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Ciudadanos Repsol

Juan Luís Rodríguez -

El pasado miércoles 14 de mayo de 2008, se reunía la junta de accionistas de Repsol YPF para celebrar que esta compañía tuvo el año pasado unos beneficios record de 3.188 millones de euros.

(JPG) Isabel Tamarit, responsable del Programa del Sector Privado de Intermon Oxfam, intervino en esta junta. Hablaba en nombre de cuatro fondos de inversión y 900.000 acciones. Esas 900.000 acciones dan derecho a hablar, representan el 0,06% del capital social, aunque el poder real que supone en la compañía es muy reducido.

La junta de accionistas tuvo que escucharla. Todo ese grupo de señores de extraordinario aspecto exterior tuvo que escuchar a esta señora decir, entre otras cosas, que “Repsol no respeta derechos básicos internacionalmente reconocidos a las poblaciones indígenas”.

Sin duda, muchos de ellos se habrían levantado y se habrían marchado para no tener que oír semejante discurso con “Poder Cero”.

Otros tantos, los más aventajados, los que de verdad comprenden que la compañía debe nutrirse de ese Marketing Social que les proporciona el hecho de que se les asocie mediaticamente con Intermon Oxfam y que la galería escuche como Repsol YPF da un lugar a una persona como Isabel Tamarit, sonreían levemente, simulando escucharla con atención.

Cuando ella terminó no hubo aplausos. Esos señores observaban con cuidado disimulo si los compañeros más cercanos iniciaban un aplauso para rápidamente sumarse a él. No por convicción, sólo por no quedarse fuera. Pero no hubo aplausos.

Asuntos relacionados con el Respeto al Ser Humano, el Derecho a una Vida Digna y Libre, la Ecología, la Justicia Social, la Responsabilidad Social Corporativa... no obtuvieron ni un aplauso por cortesía por parte de ese grupo de señores, supuestamente de elevado estrato social.

El discurso y los principios que la Sra. Tamarit artículaba habrían hecho aplaudir con entusiasmo a la mayoría de los ciudadanos de este país y de otros muchos países de este planeta. Habría arrancado aplausos convencidos y apasionados de una ciudadanía sin privilegios, asqueada de soportar el autoritarismo económico, los caprichos y, en última instancia, los trastornos mentales de estos grupos de señores que día a día colaboran para que este mundo sea un lugar un poco peor.

El estilo de vida de estas personas; grandes accionistas, grandes ejecutivos, grandes propietarios, grandes poseedores de riqueza económica y material, no tiene nada que ver con la ecología.

Sus numerosos, potentes y lujosos coches, jets y barcos, no tienen nada que aportar al equilibrio del planeta, sino a su desequilibrio.

Sus numerosas propiedades inmobiliarias nada tienen que ver con el respeto al medioambiente y el consumo responsable, sino todo lo contrario.

El elevado tren de vida y consumo que se jactan de poseer a través de sus ostentosidades nada tiene que ver con la Solidaridad, el valor posible de lo que el trabajo proporciona y el Reparto Justo de las Riquezas, sino todo lo contrario; está relacionado con la Especulación, la Explotación, la Fuerza, la Falta de Respeto, el Abuso y una serie de valores que, desde mis años en la Escuela Pública, me enseñaban que no hacían mejores a las personas.

Sinceramente; a estos sujetos deberíamos ensuciarles con emanaciones procedentes del petróleo en bruto el agua que beben ellos y sus familias. Deberíamos hacerles temblar y derruir sus viviendas al estilo en que, el negocio del que participan, hacen con poblados enteros de personas indefensas. Deberíamos desplazarlos, quitarles sus fuentes de vida y sustento, sin ninguna compensación, al estilo de cómo hacen ellos.

Estos señores, estas corporaciones cada vez más poderosas según una infinidad de especialistas, fuentes y Organizaciones a todos los niveles, sólo participan día a día de la Fuerza y no de la auténtica Democrácia.

Solo participan día a día de hacer a las personas más pequeñas y peores, no mejores y más desarrolladas.

Y el Marketing Social no va a venir a corregirlos, sino más bien a encubrirlos y maquillarlos para que tengan buen aspecto.

Y ninguna clase política, sobornada y anestesiada por sus sustanciosos salarios, los cuales los alejan de la realidad y problemas de la mayoría de los seres humanos, va a venir a corregir la situación.

Tendremos que ser los Ciudadanos, como casi siempre, los que nos ocupemos de los Avances Sociales.

3.188 millones de euros (beneficio record) ha ganado Repsol YPF el año pasado. Y lo han celebrado sin ningún tipo de pudor. Y como ellos, grandísimos beneficios han obtenido también las multinacionales de las telecomunicaciones, bancos e instituciones financieras, energía, inversionistas y especuladores...

Y a ningún Ciudadano, incluidos los indígenas, hay que explicarle cual inversa es la situación en su vida y su familia.

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