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Carta de Buenafuente enero 2009

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Queridos amigos:

    Hemos dado comienzo al mes de febrero y como bien sabéis, durante este mes en nuestra comunidad se intensifica la oración, ante el Santísimo Expuesto, pidiendo por las vocaciones.

No podemos cerrar los ojos a esta realidad que nos apremia: seminarios y noviciados vacíos…; esto no debe dejarnos en  el desánimo, pensando en lo mal que está la juventud (que por cierto, los mayores de cada generación ha “calificado” así a los jóvenes) o lo revuelta que está la sociedad en general, o quizás añorar los tiempos pasados.

¡No!, tenemos que ser conscientes de esta realidad  y pedir al “dueño de la mies que envíe obreros a su mies”, pero también poner manos a la obra cada uno de nosotros, allí donde nos encontremos.

Los consagrados debemos dejar translucir en nuestra vida el Amor de Dios, Él nos ha llamado a vivir en plenitud el Amor con nuestra consagración.

Hermanos, ojalá que seamos capaces, los consagrados, de contagiar ese amor de Cristo, siendo instrumentos y no obstáculos para que la acción de Dios siga llegando a cada hombre, a cada mujer.

Seguro que Dios sigue llamando y que hay jóvenes que escuchan la llamada, pero a veces les falta valor, otros que no encuentran referentes claros…ahí tenemos que estar, que nuestra vida, nuestro compromiso, nuestra oración, les conduzca a Dios.

Os pedimos que os unáis cada día a nuestra oración, y qué mejor que comenzar con la celebración  del día dos de febrero: la presentación del Señor en el Templo y día de la Vida Consagrada; pidamos que el Señor siga fortaleciendo el Amor primero de cada consagrado y cada uno de nosotros no dejemos que se apague esa llama.
Esta semana hemos tenido haciendo unos días de retiro a los seminaristas del último curso del seminario menor, nos han pedido oraciones para saber cuál es el camino que Dios quiere para ellos.

También nuestro obispo, D. José Sánchez, sus vicarios y unos veinte sacerdotes jóvenes, han estado en Buenafuente compartiendo momentos de reflexión, experiencias, dificultades, gozos, alegrías y retos, unos días de encuentro formativo, fraterno y festivo. Pero ha sido un gozo para esta comunidad poder participar de unas Eucaristías concelebradas por los sacerdotes más jóvenes y presididas por nuestro obispo. Todos y cada uno de ellos nos han pedido que les encomendemos en nuestras oraciones, para que no se dejen vencer por el desánimo, no pierdan nunca la esperanza y jamás abandonen la oración.

Hermanos ya veis que tenemos tarea, nosotras y cada uno de vosotros, ya que somos parte de ese proyecto de Dios, que nos ha puesto unos al lado del otro para ayudarnos a ser felices y a animarnos a caminar en la Senda del Señor.

Confiamos en vuestras oraciones
Vuestras hermanas de Buenafuente
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