Salvador León Belén - Martes 04 de Agosto del 2009
Desnudos vinieron al mundo y desnudos continúan yendo. Desnudos amanecen a la luz y desnudos llegan a la oscuridad que les arropa en la noche. Desnudos, bien atados al suelo, caminan en el día mendigando pan, afecto, cobijo, asiento y arrimo. Permanecen silenciosos.
Imposible huir de ellos y más aún pasar de largo sin detener la mirada. Dejan huellas de rabia, dolor, bondad, inocencia, libertad...Buscan un hogar donde descansar. Son como el viento que no puede ser capturado ni enjaulado. No entienden de consumo y opulencias. Su único lenguaje, la libertad; su casa, los tesoros de los caminos; su verdad, el silencio; su dolor, las telarañas que tienen nuestros ojos que nos impide ver que están ahí, que nos hablan, nos llaman, nos interpelan.
No nunca podré aguantar la mirada,porque me siento culpable.
Culpable de tener más que ellos.
Culpable por desconfiar en las instituciones por medio de las cuales podría ayudar.
Culpable por hacer demaciado poco por ellos,sabiendo muy bien que son mis hermanos,iguales en derechos.
Culpable,.................porque realmente SOY CULPABLE