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Carta de noviembre 2010

Hermanas de Buenafuente del Sistal -

Queridos Amigos de Buenafuente:

El día 2 de noviembre, conmemoración de los Fieles Difuntos, en el encuentro mensual de oración que celebraremos en Madrid, encomendaremos de manera especial a tantos amigos que nos han precedido en la fe. Seguimos convocándonos en la calle Príncipe de Vergara 88. A las 19,00h., tiempo de oración; 19,30, tema de meditación; 20,00h., celebración de la Eucaristía, y lectura de la carta de las monjas.

La Liturgia de la Palabra de los próximos días nos centrará en la llamada a la santidad. La Iglesia nos trae a la memoria la vida ejemplar de tantos cristianos que son referencia y estímulo, y suscitan la sana emulación de su bien hacer.

San Pablo, en la Carta a los Efesios, que nos está acompañado en la Liturgia de la Eucaristía, en concreto en el pasaje 4, 32-5, 8, nos advierte de lo que es impropio de santos, y a su vez de lo que corresponde a quienes deseamos vivir como cristianos. El Apóstol no apela a referentes éticos, más o menos aceptados socialmente como norma de actuación, sino que nos invita a vivir poniendo los ojos en el modelo absoluto, en quien es paradigma perfecto.

“Hermanos: Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo”. No se trata de adherirnos a la bondad, la comprensión, el perdón, por razones más o menos sociales, sino a la manera de Dios. “Sed imitadores de Dios, como hijos queridos”. La forma de vida cristiana no es de siervos, como esclavos temerosos de su amo, sino de hijos queridos, como quienes han recibido la bendición entrañable de su Creador y Padre, como quienes no miden su respuesta, sino que actúan gozosa y gratuitamente por amor, “como oblación y víctima de suave olor”.

Con esta perspectiva, la vida del cristiano se presenta luminosa, “como hijo de la luz”. Somos hijos del día, no de las tinieblas. Nuestras obras deben alumbrar a los de casa como lámpara sobre el candelero, testimonio luminoso que atraiga por la bondad, servicialidad y sencillez.

Esta forma de vivir es propia de los santos, o como dice el salmista (Sal 1), es como la de  los árboles plantados junto al borde de la acequia, que dan fruto en su sazón. El Papa Benedicto XVI, en su carta a los jóvenes para JMJ, comenta la imagen del árbol que echa raíces junto al agua (Jer 17, 7-8), “que significa volver a poner la confianza en Dios. De Él viene nuestra vida”.

En definitiva, tenemos la llamada a ser testigos de los valores del reino de Dios.

Un abrazo, hasta pronto.
Ángel
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