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Cómo todo puede tener un final feliz

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano, cmf) -

Hay una frase en los escritos de Juliana de Norwich, la famosa mística del siglo XIV y quizás la primera de los teólogos en escribir en inglés, que es citada sin fin por predicadores, poetas y escritores: "Todo irá bien, y todo irá bien, y toda clase de cosas irán bien".  Es su enseñanza característica.

Todos entendemos por intuición lo que eso significa. Es nuestro fundamento para la esperanza. Al fin, la buena voluntad triunfará. Pero la frase adquiere un significado añadido cuando se ve en su contexto original. ¿Qué es lo que Juliana trataba de decir cuando acuñó esa frase?

Ella estaba luchando con el problema del mal, del pecado y del sufrimiento: ¿Por qué Dios los permite? Si Dios es todoamoroso y todopoderoso, ¿qué explicación posible puede haber para el hecho de que Dios nos deje sufrir, nos deje pecar y deje que el mal esté presente en todo el mundo? ¿Por qué Dios no creó un mundo sin pecado, donde todos fuéramos perfectamente  felices desde el nacimiento en adelante?

Juliana había oído bastantes sermones en la iglesia para saber la normal respuesta apologética a eso, a saber, que Dios lo permite porque Dios nos dio el gran don de la libertad. Con eso viene la inevitabilidad del pecado y todas sus tristes consecuencias. Esa es una respuesta válida, aunque uno lo ha visto con frecuencia como demasiado abstracto para ofrecernos mucho consuelo cuando estamos sufriendo. Pero Juliana, a pesar de ser una hija leal de la iglesia y de haber sido educada en esa respuesta, no la sigue. Ella ofrece algo diferente.

Para ella, Dios permite el mal, el pecado y el sufrimiento porque Dios los usará al fin para crear para todos un modo más profundo de felicidad de lo que habrían experimentado si el pecado, el mal y el sufrimiento no hubieran estado allí. Al final, esto negativo funcionará en favor de la creación de algo positivo más profundo.

Dejadme citar a Juliana en el original (el inglés medieval en que ella escribió): Jesús, en esta visión me informó de todo lo que yo necesitaba que me fuera respondido por esta palabra y dijo: El pecado es necesario, pero todo resultará bien, y todo resultará bien, y todo género de cosas resultará bien.

Ella nos comunica que Jesús dice que el pecado es “behovely”. En inglés medieval, behovely tiene tres connotaciones: “útil”, “ventajoso”, “necesario”. En su visión, el pecado, el mal y el sufrimiento son al fin ventajosos e incluso necesarios al traernos a un sentido más profundo y una felicidad más grande. (No diferente de lo que cantamos en nuestro gran himno de Pascua: Oh feliz culpa, oh necesario pecado de Adán).

Lo que Juliana quiere que saquemos de esto no es la idea de que el pecado y el mal son de pequeñas consecuencias sino más bien que Dios, siendo tan inimaginable en amor y poder, es capaz de sacar buenas cosas del mal: felicidad, del sufrimiento; y redención, del pecado, de un modo que no podemos comprender. Esta es la respuesta de Juliana a la pregunta: ¿Por qué Dios permite el mal? Ella responde no contestando, porque, en esencia, nunca puede ser imaginada una respuesta adecuada. Más bien, coloca la cuestión en una teología de Dios, en el cual, más allá de lo que podamos imaginar hoy por hoy y más allá de lo que la teología puede explicar de hecho, el poder y el amor de Dios harán al fin todas las cosas bien: enjugar toda lágrima, redimir todo mal, borrar todo mal recuerdo, descongelar todo corazón frío y convertir en felicidad todo tipo de sufrimiento. Hay incluso una insinuación en esto de que el triunfo final de Dios será vaciar el infierno mismo, de modo que, de verdad, absolutamente todo tipo de ser resultará bien.

