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CARTA DE BUENAFUENTE - Adviento, 2005

Amigos de Buenafuente del Sistal -
    Parece una contradicción iniciar un proceso catecumenal siendo ya bautizados. Inscribirse como de nuevas para recibir el nombre en la fe, parece una simulación, si ya se está inscrito y se ha celebrado hace mucho el don del bautismo. Sin embargo, cabe acoger la llamada a reiniciar el camino, a comenzar de nuevo, como quien sabe y tiene conciencia de su fragilidad y necesita interrumpir la inercia, la costumbre, el pacto, para abrirse con limpieza de corazón a la sugerencia de la Palabra de Dios.

    El comienzo del tiempo del Adviento lleva anejo, en muchos lugares de misión y en donde se abren los catecumenados para adultos no bautizados o para conversos, el principio de un tiempo intenso de preparación hasta culminar en la profesión solemne de la fe en la noche de Pascua y, en su caso,  recibir por primera vez los sacramentos de iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía.

    Para quienes ya estamos bautizados, el itinerario será reavivar la fe en la clave de los sacramentos de iniciación. Reavivar nuestro bautismo, nuestra convicción creyente y la participación consciente en la mesa del Señor.

    Pero antes de nada se instala en el alma el deseo de volver al Señor, el gozo por el hallazgo de la fe, el ensanchamiento del corazón para recibir la Palabra, la decisión personal de adentrarse en la relación orante, el dejar de hablar de oídas, el gustar la bondad del Señor y sentir al mismo tiempo la torpeza del corazón endurecido y tardo.

    \"\"Es un tiempo propicio para la esperanza, tiempo de escucha, de atención, de sensibilidad, de avivar la consciencia, de despertar la dimensión religiosa, de celebrar los signos identificativos: la señal de la cruz, la oración del Padre Nuestro, la acogida de la Palabra de Dios, la renuncia al mal, la aceptación y profesión de las verdades de la fe.

    Cada uno debe plantearse su propia conversión, mas a su vez somos solidarios de la fe de nuestros hermanos. La figura del catequista es imprescindible en el catecumenado, y si entre nosotros no habrá un nombramiento formal de la persona que nos acompañará en el proceso, todos somos responsables de que a nuestro lado se perciba la alegría, el testimonio y la coherencia, frutos de la experiencia creyente.

    No hay duda de que el proceso catecumenal, como el camino en la fe de los que ya estamos iniciados, se asegura con el apoyo de los hermanos, de quienes viven juntos y se estimulan en la fidelidad, en una sana emulación de la santidad, como hacían San Jerónimo y Santa Paula, San Basilio y San Gregorio Nacianceno, San Benito y Santa Escolástica, San Francisco y Santa Clara, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.

    Hay liderazgos colectivos, hay testigos públicos reconocidos, que al traerlos a la memoria ayudan y hacen bien. El Papa Juan Pablo II, la M. Teresa de Calcuta, Fr. Roger nos han ayudado a todos a saber vivir y morir, como la vida de tantos santos supone un apoyo afectivo y testimonial para encomendarse y para intentar imitar en lo posible.
También cabe un acompañamiento personal, un ángel del camino, alguien que, testigo y maestro, pueda contrastar el proceso y pueda incluso servir de aval y de discernimiento, en caso de preguntas vocacionales, de opciones de vida, de resoluciones existenciales, de planteamientos radicales, de conflictos personales por duda, turbación, crisis, en momentos de decisiones comprometidas.

    Los instrumentos del camino catecumenal están muy relacionados con la formación en la fe, de ahí que sea muy importante la decisión de acompañarse con algún manual, libro o proyecto que ayude a recordar, y cabe que hasta a redescubrir la revelación que nos ha traído Jesucristo, Mesías, Hijo de Dios (Mc 1, 1).

    La Iglesia nos pone este año como bordón del camino la lectura-proclamación del Evangelio de San Marcos; es el más corto de todos los evangelios. Un posible propósito personal, comunitario o familiar podría ser releer de forma sapiencial el Evangelio, que va a ser proclamado los domingos, acompañarse con algún comentario sencillo y llevar entre las manos la tarea de saborear las Escrituras, de manera especial las del día del Señor..

    La enseñanza de los últimos Papas nos invita a la adoración, a estar delante del Sacramento de la Eucaristía, para contemplar el rostro del Señor, a la escucha de la moción interior, del susurro del Espíritu, de la voz de la conciencia,  que nos llevará suavemente al movimiento de la conversión, de la petición humilde de la misericordia, puerta del camino del seguimiento. Pero sobre todo, a la participación en la misma mesa del Señor.

    Siempre en el camino de la fe, la ayuda de la gracia es imprescindible. Pedirla insistentemente y celebrar, si es necesario, el sacramento del perdón, ayuda a librarse de quedar sometidos a la mala memoria. Es muy importante, a la hora en que la mente quiera mirar hacia atrás y traer al recuerdo situaciones que pueden justificar el cansancio, poner el dique del sacramento por el que todo ha quedado en la misericordia divina y no es posible volver a “Egipto”, a la tierra de esclavitud.

    Nuestra Señora, la Virgen Madre de Dios, permanece como abogada y compañera nuestra en este valle y desierto. Invocar a la Madre de Jesús, a quien se nos ha dado también por consejera, confiar en su intercesión, tenerla por maestra, mirar su modo de hacer vida el Evangelio ha sido principio de sabiduría de los santos y de los cristianos más sencillos.

    Hoy puedes comenzar de nuevo. Hoy puedes inscribirte en el foro de tu corazón y reiniciar el camino del discipulado que Jesús te ofrece en su Evangelio.
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