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CARTA DE BUENAFUENTE - Octubre, 2005

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Querido Amigo de Buenafuente:

Acabo de llegar de la peregrinación a Tierra Santa. Gracias a Dios,  todo ha transcurrido bien y hemos vuelto con la alegría de ver la afluencia de peregrinos y cómo se llena de vida Jerusalén. Quiero compartir contigo algunas notas de viaje, tomadas junto a los lugares santos.
Descubro que necesito volver a Galilea, al ámbito engendrador de mi llamada, a los sonidos esenciales, al destello de mi alumbramiento, al contacto con la brisa iluminada, caricia recreadora de mi existencia. Es necesario respirar de nuevo la Palabra, escuchar la voz que pronuncia mi nombre entre arpegios de cítara, gustar el escalofrío del alma, la certeza de no inventarme el amor de la mirada de Jesús.

¡Cómo se ensancha el corazón cuando se pronuncia el amor, al oír de mis labios sin pudor y sin miedo la expresión más íntima, confiando en la reiterada posibilidad que, al alba, me ofrece el Maestro a la orilla del mar!

Al comprobar cómo el Señor no deja a sus amigos con las redes vacías, ni a Pedro hundirse en su desconfianza, al agarrarlo con fuerza por la diestra, ni a los suyos perecer por miedo ante la tormenta, ni que queden sumidos en la duda por la sospecha de un fantasma, al invitarlos al almuerzo y darles ocasión de profesar el amor más noble, en el lenguaje de la luz y el viento, junto a las brasas, me he atrevido yo mismo a pronunciar mi pertenencia:

“Señor, ¡qué bueno es saberte amigo, necesitado de nuestra declaración de amor! ¡Cómo descansa el corazón al poder pronunciar con los labios la necesidad íntima, la que uno lleva soterrada por pudor y por  temor de no ser fiel al sentimiento!

\"\"Para siempre quedará el cielo como testigo de mi voz entrecortada bajo la bóveda azul en Galilea. ¡Cómo se reengendra la memoria, al cruzar el mar de Tiberiades, de la opción divina, permanente, fiel, de la llamada de Jesús por el nombre a sus amigos!

Necesito oír una vez más, Señor, al tiempo de extasiar mis ojos en el reflejo de la luz sobre las aguas, tu pregunta sobre mi opción de amor.

-    ¿Me amas?
Y oír que te respondo:
-    “Tú lo sabes todo. Tú sabes que no puedo avanzar por el camino sin saberme amado. Tú sabes si te quiero. Tú sabes que te quiero”.

Para siempre el Mar de Galilea es testigo de mi canción y de mi embeleso. No sabré demostrarlo, mas nadie podrá borrar la experiencia intensa del discípulo.

Nota: En Madrid, el día 8 de noviembre nos reunimos para orar por nuestros difuntos, a las 7 de la tarde. C/ Príncipe de Vergara, 88. En Buenafuente, El 26 de noviembre DÍA DE DESIERTO, Adviento. Del 3-11, Ejercicios Espirituales.
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