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Ciencia, persona y fe cristiana

Pablo Largo Dominguez, cmf -
Hay diferentes clases de lenguajes o discursos. Aunque la división que vamos a señalar se preste a debate, apuntamos los siguientes: el científico, el filosófico, el religioso, el ideológico y su “propaganda”. Este libro del Profesor Ildefonso Murillo, Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, tiene presentes los cuatro géneros señalados.
 
La obra está dividida en cuatro grandes apartados: ciencia y futuro de la filosofía; las fronteras de la ciencia; implicaciones éticas de la ciencia; la ciencia ante el horizonte religioso. Como puede advertirse, es la actividad científica la que se somete a examen y la que se pone en relació con los otros “discursos” o palabras.
 
¿Qué da de sí la ciencia?, ¿qué se le puede pedir, y qué no?, ¿qué género de peligros puede entrañar la actividad científica unida a la técnica?, ¿está sujeto el científico, en el ejercicio de su profesión, a reglas y responsabilidades éticas?
El Prof. Murillo señala la contribución de la ciencia y la técnica a la vida y la libertad del hombre en distintos órdenes: su poder liberador respecto de ciertas “esclavitudes” del trabajo doméstico, o propias de la fabricación de productos; la victoria sobre enfermedades; la ampliación de las posibilidades de de conocimiento y de comunicación; la disolución de supersticiones.
 
El autor insiste en la neutralidad ética de los resultados de la investigación, pero con igual fuerza destaca que la actividad científica no lo es y que no lo son las líneas de investigación que se promueven. Depende de juicios de valor; depende de intereses, legítimos o ilegítimos, que tienen los poderes políticos y sociales; depende, por tanto de opciones y de decisiones de quienes financian los proyectos científicos. Que se lo pregunten, si no, a las industrias farmacéuticas.
 
Hay un orden de preguntas ajenas a la ciencia en cuanto tal. Son las últimas preguntas: ¿De dónde viene el universo?, ¿a dónde va?, ¿qué es?, ¿de dónde viene el orden de la naturaleza? El autor aboga repetidas veces por una filosofía sapiencial y por una ética sapiencial, o por una razón sapiencial. La filosofía puede desempeñar un papel de mediación en el diálogo entre la ciencia y la fe, es decir, entre científicos y creyentes.
 
Los textos son de desigual amplitud. Los más amplios (como “Ciencia y Ética”, o “Razón científica y Fe cristiana”, o “Crítica moderna de la esperanza cristiana”) son los que le permiten ahondar en las cuestiones; los más breves esbozan el marco de ideas y reflexiones en que se mueve y la dirección de pensamiento en que se orienta. En todos se destaca la claridad expositiva, la amplitud de la información, la voluntad de integración de los distintos discursos cuya validez acepta o reclama el autor, la vinculación de su pensamiento con el de los grandes clásicos de la filosofía de Occidente.
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