En una siguiente visión, Juliana recibió de Dios cinco veces la seguridad de que Dios  tiene facultad, puede, quiere y hará bien todas las cosas, y nosotros mismos lo veremos.
Todo esto es afirmado, por supuesto, en un concepto particular de Dios. El Dios en el que Juliana de Norwich nos invita a creer es un Dios que está precisamente más allá de nuestra imaginación en poder y amor. Cualquier Dios que podemos imaginar es incapaz de hacer bien todo tipo de ser (como muchos críticos ateos ya han señalado). Esto, no exactamente verdadero en términos de querer imaginar el poder de Dios, es particularmente verdadero en términos de querer imaginar el amor de Dios. Es inimaginable en nuestra condición humana presente pintar a alguien, Dios o humano,  que no pueda ser ofendido, sea incapaz de airarse, no tome en cuenta nada contra alguien a pesar del mal que éste pueda haber perpetrado, y que (como Juliana describe a Dios) esté completamente relajado y tenga un rostro como una maravillosa sinfonía. El Dios de nuestra imaginación, reforzado por cierta falsa interpretación de la escritura, se ofende, se aíra, toma venganza y hace frente al pecado con rabia. Tal Dios es incapaz de hacer bien todo tipo de cosas. Pero tal Dios tampoco es el Dios que reveló Jesús.

Si estuviéramos para mirar en los ojos de Dios, dice Juliana, lo que veríamos allí “derretiría nuestros corazones con amor y los partiría en dos con éxtasis”.   

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icono comentarios 4 comentarios

Comentarios

Pequeña Pequeña
el 15/1/18
Encuentro que la idea de que Dios puede y quiere hacer bien todo consiste, entre otras cosas, en respetar las consecuencias de lo que elegimos hacer.
La libertad como gran don de Dios es precisamente ese gran consuelo y esperanza que necesitamos en el sufrimiento: sea lo que sea lo que nos pase, por terrible y doloroso que pueda ser; sea cual sea el mal que nos hayan hecho o que hayamos hecho nosotros, siempre podremos elegir creer que Dios Amor triunfa y nos salva, y que sí, que sacará bien de ese sufrimiento y ese pecado si lo reconocemos como tal pecado, aunque lo hayamos cometido nosotros.
Esta libertad forma parte de ese habernos creado a imagen y semejanza suya por puro amor.
La libertad que disfrutamos es parte de esa impronta, de la huella de su ser en el nuestro. Lo que hace ... » ver comentario
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eleazar eleazar
el 16/1/18
Si no hubiese pecado seríamos ángeles. Llegas a querer, a veces aún mas, a tus animales domésticos, cuando, dejándose llevar por su instinto, se comportan como animales. Supongo que Dios es capaz de reconducir todo y que aún en todos mis errores salvará lo que de bueno pueda haber en ellos. Si no es así vamos listos. Pero vino a decirnos precisamente eso que nos quiere como él quiere, y su amor no se puede medir.
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Martha Martha
el 19/1/18
La idea de Juliana me llena de alegria y paz el hu-
mano Corazon conque naci y a medida de ir avan-
zando en el camno de mi vida e ir viendo tanta mal-
dad, injusticias, egoismos se fue llenando de dudas,
por que Dios permite esto, aqello, todo....? ahora ,yo
siempre he conocido el inmenso amor de Dios hacia
nosotros los humanos, su misericordia infinita para
los pecadores, sin importarle que clase de pecado
es el cometido, lo unico que necesita es el regreso
a casa de aquel hijo perdido que vuelve cn una feli-
cidad nunca conocida a plenitud como lo es ahora
despues de su arrepentimiento de vivir en pecado.
Saludos.......
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AUGUSTO AUGUSTO
el 20/1/18
Cuando nos engendraron fuimos concebidos con el pecado original de nuestra generación perversa y estamos en manos de los actos de los demás comenzando por los de nuestra madre, viviendo en el mundo primero por el camino involuntario de la inocencia hasta que elegimos, con el libre albedrío, la senda de nuestros actos. Solo por la riqueza de la misericordia de Dios, por el grande amor con que nos amó a pesar de nuestros delitos nos vivifica en Cristo Jesús nuestro Señor que es la verdad y la luz y la vida. Por gracia hemos sido salvados y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos; por eso debemos convertirnos en el Evangelio de Cristo nuestro Salvador y Redentor. Por la gracia hemos sido salvados mediante la fe; y esto no viene de nosotros, sino que es un don de Di ... » ver comentario
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