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Carta de febrero 2011

Hermanas de Buenafuente del Sistal -

Querido Amigo de Buenafuente:


Al inicio de este mes de Febrero, el día 2, se cumplen los cuarenta días del nacimiento de Jesús. Con este motivo, la Iglesia celebra el momento en que María subió al templo llevando a su Hijo en brazos para presentarlo, como manda la ley de Moisés.

La ley mosaica mandaba por una parte, la purificación de la mujer, por su maternidad, y por la otra, el rescate del primogénito, ofreciendo un cordero, unas tórtolas o unos pichones, según la capacidad económica de la familia. En este caso, el evangelio dice: “Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor” (Lc 2, 22-24).

Durante mucho tiempo, la festividad del 2 de febrero ha girado en tono a la Madre de Jesús. Tomó el nombre de la Purificación de María, o también el de la Virgen de las Candelas. Es una de las fechas más entrañables, con diferentes costumbres populares religiosas, como la bendición de tortas y roscos, que alegran en el tiempo frío del invierno. Además, al día siguiente, la memoria de San Blas, especial abogado en los males de garganta, de nuevo se bendicen alimentos, toda clase de bollos y rosquillas, con lo que el culmen de la cuarentena de Navidad renueva también en parte los sabores navideños.

Últimamente, la Liturgia nos presenta este día centrando en la consagración del Niño Jesús – “Todo varón primogénito será consagrado al Señor” - , por lo que se ha instituido la jornada mundial de la Vida Consagrada. Día propicio para pedir al Señor por quienes en la Iglesia son signo de los valores del Evangelio, profecía del Reino de Dios. En estos tiempos recios, los consagrados necesitan nuestro afecto, apoyo, oración y estima.
La vida consagrada es un don en la Iglesia y para el mundo. Jesús, desde el primer momento de su vida pública, quiso agregar a su misión a hombres y mujeres que lo acompañaron por los caminos; fueron el grupo de discípulos, germen de la Iglesia. La llamada a la santidad que tenemos todos los bautizados, ungidos profetas, sacerdotes y reyes, puede ser remecida de gracia con la vocación a alguna forma de vida cristiana, en concreto a seguir a Jesús más de cerca, detrás de Él, y permanecer al servicio de los hermanos.

Es día de renovar nuestra consagración bautismal, nuestros votos y promesas al Señor, llevar la lámpara de la fe y del testimonio encendida, como hijos de la luz, testigos de quien es Luz de Luz, Jesucristo.
Agradezcamos a Dios la vida de tantos consagrados como nos han hecho bien en nuestra vida, para que sientan fuerza y crecimiento de sus comunidades con nuevos miembros.

Para quienes vivís en Madrid, el día 1 de febrero, en Príncipe de Vergara, 88, tendremos el encuentro de oración. A las 19,00h. oración, 19,30h tema de meditación, 20,00h. canto de Vísperas y celebración de la Eucaristía. Al final leeremos la carta de las monjas de Buenafuente. 
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