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Desde Buenafuente del Sistal. IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “B”

Angel Moreno -
“Ojalá escuchéis hoy su voz” (Sal 95 [94], 7-8).

En los últimos domingos venimos encontrando constantes referencias a la llamada del Señor. En la fiesta del Bautismo de Jesús: “Yo, el Señor, te he llamado con justicia, te he cogido de la mano, te he formado…” (Isa 42, 6). El segundo domingo: “El Señor llamó a Samuel” (1 Sam 3, 3). Y a los primeros discípulos: “Maestro, ¿dónde vives? «Venid y lo veréis»” (Jn 1, 38-39). El domingo tercero: Jesús se dirige a los hijos de Zebedeo: “Venid conmigo…” (Mc 1, 17). Por último, este cuarto domingo, el salmista nos  sitúa ante la posible intervención de Dios en nuestras vidas: “¡Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor!”

El tiempo es una categoría teológica, que entra en la percepción de la llamada como gracia histórica. “Dame suerte hoy” (Gén 24, 12). “Ve donde el pueblo y haz que se santifiquen hoy y mañana; que laven sus vestidos y estén preparados para el tercer día…” (Ex 19, 10-11). “Hoy se os mostrará el Señor” (Lev 9, 4). Para percibir lo que Dios habla al corazón, la atención es imprescindible. “Hoy”, dice el texto. Dios puede revelarte su voluntad en cualquier momento. Si te habla, lo hará con autoridad y no se retractará, aun en daño propio. La promesa que Dios hizo a Moisés en el Horeb se cumple en Jesús: Él es el profeta suscitado por el Señor para que no tengamos miedo de encontrarnos con teofanías terribles, sino que nos encontremos con la revelación de la voluntad divina a través de su Hijo, hecho uno de nosotros, que enseña y llama de manera comprometida.

En Jesús no abundan los mensajes halagadores y falsos; los suyos no son soflamas encubridoras de mentiras e intereses egoístas, sino que cuanto dice es verdad y para nuestro bien. La actitud adecuada es, si hoy escuchas la voz de Jesús, que prestes el oído de tu corazón y acojas la invitación que Él te pueda hacer. En ella se contiene el mejor deseo y la posibilidad de la mayor plenitud.

Para disponerte a la actitud de escucha, el salmista te sugiere: “No endurezcas el corazón”. Póstrate, bendiciendo al Señor, Dios nuestro. Jesús es el Santo de Dios, merece la pena escuchar su voz, su Palabra.

La Iglesia, el 2 de febrero, fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo, nos invita a considerar el don de la Vida Consagrada y dar gracias por quienes responden con generosidad a la llamada al seguimiento evangélico. San Pablo, en la carta que dirige a la comunidad de Corinto, propone el celibato y la virginidad como algo noble: “Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor, sin preocupaciones” (1 Cor 7, 35).

  • ¿A qué te llama el Señor?
  • ¿Cuál es la moción interior que percibes de manera más reiterada?
  • ¿Tienes conciencia de que te estás resistiendo ante la voz que escuchas dentro de ti?
Angel Moreno
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