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Comentario desde Buenafuente Domingo XXI de Tiempo Ordinario

Angel Moreno -

En el día en el que nos visita el Papa Benedicto XVI para clausurar la Jornada Mundial de la Juventud, la Providencia se manifiesta en las lecturas litúrgicas de este domingo, en las que de manera coincidente y en concordancia de unos textos con otros, se nos revela el poder que Jesús ha querido entregar a Pedro y a la Iglesia, de manera especial el poder de perdonar los pecados.

La gran celebración penitencial en el Parque del Retiro madrileño, la “fiesta del perdón”, ha sido un testimonio del servicio más entrañable de la Iglesia y de sus ministros, el ministerio de la reconciliación. Sobrecoge la voluntad explícita que ha tenido Jesús de entregar un poder divino a los hombres. – “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.

El profeta Isaías nos ofrece una imagen que evoca el pasaje evangélico: “Aquel día llamaré a mi siervo, a Eliacín, hijo de Elcías: le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda, le daré tus poderes; será padre para los habitantes de Jerusalén, para el pueblo de Judá. Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá”.

La experiencia del perdón nos lleva a reconocer con el salmista: “Te doy gracias, Señor, de todo corazón. Por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera a tu fama. Cuando te invoqué me escuchaste, acreciste el valor en mi alma”. Y con San Pablo exclamamos: “¡Qué abismo de generosidad, de sabiduría y de conocimiento el de Dios!”

No arrastres por el camino de la existencia el peso de tu debilidad;  el que acude a la mediación sagrada del perdón recupera la libertad interior y goza de la paz del corazón.
No caigas en el argumento narcisista negativo de pensar que tú ya no tienes remedio, y que no será sincera tu súplica, si vuelves a tropezar. Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces tenía que perdonar, y el Maestro le indicó que setenta veces siete.

No dudes de la gracia sacramental. El desahogo psicológico, la distracción evasiva, la relativización de los hechos, la normalización legal de la conducta no te darán respuesta total a la herida del alma. Sólo el perdón de Dios, celebrado históricamente, concede a la conciencia no quedar secuestrados en el ayer y poder comenzar de nuevo.

Hoy puedes gustar, si con humildad reconoces tu pecado, la fuerza de la Palabra más liberadora: “Perdonados te son tus pecados, vete en paz”.

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