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CARTA DE BUENAFUENTE. Pascua, 2008

Ángel Moreno -
Querido Amigo:

Al igual que en los evangelios la noticia de la resurrección de Jesucristo atraviesa el muro de la duda, del miedo y del dolor, las primeras palabras de los testigos de aquella mañana toman protagonismo en la búsqueda más existencial que hoy tiene el creyente.

El ambiente social, colmado de vacío y de nostalgia, está dominado, tantas veces, por las noticias negativas y las conversaciones pesimistas. Quizá, como a las mujeres en la mañana del primer día, nos asalta la pregunta: « ¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro? » (Mc 16, 3).

M. RUPNIK, Emaús,
Congregación del Culto Divino            
Las estadísticas sociológicas son alarmantes. Descienden las vocaciones, mengua la práctica religiosa, se deteriora el ambiente moral, entre algunos cristianos se extiende un sentimiento pesimista. María Magdalena se lamentaba: «Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto» (Jn 20, 13). « Señor, dime dónde lo has puesto » (Jn 20, 15).

Para muchos la interpretación optimista suena a palabra hueca, la de quienes tienen miedo a ver la realidad. Ya no valen los discursos ni las declaraciones de autoridad. El apóstol Tomás llegó a decir: « Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré » (Jn 20, 25).

Se han proyectado muchas veces estrategias, planes, propagandas, campañas con métodos modernos y sagaces. Ante tanta inversión y sus consecuencias, resuena la nostalgia de los discípulos de Emaús: « Nosotros esperábamos que sería Él quien iba a librar a Israel, pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó » (Lc  24, 21).

Los mejores testigos no ocultaron sus sentimientos de ausencia, de soledad, de realismo dolorido. Son reacciones que se instalan en el interior ante la impotencia, la debilidad, la fenomenología actual respecto a la fe.

En un ambiente entristecido, contra todo pronóstico, se abrió paso una noticia inesperada. Jesús, el Nazareno, “no está aquí, ha resucitado” (Mc 16, 6). Y desde entonces hasta hoy no han dejado de sucederse los testimonios: «Es verdad, ha resucitado» (Lc 24, 34). “Y lo reconocieron” (Lc 24, 31).

La herida es vestigio de certeza; la nostalgia, impulso de búsqueda; la fe es un don y un reto; la verdad, una gran alegría, porque JESUCRISTO VIVE, HA RESUCITADO. ¡ALELUYA¡ « ¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras? » (Lc 24, 32). ¡Feliz Pascua!

Ángel Moreno
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