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Carta de Navidad 2005 para los amigos de Buenafuente

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Querido Amigo:

La Navidad es para todos, su mensaje alcanza a todas las generaciones y a cada uno de nosotros, pues el cántico que los ángeles entonan es gloria para Dios y paz para los hombres a los que Él ama tanto. El Creador no se desdice, Él quiere a todo ser que existe; si hubiera algo a lo que no quisiera, ese algo no existiría. Tú también existes por amor.

La Navidad la acogen los que viven en la intemperie, los que, como los pastores, tienen quizá sólo el cielo como techo, como referencia de cobijo y de esperanza; la acogen quienes no permanecen consolados con la seguridad que dan las cosas ni el dominio, aquellos que, limpios de corazón, llegan a creer en el mensaje trascendente y son capaces de arriesgarse en la vida ante el anuncio inesperado de la Salvación.

Es necesaria la experiencia de pobreza para creer. Los satisfechos de sí mismos, los seguros, permanecen pertrechados en sus castillos que creen invulnerables, pero sin la alegría de la Navidad. Los afanados en la ciudad terrena no se enteraron del feliz acontecimiento que hizo saltar de gozo a los pastores que estaban en el campo.

La Navidad la reciben quienes están en el templo del Señor, quienes, como los ancianos del evangelio, pasan sus días en alabanza, como ofrenda religiosa de sus vidas, y oblación de su existencia, como testimonio del Dios que es más y merece la entrega total de sí mismos. ¡Cuántas personas pueblan de manera discreta los santuarios de la historia, los templos y los hospitales, los claustros y las calles, desde los atrios de la oración secreta en la celda de sus corazones! Soy beneficiario directo de consagrados que viven dentro de los muros del silencio y de la soledad, proclamando que la noticia del Emmanuel ha afectado sus vidas para siempre, y conozco a otras personas que hacen de la ciudad su desierto contemplativo.

La Navidad la celebran quienes buscan, quienes, atentos, andan preguntándose por los signos anunciadores de la novedad del Señor, quienes son capaces de dejar su tierra, su seguridad e instalación por seguir la luz íntima, la que como voz en las entrañas insinúa el camino de la voluntad divina. Tengo el privilegio de conocer el corazón de muchos que al abrir su conciencia me afianzan en la convicción de que seguir la llamada esencial, la propia vocación., es auténtica sabiduría.

¡Seguro que junto a ti tienes testigos de la Navidad! Personas que en medio de su prueba reconocen la presencia de Jesús en el despojo, como cuando  los pastores lo vieron envuelto en pañales y recostado en un pesebre y los ancianos y los Magos lo encontraron en los brazos de María, su madre. ¡Cómo fascinan las personas que se deciden a cambiar de rumbo por haberse encontrado con Jesucristo y quienes, a pesar de la prueba, bendicen a Dios! La Madre de Jesús siempre es mediación navideña.

Querido amigo, ¡Feliz Navidad!

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