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Cooperacion de María a la Salvación

Pablo Largo -

En esta última entrega de la serie sobre María en el misterio cristiano avanzamos más allá de su identidad y destino personal (Inmaculada, madre virginal  del Señor, asunta a la gloria) y nos detenernos en su relación y misión para  con nosotros. Más en partícula    detallamos la función que ejerce actualmente desde su condición gloriosa.

En la comunión de los santos

En la parábola del rico y Lázaro, narra Jesús que el primero, estando ya en el abismo, alcanza a ver  a Lázaro  en el seno de Abraham y entabla un diálogo con el patriarca. Este le dirá: "Entre  vosotros y nosotros se abre una sima  inmensa. Nadie  puede  cruzar  de aquí  para allá ni de allí para acá.. (Le 16,26). No  es esto lo que   confesamos    de   María   glorificada: ella vive plenamente  en "la comunión de los santos",  que  abarca a los bienaventurados y a los que están en vías de salvación.  En  esta comunión hay comunicación en  ambos sentidos.  El  Dios  bendito en sus santos habita  nuestra  soledad y ellos la  acompañan .

En su vida gloriosa, el amor de María a Dios alcanza su ápice y también lo alcanza su amor por nosotros . Su  estado presente no es ya una situación de prueba para ella, y sí de cercanía a los que son probados; no es una situación  en que conoce a un puñado de personas y se mueve entre círculos reducidos de gente: en Dios todos podemos serie personalmente presentes; no es la suya una situación de vida  emperezada  y ociosa, pero  sí lo es de un descanso  y paz Fecundos, pues sigue  cooperando  en  la historia de la gracia.

Podemos, pues , contar con ella, y con ella ha contado el pueblo cristiano, al menos desde que se refugió en ella con la plegaria Bajo tu amparo. Jesús la entregó como madre al discípulo amado (Jn 19,15-27), que no solo representaba a la comunidad juanica, sino a cuantos somos miembros del pueblo de Dios. Acogidos por ella, la acogemos como el Discípulo.

Títulos marianos  

Se han dado a María muchos títulos para designar su función en la economía de la salvación. Unos se refieren más a la cooperación que,  mientras vivía  entre nos­ otros, prestó a  la obra de Cristo: tales son los de Nueva  Eva o  corredentora; otros señalan su   misión actual:  intercesora , abogada ,  madre espiritual,  madre de los vivientes, madre de los fieles , patrona, Señora,  Reina, protectora , mediadora , medianera de todas las gracias, auxiliadora, soco1m, etc. Unos la presentan vuelta a Dios en favor nuestro; otros, inclinada  hacia nosotros. Unos tienen más  prosapia  y mejor  aceptación;  otros,  como el de corredentora, suscitan   reservas   dentro  ele nuestra  misma  Iglesia católica.

En tres momentos del siglo XX se promovió la definición dogmática del título ele mediadora (de todas  las  gracias). Primero fue el cardenal  Mercier, obispo de Malinas. Más tarde,  313 Padres del Vaticano  II  renovaron la pro­ puesta. En el último  tercio ele la centuria , el movimiento   Vox populi Mariae mediatici  reclamó  (y aún reclama) la definición solemne  de los títulos ele corredentora,  mediadora y abogada.

El Concilio orientó su magisterio en otro sentido y rehusó promulgar  dogmas y dictar anatematismos. En las otras dos ocasiones,  comisiones  u  organismos consultados se mostraron reticentes:  porque el magisterio  de la  Iglesia  ha  sido  parco en el uso de títulos como el de corredentora;  porque  se debe precisar  nítidamente el significado  de cada uno  de los títulos propuestos  y  parece  faltar claridad  y precisión;   porque,  ante  la  petición  del cardenal Mercier ele declarar a María medianera de todas  las gracias, se preguntaba  la  Comisión  encargada:¿debemos  incluir la gracia  habitual  y  las  gracias  dispensadas en el Antiguo Testamento?; por­ que un  nuevo dogma parece  inoportuno en el contexto ecuménico actual: hasta  la enseñanza del Vaticano II, que afirma sin ambages la función materna e intercesora ele María en orden a nuestra vida teologal.

Presencias

Podemos  recurrir , con algunos  teólogos, a otro vocablo: presencia.  Confesamos tres grandes presencias  de Dios: su presencia creadora, por la  que mantiene en su ser y actividad el  universo y cada realidad del sistema del  mundo; su presencia redentora,  por  la  que en  Cristo nos reconcilia consigo y nos renueva en lo más hondo,  liberándonos ele nuestra culpa con su  perdón recreador; su presencia santificadora, por la que el Espíritu   nos integra en la vida de la comunidad ele los redimidos.

La presencia ele María es ele otro  or­ den: ella, al igual que nosotros , es  una criatura, una redimida, una  santificada; pero no diluyamos su  singularidad: es nuestra madre en el  orden ele la gracia (LG 61) y su  maternidad perdura desde la  Anunciación hasta la consumación ele los elegidos (LG 62). No esquiva la  vecindad con este pueblo  peregrinante,  es contemporánea suya y lo acompaña. San Germán de  Constantinopla le declaraba:

Tú visitas a todos, y tu visitación  y cuidado, Madre de Dios, alcanzan a todos . Aunque nuestros ojos están privados ele verte a ti, la Todasanta, tú habitas en me­ dio ele todos, y te manifiestas de  distintas  formas  a  cuantos  son  dignos de ti. [...].  Creemos  que tú  caminas  codo con codo con  nosotros.  En  verdad,  en  verdad, te digo lleno de gratitud: aunque ya te marchaste,  no  te separas sin embargo del pueblo  cristiano. [. ..] Te acercas a los que te  buscan  con fidelidad".

Múltiples  testimonios  personales   hablan ele la presencia de María en  caminos de acceso desde la increencia  a la fe, en victorias sobre la tentación,  en itinerarios de vuelta a la Iglesia , en experiencias místicas , en la  fundación e historia ele  Congregaciones   y de Movimientos, en la actividad  misionera. En unos casos aparece como  la madre que reúne, con­ tribuye a  crear un clima fraterno, ampara y  cuida; en otros suscita la entrega a Dios y los múltiples servicios de la cari­ dad, entre ellos la actividad misionera.

Insistimos en esta última . El Sínodo sobre la Nueva  Evangelización  y el papa

Francisco nos urgen a ser Iglesia en salida,  hospital de campaña,  no  Iglesia replegada sobre sí y encerrada  en sus cenáculos. Grandes misioneros percibían a María como la  mujer combatiente contra los poderes hostiles (cf. Gen 3,15) y se entendieron  a  sí  mismos  como  instrumentos suyos en esta contienda  sin tregua; también la han sentido como estrella de la evangelización.

Conclusión

María, la madre misericordiosa que intercede ante Dios obteniéndonos los dones de la salvación, está activamente presente en nuestra historia: en el  Espíritu de  Cristo Jesús  y  cooperando  con este Espíritu, es modelo irradiante y  atrayente de vida  teologal , contribuye  a nuestra generación y educación espiritual,  ampara ,  acompaña,  impulsa. Lázaro no podía, mojando la punta  del dedo, ir a refrescar la lengua  del rico; a María la hemos cantado  como la nubecilla  del Carmelo: impetra  para nosotros  el rocío del Espíritu .

Pablo Largo, cmf

 


Publicado en la revista "Iris de Paz"

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