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Carta de Buenafuente mayo 2009

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Queridos amigos:

    Hemos comenzado la cuarta semana de Pascua, tiempo de alegría, de júbilo, acompañados de cantos de aleluya en los que resuena el gozo de la noche pascual. Todo esto nos tiene que llevar a una nueva preparación, como lo hicimos los cuarenta días previos a la Pascua -en el tiempo de cuaresma-, ahora, también hay que purificar nuestro corazón y nuestros actos para celebrar la Pascua del Espíritu, Pentecostés.

    Ese Espíritu que Cristo resucitado envió a la comunidad, hoy también es enviado a cada uno de nosotros: un espíritu que alentará nuestras vidas, nos impulsará a dar testimonio veraz, un testimonio que tiene que acallar la violencia, la muerte, el aborto, la injusticia, la marginación, la infidelidad, la corrupción…, un testimonio de Vida, de Amor, de amistad, de fidelidad, de solidaridad, un testimonio que nos lleve a ser “pastores del rebaño”, de ese rebaño que Cristo nos ha confiado a cada uno. Si realmente somos seguidores del Buen Pastor, también nosotros, tras sus huellas, tenemos que amar, ayudar, proteger, sanar, alimentar, reconducir, a las “ovejas” que se nos han confiado y en la parcela que se nos ha ofrecido: la familia, la comunidad, los amigos…

    Sabemos y somos conscientes que  corren “malos tiempos” para la Iglesia- e Iglesia somos todos los que creemos en Cristo-, que cada vez es más difícil y comprometido dar testimonio cristiano. Pero hermanos no podemos bajar la guardia, pues cada día hay más “doctrinas”, más “maestros en sabiduría y ciencia” que nos presentan una realización plena del hombre sin Dios, que viene disfraza de muchas maneras atractivas y cautivadoras.

    Hermanos, Cristo, es la única salvación para el hombre, sólo en Él, con Él y desde Él podemos llegar a la verdadera plenitud.

    Es necesario hermanos que nos unamos más y más entre nosotros y a nuestros Pastores, nos adhiramos a la doctrina de la Iglesia, la respetemos, la amemos, y la hagamos nuestra.

    Y así como decía San Agustín: “tu pasto es la Palabra de Dios y sus mandamientos son los dulces campos desde donde te apacienta” (sermón 366, 3), escudriñemos la Palabra de Dios, la pongamos en práctica y la demos a conocer. Pues la Palabra es generadora de vida, y eso es lo que nuestra sociedad necesita hoy, una vida verdadera y plena, que sólo la puede dar Jesucristo.

    En este año, en el que conmemoramos el año jubilar paulino, que mejor aprendizaje que la misma vida y testimonio de Pablo- apóstol por designio de Dios-, porque  descubrió a Cristo, fue “alcanzado por Cristo Jesús” (Flp 3,12) y siguió tras Él. Que él fortalezca nuestra débil fe y nos aliente a caminar tras las huellas de Cristo.

    Y en el mes de mayo, mes de nuestra Madre, la Virgen María, nos encomendamos a ella para que sepamos decir ¡Si! cada día al Proyecto de Dios en nuestra vida, con valentía y fidelidad.


Vuestras hermanas de Buenafuente
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