurrirá nada de lo que no podamos extraer el mayor bien para su gloria, para nuestra santificación y para la de los otros. Y que todo lo que nos ocurra será querido y permitido por él, y en consecuencia, lejos de toda sombra de temor, sólo hemos de decir: «Bendito sea Dios por todo/o que nos ocurra», y sólo hemos de rogarle que ordene todas las cosas, no según nuestras ideas, sino para su mayor gloria

(CHARLES DE FOUCAULD)

Asistimos con cierto frecuencia a acontecimientos dramáticos que siembran en la opinión pública desconcierto y angustia. El hombre moderno parece seguro de sí, y sin embargo, en momentos cruciales tiene que reconocer su impotencia: experimenta la incapacidad de intervenir, y en consecuencia, vive en la incertidumbre y en el miedo. En la oración hecha con fe está el secreto para afrontar, no sólo en las emergencias, sino en el día a día, las fatigas y los problemas personales y sociales. Los que rezan no se desaniman ni siquiera ante las dificultades más grandes, porque sienten a Dios a su lado y encuentran refugio, serenidad y paz entre sus brazos paternos. Apoyándose con confianza en Dios, nos abrimos con mayor generosidad al prójimo y somos capaces de construir lo histórico según el proyecto divino.

(JUAN PABLO II. 8/09/02)

El miedo llamó a mi puerta. La fe fue a abrir. No había nadie. (M Luther King)

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