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¿De qué color es la piel de Dios?

J. ROVIRA -
Así se preguntaba una canción de hace unos años, cantada entre otros por el grupo “¡Viva la gente!”. La respuesta era: “... negra, amarilla, roja y blanca es / todos son iguales a los ojos de Dios”.

Durante estas últimas semanas se ha discutido mucho aquí en Italia, con motivo de las nuevas leyes sobre la inmigración, sobre todo clandestina, introducidas por el gobierno. Algo parecido ha sucedido en otros países y en el Parlamento Europeo de Estrasburgo. Seguramente que en los próximos días seguiremos viendo a muchos de estos inmigrantes en los telediarios o arrastrando por nuestras playas y lugares turísticos sus pesadas bolsas llenas de cachivaches y chucherías de todo tipo, tratando de vendernos algo con rostro suplicante y vocabulario incierto. En Italia los apodan “vu-cumprà”, porque muchos de ellos no saben decir “vuoi comperare?” (¿quieres comprar?), y van repitiendo simplemente aquellas dos palabras.

En efecto, desde hace unos años en nuestros países (Italia, España, Francia, Alemania... y, en general, toda Europa Occidental...) estamos viviendo el fenómeno de las riadas (oleadas) de inmigración oficial y clandestina. Este hecho está creando en no pocos autóctonos reacciones de miedo, sospecha, incluso de racismo más o menos camuflado. Los que nacimos aquí nos hemos olvidado ya de que, en este extremo final del continente asiático que llamamos “Europa”, somos todos descendientes de inmigrantes más o menos remotos o cercanos: las invasiones del norte, del este, del sur..., que han ido poblando este pedazo de tierra originariamente deshabitado.

Para reflexionar sobre este hecho quisiera ofrecerles hoy algunas de las poesías que Esoh Elamé (un camerunés afincado en Italia y actualmente profesor de Geografía en la famosa Universidad “Cà Foscari” de Venecia y de Pedagogía intercultural en la Academia de Bellas Artes de la misma ciudad) ha publicado en su libro “No me llaméis hombre de color” (“Non chiamatemi uomo di colore”, Bolonia 2007).

“¿Quién puede derramar / sangre negra / sangre amarilla / sangre blanca / medio-sangre? / La sangre no es india, polinesia o inglesa. / Nadie ha visto jamás / sangre judía / sangre cristiana / sangre musulmana / sangre budista. / La sangre no es rica, ni pobre, ni acomodada. / La sangre es roja. / Inhumano es quien la derrama. / No quien la lleva” (Njock Ngana, camerunés).

“Han llegado / esta vez de noche / trayendo euros y dólares en la mano. / Los políticos de mi país se habían apiñado a su alrededor. / Se han vendido nuestras riquezas. / Los políticos me han dicho: / ‘Eres un negro de la mundialización, / bueno sólo para fatigar en favor de las multinacionales’. / Entonces he decidido ir por el mundo / en búsqueda de un futuro digno de un ser humano. / Apenas desembarqué en Italia, entendí enseguida / que aquí se me consideraba un inmigrante, un extracomunitario, / un negro, un hombre de color, un marroquí, un ‘vu cumprà’... / Y yo que pensaba que era solamente un hombre...” (Esoh Elamé). 

“Despoja al hombre / del color de la piel / del color de los ojos / y verás el color de la mente, / el verdadero color del hombre” (Ndjock Ngana).

“Amigo blanco, / yo cuando era pequeño, era negro. / Cuando me he hecho mayor, soy negro. / Cuando me enfurezco, soy negro. / Cuando tengo miedo, todavía soy negro. / Cuando muera, seré negro. / Pero tú, amigo blanco, / tú, cuando naciste eras rosado. / Cuando te hiciste mayor, eras blanco. / Cuando te enfermas, te pones amarillo. / Cuando tienes miedo, verde. / Cuando mueres, morado. / Entonces, amigo blanco, / ¿por qué a mí me llamas de color?” (Anónimo).

“He llamado a tu puerta / he llamado a tu corazón / por una cama y un hogar. / No me eches, ábreme hermano. / No soy negro / no soy rojo / no soy ni amarillo ni blanco, / soy solamente un hombre. / No me eches, ábreme hermano” (René Philombe, camerunés).

“Dicen que vendo collaretes, CD, Dvd, / bolsas falsas. Es verdad. / Dicen que soy marroquí. / Es ignorancia. Soy senegalés. / Dicen que soy marroquí. / Es ignorancia. Soy singalés. / Dicen que soy marroquí. / Es ignorancia. Soy chino. / Dicen que soy marroquí. / Es ignorancia. Soy un hombre. / Dicen que soy un ‘vu cumprà’. / Es ignorancia. Soy un vendedor ambulante abusivo” (Esoh Elamé).

“Caminando a lo largo de los andenes de la Estación Termini (Roma), / me crucé con tres extranjeros. / No eran oscuros de piel como yo, / no eran visibles como yo. / Eran de tez clara. / Uno era canadiense, trabajador inmigrado. / Uno era suizo, trabajador inmigrado. / El tercero era de los Estados Unidos, estudiante inmigrado. / Yo camerunés, trabajador inmigrado. / Todos somos ‘extracomunitarios’. / Pero, sólo a mí la prensa me llama extracomunitario. / A ellos, en cambio, les llaman canadiense, suizo, americano... / Todo esto porque ellos vienen de países ricos / y yo vengo de un país pobre” (Esoh Elamé).

“Hermano, / ¿por qué el color de mi piel / te estorba tanto? / Soy un ser humano como tú. / Como, río y hablo como tú. / Tengo una cultura, una lengua como tú, / y un corazón que late como el tuyo. / Me quejo como tú cuando me ofenden / y quisiera afrontar contigo / los desafíos del planeta. / Pero, tú no quieres. / Hermano, / soy exactamente como tú. / ¿Por qué no quieres saber nada de mí? / ¿Por qué me llamas hombre de color, / negro, marroquí, ‘vu cumprà’? / Soy un negro, hermano. / Un negro de África / y me gusta mucho ser negro. / ¿Por qué no me llamas negro? / Hermano, / ¿por qué no quieres conocer mi historia? / Yo he estudiado tu historia, tus instituciones. / ¿Por qué no intentas saber quién era Chaka, / Samouri Touré, Ousmane Dan Fodio? / ¿Por qué quieres tratarme siempre / como si fuera un peligro? / Hermano, / ábrete, soy exactamente como tú. / Te quiero. / No me hagas daño” (Esoh Elamé).  
          
Quisiera acabar parafraseando unas afirmaciones del famoso logoterapeuta Viktor E. Frankl (1905-1997): Si mandas a alguien que te ame, se enoja: ¡ámalo y suscitarás su amor!; lo mismo si quieres forzar a alguien a que se ría: ¡cuéntale un chiste y se reirá!; no quieras obligar a nadie a creer: ¡da un testimonio coherente de tu fe y harás que la fe germine en él, o al menos se pregunte por ella!... Y ahora volviendo a nuestro tema: no te llenes simplemente la boca de palabras en favor o en contra de este o aquel principio; más bien, no te escapes ni finjas no ver al pobre y al inmigrante y ámalo como a ti mismo, ¡verás de qué es capaz la humanidad!

¡Felices vacaciones (cuando puedan, si pueden...)!

J. Rovira, cmf.
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icono comentarios 1 comentario

Comentarios

alexander alexander
el 26/10/17
lindo pensamiento
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