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Crusty Bread Rolls

Hno. Bill Firman. Traducción Paula Merelo Romojaro -

La vida continúa bien en Sur-Sudán por el momento –y yo creo que continuará probablemente así. Cualquiera que esté recibiendo financiación de un país extranjero tiene una ventaja considerable sobre los demás. Cuando nuestros primeros compañeros llegaron aquí, recibían algo más de dos libras sudanesas por cada dólar. Durante la mayor parte del año pasado, el cambio era de 2,8 ó 2,9. Bastante cercano al cambio actual en los bancos, pero en la calle se pueden conseguir casi 3,5 libras de muchos comerciantes que compran sus mercancías fuera de Sur-Sudán y necesitan dólares. A mí me parece bien. Dame un dólar y yo recibo mucho más por él en la moneda local. ¿Pero qué pasa con los sur-sudaneses que compran usando libras sudanesas, reciben sus sueldos en libras sudanesas y comercian en libras sudanesas? Una lata de guisantes o de judías solía costar cinco libras. En las últimas semanas, el precio ha subido hasta diez. Una naranja, la única fruta disponible en el mercado hoy en día, cuesta dos. El precio de las cebollas casi se ha triplicado. Debe ser muy duro para muchos sur-sudaneses. El precio del diésel y la gasolina se ha duplicado –¡¡pero esto no supone un gran problema porque nadie está disponible para comprar!!

No estoy seguro de si la principal causa es la inflación galopante o más bien la falta de mercancías. Más de la mitad de las tiendas en Malakal han cerrado. Muchos de los comerciantes árabes se han ido de la ciudad –una pena porque este era un lugar donde los civiles musulmanes y cristianos coexistían de forma cooperativa. Los comerciantes árabes han sido siempre muy agradables y de gran ayuda. Nadie sabe si volverán o no. El nuevo país de Sur-Sudán ha decretado que ofrecerá la doble nacionalidad a cualquier ciudadano del Norte que quiera quedarse en el Sur. Por ahora, Sudán se ha negado a ser tan acogedor. Todavía están pendientes muchas negociaciones sobre temas tan cruciales como éste.

Otros asuntos fundamentales que todavía están por resolver son las disputadas regiones fronterizas, la deuda nacional sudanesa y el reparto de los beneficios del petróleo. La mayor parte del petróleo se extrae del Sur y se bombea al Norte para ser refinado y exportado por vía marítima a través de Port Sudán en el Mar Rojo. Pasarán años antes de que Sur-Sudán cuente con su propia refinería y, como no tiene costa, nunca tendrá un puerto con una terminal petrolífera. Sur-Sudán es rico en recursos pero está rodeado. Por esta razón, necesita establecer buenas relaciones con sus vecinos –y parece, al menos por el momento, que ha comenzado bien.

No todos los comerciantes han abandonado la ciudad y no todos los precios se han disparado. Hay bastante carne de vaca disponible en las carnicerías árabes y los pollos congelados parecen no terminarse tampoco. El incremento de los precios en estos productos ha sido mínimo. No ha habido huevos en la última semana pero he oído que van a llegar de nuevo… ¡en algún momento! El panadero etíope que abrió el año pasado y que alegró la vida de muchos gracias a unos panecillos enormes y sustanciosos que hacía ha cerrado y hemos tenido que volver a los bollitos polvorientos y costrosos con muy poca sustancia y nada que les haga parecerse a un panecillo.

Lo que es bastante sorprendente es el número de casas y edificios en general que se están construyendo. Parece obvio que algunos de los que están mejor posicionados están prosperando. Para otros, la inflación es un problema serio. La harina está empezando a escasear. ¿Comenzarán los panecillos a ser todavía más pequeños? Un viaje en taxi en Malakal (ocupar un asiento en un taxi de cuatro personas que sigue una ruta pre-establecida) solía costar una libra. Ahora cuesta dos. Así que no habrá problemas de obesidad aquí entre la gente corriente. La gente corriente caminará todavía más que de costumbre y comerá alimentos todavía más básicos que de costumbre. Sur-Sudán ha llegado a este punto de una forma más pacífica y capaz de lo que muchos esperaban. Yo continúo estando muy agradecido por los panecillos costrosos que aún encuentro en el menú.

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