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Carta del Monasterio de Buenafuente - Encuentro de Noviembre

Hermanas de Buenafuente -

Monasterio Cisterciense Madre de Dios
Buenafuente del Sistal


Buenafuente, 8 de noviembre de 2005
Queridos amigos:

\"\"El día cinco de octubre celebrábamos la Eucaristía de Acción de Gracias y Petición de Perdón a Dios. Era como el colofón del tiempo de acogida intensa por nuestra parte, a todos los que en este verano habéis pasado por aquí para hacer vuestros ejercicios espirituales.
La comunidad, durante la semana del 24 al 31 de octubre, tuvimos unos días intensos en camino de soledad de comunión, oración y silencio para la escucha atenta de la Palabra; fueron nuestros ejercicios espirituales dirigidos por el P. Jaume Boada (Dominico). Han sido días de acoger en nuestro interior las mociones del Espíritu, que nos va llevando de la Betania de nuestro corazón, al encuentro con Dios-Padre, con su Amor. Realmente Dios, en cada proceso de nuestra vida, nos va guiando por caminos de Amor, nos acoge y nos cubre con el manto de su ternura; nosotros debemos  estar simplemente, estar dispuestos a hacer la voluntad de Dios Padre abriendo nuestro corazón a aquello que Él nos pida en cada momento.
Solamente podemos dar gracias a Dios por el don de la llamada que nos hace a aceptar vivir escondidas con Cristo en Dios y por la mediación de nuestros hermanos que nos llevan a acercarnos más a Él.
El uno de noviembre, junto con toda la Iglesia, celebrábamos el día de Todos los Santos: una multitud de hermanos y hermanas que nos acompañan más allá de las barreras del tiempo y del espacio. Se nos invita a ser conscientes y desear la compañía de todos los Santos que han sido marcados con el Sello del Señor y que velan por cada uno de nosotros. Se debe encender en nuestros corazones el deseo de que, como en ellos, en nosotros se manifieste también Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él revestidos de su gloria. Deseemos esta gloria con afán seguro y total, aspiremos a los bienes del cielo y no a los de la tierra.
La liturgia sitúa esta festividad junto a la conmemoración de los fieles difuntos: todos nuestros seres queridos acogidos por la misericordia infinita de Dios Padre. Sí, porque nosotros, los creyentes, sabemos y creemos que la muerte no es el final de la existencia humana, sino la entrada en una condición de vida nueva y definitiva: en Dios y con todos los redimidos. Por todo esto rezamos hoy aquí con vosotros.
El año litúrgico va llegando al final y la Iglesia lanza una mirada de fe hacia “las verdades últimas” para subrayar los principios fundamentales de la sabiduría cristiana y humana. Tenemos que hacer de la Palabra de Dios el principio que oriente nuestra vida, estar preparados y ser previsores, sin olvidar que somos peregrinos del Señor.
Seamos fieles al Señor e invirtamos esos talentos que Él nos entrega a cada uno en servicio a los hermanos y en fidelidad continua a Dios, a la escucha de su Palabra, a la celebración de la Eucaristía y la participación de los sacramentos… Todo ello, hermanos, hará fructificar el talento recibido.
Y sobre todo, no nos cansemos de dar gracias a Dios y de pedirle continuamente que sea él quien conduzca nuestra vida.


Unidos en la oración

Vuestras hermanas de Buenafuente
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