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Crónicas de un encuentro (Segunda Parte)

Francisco Carín, cmf -
Hoy día de reyes también amanece, pese al frío. Durante este día tuve oportunidad de visitar en Piechen, aldea cercana, el seminario menor con unos 80 estudiantes, la iglesia catedral con los dos obispos, uno retirado y el otro en activo… con 76 años. No está reconocido por el gobierno, pero es querido por todos. El convento de las religiosas y el orfanato, y el centro de formación del laicado.

    El orfanato nació consecuencia de la necesidad. La gente depositaba los bebés en la puerta de la iglesia o del convento de las monjas… especialmente aquellos con malformaciones y las niñas. La gente sabe que los católicos los van a cuidar… por algo se nos conoce en China como la religión del amor. Shen sin es uno de ellos; tiene dificultades motrices, pero es uno de los más listos. Me enseña las facilidades del edificio. Y me digo… ¡ya quisiera yo ser tan fuerte como el! A la menor dificultad me gana la impaciencia y la desesperación… Muchos de los chavales no están, pues en invierno como casi no hay trabajo en el campo los laicos se llevan a sus casas aquellos que se pueden valer algo más por sí mismos, de modo que tengan experiencia de una vida en familia y así también liberan a las religiosas encargadas del centro para que puedan dedicarse a la evangelización, tarea básica del invierno, cuando los campos duermen.

    Vuelta a la Iglesia parroquial, cena y Eucaristía. Concelebro. La misa acaba en torno a las nueve de la noche y hay poca charla. El párroco tiene que madrugar mañana para celebrar la eucaristía del Domingo del Bautismo del Señor. Nosotros, el joven sacerdote Huang y yo, podemos descansar en la mañana, pues celebraremos la eucaristía al mediodía y la tarde en dos aldeas vecinas, una de ellas la de Huang.

    Ocho de la mañana. Podemos escuchar desde la habitación los cantos eucarísticos de la misa matinal. Fervorosos. La misa empezó a las 7:30 y suele durar algo más de hora y media. Entramos al terminar la homilía. Me sorprende gratamente la gran cantidad de fieles, unos 1.200, hombres y mujeres separados a izquierda y derecha según la costumbre. Ser extranjero aquí es ser objeto de miles de miradas, ojos que escudriñan la diferencia y al mismo tiempo la aceptan…. Y eso que ayer noche concelebré con ellos la Eucaristía; aún así soy “rara avis”, recuerdo de un no muy lejano pasado misionero de nubes y claros.

    Tras la eucaristía, desayunamos y nos disponemos a salir hacia una aldea vecina. Pero esta vez, ¡sorpresa! que diga yo la homilía… ¡pero si no la he preparado!... no importa, me dicen, comparte… Hablo chino con cierta fluidez… pero me gusta preparar las homilías. En fin, habrá que confiarse más de lo acostumbrado al Espíritu Santo y al don de lenguas. Pese a la improvisación creo que pude compartir desde el corazón la experiencia de estos días, y su relación con la Navidad y el Bautismo de Jesús. El Dios que se hace hombre, como nosotros, y además como uno de los pequeños. No vino a ser rey, sino libertador; no vino a ser servido, sino a servir y enseñarnos a hacer lo mismo… Y entre este pueblo sencillo esas palabras no son sólo realidad, sino poderosa profecía. El Dios de Jesucristo es el Dios sencillo; una fe sencilla, pero enraizada y firme. Señor aumenta mi pobre fe.

    Se va haciendo tarde, tras despedirme de algunos parroquianos y agradecerles su fervoroso cariño marcho hacia Shijiachuang, ciudad desde donde tomaré de nuevo el tren (por los pelos) y regresaré a Beijing… otro mundo, otra China.
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