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Carta Buenafuente - Adviento 2006

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Querido Amigo de Buenafuente:

Acabamos de llegar de la peregrinación al Sinaí y a Tierra Santa. Fuimos como mensajeros de esperanza, y así lo hemos cantado por las calles de Jerusalén los 40 peregrinos, y volvemos como embajadores de paz.

Hemos subido con cientos de caminantes a lo alto del Monte de Moisés. Como serpiente de luz ascendíamos a las dos de la mañana, para contemplar el amanecer y sentir, sobrecogidos, la belleza de la creación.

Hemos atravesado de sur a norte la Tierra del Señor. Podemos testimoniar que una de las razones de nuestra alegría ha sido haber vencido el miedo. Y resonaba la Palabra de Dios a Josué: “No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahveh tu Dios estará contigo dondequiera que vayas” (Jos 1,9).

Tiempo de Adviento, de desierto y de esperanza. Nuestros ojos se han llenado de anchura, de luz, de presencia interior en las extensiones desérticas del Negueb. Hemos renovado la Alianza con Dios, sentido la vocación esencial de ser de suyos, del único que tiene capacidad de hacer florecer la estepa, confirmados en la esperanza.

Un peregrino me llegó a preguntar: “¿No te cansas de venir?” Le respondí: “Si viniera a ver piedras o paisajes, quizá no tendría razones para volver, pero si esta tierra me posibilita una relación más viva con Jesucristo -el encuentro con la persona a la que amas siempre es nuevo-, volver a Tierra Santa es un verdadero privilegio”.

El Adviento no es una repetición cíclica, es la posibilidad de abrirnos a la novedad del encuentro con el Hijo de Dios que se nos anuncia. ¡Qué distinto es ir por los caminos con la certeza del acompañamiento divino de cruzarlos únicamente como osados! El Adviento es el itinerario confiado de la fe, a la espera del nacimiento de Jesús, Dios con nosotros, por el que somos liberados del miedo a la soledad.

Junto a la gruta de la Anunciación pude escribir:

Mujer eres María, enamorada, esposa de José, Madre del Verbo. Nunca solitaria, Bienamada. Virgen y Madre, casa repleta de pan en las entrañas. Feliz también será quien te reciba, de tu amor y de por vida bendecido por el Hijo nacido de tu seno.

        Siguen resonando en nuestros oídos las palabras que nos dirigió el P. Guardián de la comunidad franciscana de Belén, el P. Justo: “Gracias por venir. Nos sentimos animados con tan sólo veros”. “No temas, María, has hallado gracia ante Dios”.

Un abrazo.

Encuentros:
  • Del 2-10 de diciembre, en Buenafuente, Ejercicios Espirituales, Adviento, Vigilia de la Inmaculada
  • Día 19 de diciembre, oración en Madrid, Príncipe de Vergara 88.
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