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Como si fuese verdad

Mª del Mar Alhajar i Viñas (Revista Vida Religiosa) -

    Una de las cosas que me sorprendió cuando llegué a esta tierra californiana es la cantidad y variedad de iglesias que hay, y sobre todo su vitalidad. Buena gente me había hablado de la "pagana California" y hasta me habían prevenido que este lugar era el sitio ideal para perder mi fe. Lo que no debían saber es que yo sabía lo que es vivir en tierra pagana. No tanto porque mi país sea especialmente pagano sino porque el paganismo real es el que llevamos dentro.

    Llegué aquí un viernes después de un largo vuelo y, antes de dejarme en casa, me mostraron donde podía ir a misa. Así que el domingo por la mañana fui a la parroquia que me habían enseñado. La iglesia, nueva y grande, se llenó. La mayoría gente joven y parejas de mediana edad. A la izquierda del altar un coro de unas veinte personas, más guitarra, clarinete, percusión y una pianista frente a un maravilloso piano de cola.

    Lo que más me llamó la atención es que la gente estaba en misa "como si la celebración fuese verdad", respondía como si las palabras estuvieran dirigidas a cada uno de ellos en ese momento. Con gestos, cantos y las oraciones espontáneas se establecía un continuo diálogo entre celebrante y asamblea. Buena gente se preocupaba por mi fe y me ayudaron a recordar que la fe tiene menos que ver con la seguridad que con la confianza en una relación. Y es que la fe, que vivimos en comunidad, es el coraje de aceptar la amistad con Dios. No somos amigos de fotos, ni de cuadros, ni de imágenes, sino de las personas con las que nos relacionamos. Personas en las que confiamos, con las que compartimos, crecemos, cambiamos. La fe, como la amistad, va del maravilloso don del amor en el que descansamos, donde no necesitamos caretas y por eso podemos crecer y abrirnos y ser cada día más quien somos en realidad.

    Natham Mitchell dice que la salvación empieza cuando comenzamos a liberar nuestra imaginación del amuermamiento preternatural. Es decir, cuando nos atrevemos a soltar el pasado para vivir el presente, cuando nos atrevemos a abrir nuestras medidas al infinito de Dios.

    Paganismo es adorar otros dioses. Esto es lo que hacemos cada vez que en lugar de confiar a Dios nuestros miedos, odios, alegrías y sueños, preferimos confiar justamente en ellos, o en nuestros planes, o en nuestras ilusiones de autocontrol o en nuestras ideas de siempre. Dios sigue estando ahí, en cada instante, invitándonos a soltar y entrar en nuestra Galilea donde nos espera, ofreciéndonos su amistad, para vivirla como si fuese verdad.

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