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Carta de Buenafuente mayo 2010

Hermanas de Buenafuente -

El día 25, domingo, día del Buen Pastor celebrábamos la jornada mundial de oración por las vocaciones. En nuestra comunidad, venimos intensificando la oración: cada martes ofrecemos la Eucaristía por las vocaciones, los jueves por los sacerdotes, junto a la Exposición del Santísimo, jueves, domingos y todo el mes de febrero.
Cada uno de nosotros hemos sido llamados por nuestro nombre, a una vocación concreta, pero siguiendo a un único Pastor y Señor.
¡Recemos, para que seamos fieles a nuestra vocación y sobre todo para que haya muchos jóvenes que escuchen la llamada del Señor y lo sigan con generosidad!

Este fin de semana pasado, comenzábamos con las palabras del Salmo 100: “Para ti es mi música Señor”,-el primer curso de teoría y práctica de artes aplicadas a la Vida Consagrada (sobre la música en la Vida Consagrada)-.
Ha sido un don del Señor para nosotras y una gracia muy especial el haber podido participar.

Todos los que nos conocéis, sabéis que lo prioritario, lo que centra nuestra vida, desde la madrugada a la noche, es la alabanza, la oración al Señor en el coro, ofreciéndola y compartiéndola con todos los que os acercáis a Buenafuente.
Sabíamos, pero hemos comprendido más profundamente, que tenemos una gran tarea en nuestras manos: la labor de devolver al mundo de hoy, al hombre de hoy- a través de la resonancia de la alabanza en nuestros corazones-, la música de Dios, la belleza perdida…

Pero no sólo nosotras, tú también, cada uno de nosotros, debemos devolver al hombre la sensibilidad de lo bello, la finura de espíritu, la esperanza del corazón.
Como cristianos, tenemos la gran suerte de percibir en todo lo creado la mano prodigiosa de nuestro Creador, que todo lo ha hecho bueno, más aún, cuando creó al hombre lo hizo “muy bueno”. Desde ahí hermanos, tenemos que sacar lo bello del hombre, lo bueno, lo sensible, lo armónico.

No podemos quedarnos de brazos cruzados. Cada uno, allí donde el Señor le ha enviado, tiene el deber de ser instrumento para que en el mundo, el hombre de hoy, se “despierte del letargo”, admire la obra creadora, adore al Dios creador y glorifique su infinita misericordia.

Hermanos, somos quizás solamente unas notas en el pentagrama del mundo, pero, sin ti, sin el otro, sin nosotras…el mundo no tendría su música.
Hagamos de nuestras vidas una nueva sinfonía, dirigidos por la mano del Padre.

Seamos los instrumentos de la Nueva Creación.

Unidas en la oración
Vuestras hermanas de Buenafuente

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