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De viaje por China: Pensamientos (II)

Francisco Carín, cmf -
    La segunda parte de este verano de trashumancia China fue algo más relajada. Algunos estudiantes del seminario nacional procentes de las provincias de Sichuan y Chongqing me invitaron a pasar unos días por sus diócesis y conocer un poco más la realidad de la iglesia China. Tras tres días en casa para hacer la colada, limpiar y poner orden en los correos electrónicos salí hacia Yichang en Hubei, donde se encuentra la presa de las Tres Gargantas para desde allí remontar el famoso río Yangzi (6.300 km, tercero en longitud del mundo) hasta llegar a Chongqing y Chendu, capital de Sichuan.

    Lo primero es lo impresionante del Yangzi. Después de verlo, aquello que estudié que decía “el Guadiana es navegable hasta Sevilla” me parece de risa… navegan el Yangzi una barcazas impresionantes transportando desde tiempos milenarios bienes entre la costa y el interior de China; arteria milenaria de culturas y comercio. No obstante me llama la atención lo sucio que está (y aún así nos bañamos en él) y la facilidad con que se le hace depositario de todo tipo de botellas, plásticos, restos de comida, papeles… lo esencial es invisible a los ojos… el alma milenaria del Yangzi vilmente ultrajada en millones de pequeños gestos de desprecio por los descendientes de aquellos que un día lo veneraron como elan vital del sur de China.

    Debido a la construcción de la Presa de las Tres Gargantas el nivel del río ha  ascendido ya más de 150 metros y una vez que la presa se llene completamente llegara a la cota de los 167. Lo que antes eran extraordinarios valles escabrosos ahora ya no impresionan tanto. Todas las ciudades del valle que quedaban a orillas del río, muchas de ellas milenarias, han quedado sumergidas y en su lugar se alzan nuevas urbes encaramadas en las abruptas laderas. Memoria sumergida, recuerdos anegados… todo en nombre del progreso, ese ídolo que nos tienta con dulces susurros.

    En lo alto de una de esas laderas, a casi dos horas de viaje del muelle de uno de los afluentes del Yangzi se encuentra el pueblo de Duping. Aquí se encuentra una iglesia-casa misión (de las pocas que no fueron destruidas en la región) construida hace más de 100 años por misioneros de las Misiones Extranjeras de París. Llama la atención por su intento de adaptarse a la cultura y arquitectura locales; esta construida según lo que en China se llama casa pozo (el carácter de pozo es parecido al signo “#” [jing3]). Estas casas cuentan con un patio central en torno al cual se construye la vivienda. La casa-misión está hecha de adobe y madera y en estos cien años, después de que fuera requisada, ha tenido diversos usos entre ellos escuela elemental de la aldea. Usada y abusada (cuentan los cristianos que la decoración arquitectónica fue destrozada durante la revolución cultural) nadie se preocupó de pintarla, repararla, cambiar columnas o vigas. Una vez devuelta a la Iglesia local, los cristianos se enfrentan ahora al reto de buscar fondos para intentar preservarla; no es que sea una joya arquitectónica (aunque sea un buen exponente del esfuerzo por inculturarse realizado por los misioneros hace ya más de 100 años)… pero como las demás fueron destruidas, las pocas que quedan son joyas de la memoria histórica de un pueblo y una comunidad cristiana que brega por seguir a Jesús en China. Yo me comprometí con ellos a presentar el proyecto de reconstrucción a diversos organismos con el fin de recaudar fondos… esperemos que la providencia nos persiga.

    En Wanzhou conocí a un obispo de 93 años que aún es capaz de leer y responder su correspondencia… en Inglés, que habla latín fluidamente... gente muy preparada que tuvo que sufrir cárceles y persecución por Cristo. Hoy en día aún al pie del cañón… esperando que se nombre a su sucesor.

    “Ni come ni deja comer”… así podría ser definida la actitud del gobierno Chino respecto a la acción social de la Iglesia. Con poco espacio vital para poder desenvolverse fuera de los muros parroquiales, muchas diócesis han intentado establecer centros de acción social con el fin de tener una presencia cualificada en medio de la sociedad. El gobierno Chino teme que cuestiones sensitivas se le escapen de las manos (recordemos sino el ocultamiento de “las aldeas del SIDA” -aldeas donde los vecinos para sacarse un dinero vendieron su plasma a organismos médicos pero debido a la falta de prevención por parte de los técnicos sanitarios quedaron infectadas-diezmadas por contagio de SIDA, SARS, Gripe aviar…) y aunque no tiene capacidad -yo creo que ni interés, pues la acción social no es precisamente una autopista de esta carrera por hacerse rico en la que se encuentra el pueblo Chino- para responder a las necesidades que van surgiendo tampoco facilita el que otros lo hagan. No obstante un sacerdote joven y un grupo de laicos se han empeñado en ello… y lo van consiguiendo; el futuro promete, me dicen, mientras me enseña el certificado de reconocimiento oficial de la organización no gubernamental católica que han fundado en la diócesis.



    Finalmente llego a Chengdu, donde tuve la suerte de visitar un antiguo seminario, hoy en ruinas y cuya reparación puede suponer cifras astronómicas y el centro diocesano de Chengdu, hoy un monumento nacional, pues en esta fiebre por derribar y construir nuevos edificios mucho de lo que era China hoy se encuentra en los vertederos de escombros. Una construcción católica de algo más de 100 años se convierte en tesoro artístico de una ciudad milenaria como Chengdu fundada el 316 AC… que azares que nos trae la vida…y que oportunidades para demostrar lo rico y valioso de nuestra herencia cristiana… sí, en verdad parece que el futuro promete.
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