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Culturas y cultura congregacional

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -


-  ¿Qué repercusiones tiene la multi-culturalidad en la cultura congregacional?
-  ¿Culturas dominantes dentro de los institutos?
-  ¿Cómo orientarse en medio de la pluralidad?

AQUILINO BOCOS MERINO:

(JPG) Nacido en Canillas de Esgueva (Valladolid) el año 1938. Profesó en la congregación Claretiana el año 1956; consagrado sacerdote el año 1963. Realizó estudios superiores en filosofía, psicología y teología de la vida reli-giosa. Director espiritual de los misioneros Maronitas (1964-1967) y de los estu-diantes de teología Claretianos (1967-73). Docente en centros superiores de la Con-gregación Claretiana. Superior local, provincial de Castilla (1980-1985), presidente de la FERE (1981-1985) consejero general (1985-1991), superior general de los Cla-retianos (1991-2003); reelegido por cuatro trienios como miembro del Consejo de la Unión de Superiores Generales (1991-2203). Participó en la XI asamblea del Sínodo de los Obispos (2002). Autor de decenas de artículos en revistas especializadas y de libros como: Religiosos educadores (1983), Escuela misionera y profética (1987).


Resumen de la ponencia

La «fracción del pan»: compartir la mesa del pan diario y del pan eucarístico, es un momento privilegiado para vivir la unidad de la diversidad: siendo muchos, comemos un solo pan. Procedentes de distintas culturas, nos sentamos en torno a una misma mesa. Es ésta la gran convicción orientadora de las ponencias del primer día de la XXXV Semana Nacional para los Institutos de Vida Consagrada que hoy, martes de Pascua, ha comenzado a celebrarse en Madrid. ¿Quiénes celebramos la Eucaristía? Una comunidad eclesial concreta; en nuestro caso, una comunidad congregacinal que en la actualidad no puede ser sino multi-cultural. El profesor Aquilino Bocos Merino disertó sobre las «Comunidades interculturales».

Inició su reflexión a partir de datos concretos: Durante la celebración del Congreso internacional de vida consagrada (Roma, noviembre 2004) uno de los grupos reflexionó sobre «la cultura congregacional». Después del Congreso romano la Confer propuso un debate titulado «Encuentro entre culturas en la vida cotidiana». Los presidentes de la Unión de Superiores Generales aludieron a este tema en el simposio organizado el año 2005 por la Congregación para institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica. «¿No será que el Espíritu nos interpela en este contexto de diversidad a ser signos de unidad?», se preguntó el ponente.

Se entiende por cultura «la manera en la que un grupo de personas vive, piensa, siente, se organiza, celebra, comparte la vida». Negar una cultura es tanto como asesinar a un pueblo. «Quiero que la cultura de todos los países sople sobre mi casa tan libremente como sea posible», dijo Gandhi. El carisma de un instituto o congregación religiosa es el determinante específico de su cultura. Es lícito, pues, hablar de una «cultura congregacional».

Es un don de Dios en un mundo global que en un mismo instituto religioso convivan distintas culturas, no sólo porque ese instituto está presente en diversos países, sino porque pertenecen al mismo hermanos y hermanas con su propio y distinto bagaje cultural. La multiculatidad cuestiona a los institutos religiosos en algo medular: «la comprensión y vivencia de la propia identidad carismática». No se trata de que una cultura dominante prevalezca sobre otras y las anule, sino de alcanzar un «‘convivium’ de las diferencias». El encuentro personal y la reciprocidad, la responsabilidad ética y la corresponsabilidad, recrear las pertenencias –sin consentir que sean «porosas» y sin miedo a «establecer relaciones duraderas»– y, sobre todo, ser obedientes a la Palabra de Dios y participar en el Misterio Pascual, es algo ineludible para que un instituto sea un «‘convivium’ de las diferencias».

La multiculturalidad de un instituto religioso tiene sus repercusiones en la forma de gobierno, en la formación tanto inicial como permanente y en el modo de gestionar la economía. «Personas y bienes son el ‘patrimonio común’ del instituto que está al servicio de la misión». Los órganos de gobierno de un instituto multicultural han de ser representativo, más ágil y ha de tener como fin que «la comunidad se sienta unida y rinda apostólicamente». Dado que el «nosotros» congregacional es multicultural, también ha de serlo la formación. La comunión de bienes, finalmente, es «signo profético en este mundo globalizado y egoísta». Cuando celebramos la Eucaristía, «tanta diversidad se hace unidad».


 

 

 

 


(JPG) Ya está a la venta el libro de la 35 Semana de Vida Consagrada, donde podrás encontrar todas las ponencias.
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