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Carta de Buenafuente enero 2010

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Queridos amigos:

Si hemos dejado nacer a Jesús en nuestros corazones, en esta Navidad, en el día a día de nuestra vida, también debemos experimentar el paso por el bautismo de Jesús en el Jordán. Un bautismo donde Jesús quedó transformado por la Palabra del Padre y Ungido por la intimidad del Espíritu Santo.

Que fiesta tan bonita la del bautismo del Señor. Sólo en dos ocasiones “escuchamos” las palabras del Padre y en las dos nos dice lo mismo, que Jesús es el Hijo predilecto y que a Él debemos escuchar. ¿Puede el Padre encargarnos otra misión más dulce que esta de escuchar a Jesús y tener en Él nuestras complacencias como Él? Viviendo esta Palabra el Espíritu transformará nuestro corazón dando cabida al Proyecto de Dios.

Hermanos la verdadera fuerza para llevar a cabo el proyecto personal e intransferible que Dios nos ofrece, a ti y a nosotras, a cada uno, se obtiene en la Eucaristía. Que no caigamos en una rutina ante la Eucaristía, cuando el rito, las prisas, el creer que ya lo sabemos todo, nos hagan perder de vista el Misterio escondido en Ella.
Somos llamados y enviados desde la Eucaristía (nuestra fuerza vital diaria).

Y como dice el Santo padre Benedicto XVI: “No podemos guardar para nosotros el amor celebrado en cada Eucaristía. Lo que el mundo necesita es el Amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en él. Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los hermanos”.

Y esta es tu misión y la nuestra hermano: en este tiempo de crisis, de desesperanza, de paro, de violencia, de hambre…los cristianos somos llamados a la esperanza, a llevar al hombre, a la mujer de hoy, a la plenitud de la esperanza, que es Cristo. Por eso hermanos, no tenemos que dejar que nuestras vidas sean una rutina diaria; que siempre vivamos en clave de fe, que con nuestra vida mantengamos viva la presencia de Cristo.

Que la Eucaristía, la oración, el servicio a los más pobres, la defensa de la vida, la promoción de los valores cristianos, nos lleven a vivir la vocación del amor a la que hemos sido llamados.

Que el “tiempo ordinario” que hemos comenzado, se convierta cada minuto de nuestra vida “en tiempo extraordinario” de amor a Dios y a los hermanos.

Unidos en la oración
Vuestras hermanas de Buenafuente
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