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Cuando el "difunto"... ¡está vivo!

Josep Rovira, cmf -

Estamos todavía en Noviembre, mes en que recordamos a nuestros queridos difuntos. Esto ha dado pie a que hayan aparecido en la prensa algunos casos de falsos “difuntos” que estaban todavía vivos. Son casos extremos que ciertamente no suceden todos los días. Es verdad. Pero, también esto ha sucedido, y nos invita a una gran prudencia, respeto y amor.

El “entusiasmo” de algunos en favor de la eutanasia hoy día (y tal vez con igual “entusiasmo” están en contra de la pena de muerte...), puede condenar a muerte a quienes están todavía vivos... Sin olvidar que de vez en cuando hay casos en que los favorables a la eutanasia (cuando se trata de la muerte de otro) lo son para poder heredar: basta pensar en aquellos parientes que “aparecen” solamente cuando el moribundo está para partir..., o los que son favorables a la eutanasia para poder dejar de sufrir ellos, los vivos... Son cosas muy humanas, a veces incluso comprensibles, otras veces simplemente mezquinas. Seamos sinceros.

Sucedió en Bordeaux (Francia). Las primeras palabras de la señora Lydia Paillard, de 60 años, al despertarse después de catorce horas en que no daba señales de vida, fueron: “Me encuentro mucho mejor. He dormido muy bien”. Había ido al hospital para una sesión de quimioterapia; durante la misma, perdió los sentidos y pareció que había muerto. Uno de los hijos, Sergio, dijo que los médicos habían pedido a la familia su consentimiento para suspender todo intento de reanimación. El director del hospital, Yves Noel, afirmó que sus médicos más expertos habían examinado atentamente a la señora y todos la habían declarado clínicamente muerta.

Carlos Camejo, venezolano, vivió una experiencia todavía más inquietante. Carlos se despertó nada menos que estando ya sobre la mesa para hacerle la autopsia, después de declararlo muerto. Cuando le hicieron el primer corte en el rostro brotó sangre roja y viva... ¡estaba vivo!

En Brasil sucedió algo todavía más “cómico”. Ademir Jorge Gonçalves, albañil, fue declarado muerto debido a un accidente de coche...; pero, al día siguiente, se presentó a mitad de su funeral. En realidad, el tal Gonçalves había transcurrido la noche bebiendo en un Autogrill; y cuando supo que le estaban celebrando el funeral corrió a la iglesia para avisar a sus familiares que todavía estaba vivo. No hace falta decir que terrorizó a los presentes, convencidos como estaban de su muerte. En el ataúd había un cadáver..., pero no era el suyo.

Cuando yo era estudiante fui varias veces a pasar parte del verano en Alemania para aprender la lengua. Me hospedaba en casa de una familia y conocí a bastante gente de la ciudad en que me hallaba (Biberach an der Riss). Cuando me ordenaron sacerdote quise enviar a aquella familia y demás conocidos una bendición por fax; pero, debido a la pobreza de mi alemán, resulta que en vez de escribir: os envío mi “erste” (primera) bendición, escribí: mi “letzte” (última) bendición. Mis amigos pasaron un gran disgusto: “Pobrecito, tan joven, recién ordenado, y se ha muerto...”; e hicieron celebrar una Misa de sufragio. No me supo mal: “Todo eso tengo ya por adelantado...”, pensé. Cuando conocí el malentendido, les aclaré la situación, fui a visitarles y celebrarles una “primera” Misa, y... a agradecerles su interés por mi eterno descanso...

El cristiano sabe que hay dos motivos por los que todo ser, y en particular toda persona humana, merece respeto y amor desde su concepción hasta su fin natural. Estos dos motivos son: primero, porque Dios la ama: “... Te compadeces de todos, Señor, porque todo lo puedes / y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. / Amas a todos los seres / y no aborreces nada de lo que hiciste; / pues, si algo odiases, no lo habrías creado. / ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras? / ¿Cómo se conservaría, si no lo hubieras llamado? / Pero tú eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amigo de la vida...” (Sab 11,22-12,2). Y, segundo, porque Dios se preocupó de venir entre nosotros para revelar el verdadero y definitivo significado y meta de nuestra existencia: “... Tanto amó Dios al mundo / que dio a su Hijo unigénito, / para que todo el que crea en él no perezca, / sino que tenga vida eterna. / Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo / para juzgar al mundo, / sino para que el mundo se salve por él...” (Jn 3,16-17).

Y si Dios se ha comportado y se comporta así, y nosotros participamos de su amor (“Dios es amor...”: 1Jn 4,8.16; hemos sido hechos “... partícipes de la naturaleza divina...”: 2Pe 1,4; “... el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado...”: Rm 5,5), lógicamente no debemos comportarnos de manera diversa de como se comporta Él...


Arrivederci!

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icono comentarios 1 comentario

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Comentarios

María Urkola María Urkola
el 30/11/10
Me gustan mucho tus comentarios, sobre todo por la chispa y la gracia que llevan. Con ellos nos haces reir un rato y devuelves la alegría como dice San Pablo: "Estad siempre alegres en el Señor"
Gracias J. Rovira.
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