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COMENTARIO SEGLAR AL EVANGELIO. Domingo 26 de Octubre de 2008

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EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san  Mateo 22,34-40
Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?" Él le dijo: ""Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser." Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas."

DESDE EL TERCER MUNDO
(mujer, soltera, profesional, seglar del tercer mundo, comprometida con la promoción de su pueblo, pertenece a grupo cristiano)
 
"Los grandes sufrimientos que aquejan a estos países del tercer mundo, aunque de manera inversa, se encuentran muy relacionados con estos dos mandamientos. No amamos a Dios sobre todas las cosas porque simplemente tampoco amamos a nuestro prójimo.

No es posible cumplir este mandamiento cuando la comida, que tanta falta hace en tantos países, se quiere convertir en combustible, cuando se anteponen los intereses de los paises poderosos a las necesidades de los paises pobres, cuando no se quiere ver la miseria de tantos millones como un asunto que nos incumbe a todos o cuando no se quiere reconocer que en buena medida el dolor y sufrimiento de muchas personas se acentúa con mi silencio y mi indiferencia.

En relación con este texto se encuentra otras palabras de Jesús cuando dice: "como puedes amar a Dios a quien no ves y no a tu hermano que si lo ves". No podemos hablar de amar a Dios sobre todas las cosas cuando mi prójimo se muere de hambre y necesidad ante nuestros ojos".

DESDE LO SINDICAL
(mujer, casada, con dos hijos, trabaja, pertenece sindicato y a grupo cristiano)

Un trabajador, salvo que sea él mismo la empresa, no realiza un trabajo individual ajeno e independiente del trabajo de otros. Todos, en mayor o menor medida interrelacionamos nuestros trabajos y dependemos de que nuestros compañeros desempeñen sus tareas para poder nosotros hacer las nuestras. Así, procurar tratar a nuestro compañero con afecto y respeto, facilitarle su trabajo del mismo modo que él también facilita el nuestro, hacer entre todos que la empresa prospere y que trabajar sea un motivo de alegría… son formas de aplicar en el trabajo esta respuesta de Jesús: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
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DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

¡Qué fácil parece amar a Dios y qué difícil es amar al prójimo! Porque desde nuestro ser egoísta cuando los amigos nos hacen todo lo que nos gusta, estupendo. Pero cuando nos exigen, nos cuestionan, ése ya no es mi amigo. O por lo menos eso es lo que dicen nuestros hijos ¿no? Desde el descubrimiento de la amistad infantil pasando por la adolescente pueden llegar a construir un amor maduro, generoso, recíproco. Ése es el primer paso, porque hay que ir más allá. Amar al prójimo es amar a toda persona. Aunque ese compañero de clase no les caiga bien, hay que buscar sus cosas buenas. Aunque viva lejos, buscar aquello que nos une. Aunque sea de una raza diferente o hable otra lengua intentar comprendernos. Quizás si logramos que nuestros hijos aprecien la riqueza que suponen las diferencias comiencen a amar a su prójimo.

DESDE LOS MÁRGENES DE LAJUSTICIA
(matrimonio, con un hijo, trabajan ambos en tribunales de justicia, pertenecen a grupo cristiano)

  “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”: un mandamiento tan fácil de entender como difícil de cumplir. Si no, preguntémonos cómo es posible que en la calle siga viviendo tanta gente carente de lo más elemental. ¿Permitiríamos acaso que a una persona a la que amamos la vejasen o agrediesen por el simple hecho de ser diferente? Si las amásemos como a nosotros mismos, ¿consentiríamos que durmiesen y pasasen hambre apenas a unos metros de nuestras casas? ¿Dejaríamos que sufriesen en silencio la enfermedad y el dolor que causa la soledad? No niego que las preguntas tienen algo de demagógico, pero no por ello deberíamos dejárnoslas de preguntar si pretendemos llevar a la práctica el mandato de Jesús. Él mejor que nadie predicó con el ejemplo. Afortunadamente, tampoco faltan personas que con su estilo de vida nos muestren que no hablamos de una utopía, y es que, para un cristiano, no basta con la limosna o el sentimiento de lástima.
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DESDE LAS RELACIONES PERSONALES
(matrimonio,trabajan ambos, pertenecen a grupo cristiano)

“Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Claro y concreto. ¿Cómo deben ser nuestras relaciones personales con los demás? Jesús da una respuesta precisa. “Ámalo”. Pero no de cualquier modo, sino hasta el extremo. Todo lo bueno que quieras para ti, quiérelo para “tus hermanos”. Todo lo que no quieras que te hagan, no se lo hagas a ellos. Todo lo que no quieras que te pase, no se lo desees a los demás… Sencillo en la expresión… difícil en la ejecución. ¿Por qué nos cuesta tanto amar al prójimo como a nosotros mismos? ¿Por qué a la primera de cambio nos enojamos, lo criticamos, lo rechazamos…? Quizás la respuesta está en el primero de esos mandamientos: “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”. Solo con Dios como centro de nuestra vida, podemos tener ese amor extremo al hermano. Y el camino más fácil para llegar a sentir y amar a Dios, es el propio Jesús. Su ejemplo, su Palabra. El Evangelio es la respuesta a todos los “enigmas” de amor al hermano.

Ayúdame Padre Dios a amarte con todo lo que soy, para desde Ti hallar la sabiduría que me lleve a amar a mi prójimo.

DESDE LO SOCIAL
(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

Qué dificil me resulta a mí amar a Dios en esas épocas en las que, por las causas que sea, Dios no es una presencia viva y fuerte en mi corazón. Y como consecuencia, qué cuesta arriba se vuelve también todo lo demás, el amor al prójimo, las tareas cotidianas laborales o familiares, y no digamos ya los distintos frentes de compromiso social. Todo se convierte en una carga áspera y pesada, por más que sepa que se trata de mi deber, y que no se trata de cumplir los mandamientos sólo cuando "me sale" fácilmente.

Ocurre que nuestro Dios de los cristianos no es una idea, ni una suma de conceptos abstractos, ni mucho menos una filosofía de vida "a nuestra medida". Es el Dios bíblico, el de Abraham, el de Jesús y también el de los apóstoles y las primeras comunidades: un Dios que cuida, consuela, guía y acompaña, pero que también desconcierta, inquieta y desinstala. Es una persona, y sabemos que no resulta posible amar íntimamente a ninguna persona a la que no se ha llegado a conocer bien. Y con Dios nos sucede lo mismo: si no lo frecuentamos, si no estrechamos la intimidad con Él, su presencia se va diluyendo en nosotros, hasta que amarlo se convierte en un "mandamiento" difícil, cuando debería ser ante todo y sobre todo nuestra respuesta natural y agradecida a su amor primero, incondicional y gratuito, a cada uno de nosotros.
Fue Karl Rahner quien dijo, refiriéndose ya a nuestra generación, que "el cristiano del mañana será un místico, uno que ha experimentado algo, o ya no será nada". Para mí esto significa que no podré seguir de verdad a Jesús hasta que Dios no haya llegado a ser mi "Abbá", como antes fue el suyo propio. Hasta que Dios no sea mi Papá querido, tierno y misericordioso, es probable que toda mi vida evangélica no sea más que un puro ejercicio de voluntarismo, con más o menos éxito según las épocas. Pero sabemos que el Reino de Dios no se conquista ni se puede llegar a merecer: hemos de abajarnos hasta llegar a saber recibirlo como un regalo, como puro don de Dios. Cuando aprendamos y consintamos en dejarnos amar por Dios, como hizo Jesús, el mandamiento primero será puro gozo agradecido.
Yo le doy gracias a Dios porque Él tomó y toma siempre la iniciativa en el amor. Y le pido que nos ayude a vaciarnos de todo lo que, en nosotros, estorbe su toma de posesión de nuestros corazones.

DESDE LOS SIN TECHO
(hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”: un mandamiento tan fácil de entender como difícil de cumplir. Si no, preguntémonos cómo es posible que en la calle siga viviendo tanta gente carente de lo más elemental. ¿Permitiríamos acaso que a una persona a la que amamos la vejasen o agrediesen por el simple hecho de ser diferente? Si las amásemos como a nosotros mismos, ¿consentiríamos que durmiesen y pasasen hambre apenas a unos metros de nuestras casas? ¿Dejaríamos que sufriesen en silencio la enfermedad y el dolor que causa la soledad? No niego que las preguntas tienen algo de demagógico, pero no por ello deberíamos dejárnoslas de preguntar si pretendemos llevar a la práctica el mandato de Jesús. Él mejor que nadie predicó con el ejemplo. Afortunadamente, tampoco faltan personas que con su estilo de vida nos muestren que no hablamos de una utopía, y es que, para un cristiano, no basta con la limosna o el sentimiento de lástima.
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