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Carta de Buenafuente octubre, 2008

Angelo Moreno - Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Querido Amigo de Buenafuente:

    Conoces mi empeño durante seis años en estudiar la vida de Santa Teresa de Jesús y su contemplación de la imagen de Cristo, hasta llegar a defender la tesis en teología. Ahora, como si la misma Doctora Mística me diera licencia, he tenido el privilegio de dirigir Ejercicios Espirituales en varios carmelos, entre ellos a la comunidad del Monasterio de la Encarnación de Ávila.
Os podéis imaginar la gracia que ha supuesto para mí vivir una semana, como estuvo san Juan de la Cruz, en una casa junto al convento, y orando en la celda donde la monja carmelita tuvo la gran experiencia de amor de Dios y escuchó la declaración de Jesucristo que, después de comulgar, “le dijo que ya era tiempo de que sus cosas tomase ella por suyas, y El tendría cuidado de las suyas” (Moradas VII, 2, 1).

    Pero si ha sido muy viva la memoria de los acontecimientos místicos que experimentó Teresa de Cepeda, Jesucristo, como dice la Santa, es el mismo. “Teniéndole tan verdaderamente en el Santísimo Sacramento como entonces, ¿qué más se les daba? (Camino de Perfección 34, 6).

    En esos mismos días, la Palabra de Dios, que providencialmente tocaba leer, nos declaraba: “Todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo”. “Por el bautismo os habéis revestido de Cristo”. “Sois uno en Cristo”. “Si sois de Cristo, sois herederos de las promesas” (Gál 3, 22-29). ¿Y qué es más el posible sentimiento místico o la realidad sacramental y teológica? Sobrecoge, a pesar de tener mayor o menor sentimiento, la verdad que nos identifica. Ante esta verdad, sin duda que “ya es tiempo” de que las cosas de Cristo sean las mías.

    ¡Cómo duele la inconsciencia! ¡Cómo se aviva el sentimiento de pobreza ante la realidad que nos habita y nos ama! Mas, no es remedio el lamento, ni el refugio en la debilidad, ni la evasión en la inconsciencia. Sólo se cura este dolor, como diría San Juan de la Cruz, con “la presencia y la figura” de Jesucristo, y estas las tenemos aseguradas en la Eucaristía, sacramento de la presencia viva, de la entrega permanente, del acompañamiento constante, de la relación ofrecida por parte del Señor.

    Y desde entonces, me viene al pensamiento, como un ritornelo, la invitación de Jesucristo, aunque con un tinte de queja: “Ya es tiempo”. Sí, ya es hora de que lo tuyo sea mío y lo mío sea tuyo.

    Cuando me dispongo a viajar a dar los EE al Carmelo de Puerto Rico, con la amistad que nos une, sigamos por el camino que nos indican la Palabra y los amigos de Dios.

Ángel

* El día 4 de noviembre, en Madrid, tendremos el encuentro de oración y misa por nuestros familiares y amigos difuntos.
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