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De víspera

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -

Carta a un/a hermano/a que empieza su retiro

Querido/a hermano/a:

Ya estás en retiro. El Señor te llama porque quiere y porque te quiere, porque lo necesitas, porque desea comunicarse familiarmente contigo a lo largo de estas jornadas.

No se trata ahora de hacer, de aprender, de programar... Es algo mucho más sencillo: se trata de vivir. O mejor todavía, de convivir, de cultivar la amistad con JESUCRISTO "estando muchas veces tratando a solas que quien sabemos nos ama".

Jesús te conducirá al PADRE. Lo conoce muy bien. El Padre y él son una misma cosa. ¿Quieres durante estos días entrar verdaderamente en comunicación personal con Cristo y con el Padre por la acción de su ESPÍRITU?

Eso es, ni más ni menos, la ORACIÓN. Atrévete a exponer una y otra vez a Cristo la mayor necesidad de tu vida: "Señor, enséñame a orar". Porque la verdad es que no sabes. Ni puedes. Eres incapaz de orar por ti mismo/a. Sólo el Maestro tiene la verdadera fórmula. Una fórmula que se expresa en palabras ["Padre nuestro..."], pero que se capta únicamente con la vida. Podrías morirte con muchas ideas y palabras sobre la oración, pero sin saber qué es oración, sin experiencia de oración. Y la oración sin experiencia no es nada.

Recuerda a los grandes orantes, a los grandes "tuteadores" de Dios.

-  Ante todo, al mismo JESÚS, que al hablar con el Padre decía: "Abbá, Padre" (o en una traducción más matizada, "querido papá").
-  A MARÍA de Nazaret, mujer sencilla, pobre y contemplativa, que sabía callar, sufrir, luchar, guardar cuidadosamente en su corazón la Palabra de Dios para meditarla despacio... Y también sabía cantar con un espíritu rebosante de gozo y acción de gracias: "Mi alma glorifica al Señor".
-  Recuerda a MOISÉS, "el más humilde que haya pisado la tierra" [Num 12, 3], que decía: "Me postré ante Yahvé y estuve postrado cuarenta días y cuarenta noches" [Dt 9, 24]; este hombre que bajaba del Sinaí con el rostro encendido.
-  O a FRANCISCO, el pobrecillo, el del Cántico de las creaturas: "Loado seas por toda creatura, mi Señor".
-  O a TERESA, que se ha hecho "palabra viva acerca de Dios", en expresión de Juan Pablo II: "Acaecíame -escribió ella- venirme un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podría dudar que estaba dentro de mí y yo toda engolfada en él.

Querido/a hermano/a:

¿Sabes que estás llamado/a a entrar de una vez -y de lleno- en esta corriente viva de los grandes orantes?

Orar es sencillo, pero es difícil. Sencillo porque no es complicado; difícil porque conduce a la cruz, al sufrimiento, a la agonía, a la muerte. Orar es tan sencillo y tan difícil como dar la vida.

Consiste, ante todo, en recibir; pero un recibir no egoísta sino humilde, agradecido y gozoso, propio del verdadero pobre de espíritu. Lo cual exige mucho y requiere un largo aprendizaje. Porque se trata de acoger todos los dones, incluida la cruz.

Y es también dar, dar todo. El que ora con verdad y perseverancia termina dando la vida. Por eso hay tantos que no se atreven a orar. O que comienzan y no siguen. Orar, hermano/a, es una “aventura peligrosa" [Pablo VI], la aventura del evangelio, la única por la cual merece la pena vivir... y morir.

Estos días, son una respuesta a la invitación personal del Maestro: Ven conmigo a un lugar solitario. Te llama sencillamente a encontrarte con él. En clima de silencio y en actitud de disponibilidad. Con gran deseo de aprovechar al máximo este don de Dios. Abierto/a con humildad a todas las mediaciones por las cuales él quiera comunicarte su gracia.

Estos días son importantes no sólo para ti sino también para tus hermanos, es decir, para la iglesia y para el mundo. María, la primera discípula de Jesús, a quien gozosamente reconoces como madre y modelo, te iniciará en la experiencia del Señor Jesús, por quien vivimos y hacia quien caminamos.

PREGUNTAS PARA RESPONDER EN EL CUADERNO:

-  1. ¿En qué disposición me encuentro al comenzar este retiro?
-  2. ¿Qué me está pidiendo el Señor?
-  3. ¿Qué le pido yo a él para estos días?

ORACIÓN: Salmo 107 (108)

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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

claudia claudia
el 13/3/15
Desde mi punto de vista estimados amigos, quizás sea la primera vez que leo algo tan acertado sobre la oración, compartiendo su opinión, me refiero al adjetivo que han utilizado lo de "PELIGROSO". si así es! no podía ni imaginar que existiera algo tan imaginativo y tan cientifico como la oración, es para mi una ayuda excepcional, aunque no estoy siempre en disposición de animo para rezar, y a menudo siento que me cuesta hacerlo.
Me ayudan la Eucarestía, la lectura y las imagenes religiosas para infervorarme en eso. Espero seguir con una actitud libre que es lo mejor que hasta la fecha me ha proporcionado la oración, siendo persona con una patologia psiquica.
Cordiales saludos y buena Cuaresma a todos.
C. Molini
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