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Carta a mi Obispo Antonio María Rouco

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Mari Patxi Ayerra - Viernes 20 de Abril del 2007
    Muy Sr. mío: Con el corazón de pascua, pero algo agitada porque últimamente mis amigos ateos están muy interesados en los “ecos de sociedad” de mi iglesia y también porque, como usted, ando preocupada por la marcha de nuestra familia religiosa, le comparto algunos de mis temores.

Soy de la generación que conocí a un Dios lejano, controlado por los expertos, que manipulaba conciencias, atemorizaba al personal y nos dividía en buenos y malos. Ese Dios que olía a incienso, a confesionario, a reclinatorio, a oscurantismo, a indulgencias, a velo y devocionario , a lejanía, a ojo controlador, a sacrificios para conseguir la santidad y a convertir el cuerpo y al sexo opuesto en enemigo mortal. Más tarde tuve la suerte de descubrir al Dios de Jesús, sencillo, sin oropeles ni distancias, que llamaba a unos a dejarlo todo y a seguirle, en la vida religiosa y a otros a seguirle en la vida familiar, pero que invitaba a todos a la igualdad, a la fraternidad y a la felicidad. Este Dios que nos unía, se volvía cercano, rompía distancias, púlpitos y oropeles democratizaba la vida y nos puso en marcha hacia la construcción del Reino de Dios, es decir, la gran familia humana.
Toda mi juventud estuvo dinamizada por ese Espíritu de Dios que nos invitaba a ser luz del mundo y sal de la tierra y nos impulsaba a ser adultos, maduros y a vivir la pasión por la Vida en abundancia, con una preferencia clara por los pobres y los necesitados. Todo esto lo íbamos descubriendo junto a “curas y monjas” que habían hecho una opción radical por entregar su vida a Dios y nos contagiábamos juntos del estilo de vivir de Jesús, de la vivencia de la oración y la celebración en nuestras vidas, como alimento fundamental para mantenernos coherentes y creyentes. Formábamos comunidades y dinamizábamos las parroquias y los barrios, nos comprometíamos en la vida pastoral y social y aprendimos a tratar a Dios de tú y a sentirnos personas habitadas, en vez de hablarle de vuecencia y de adorarle en los altares. Procurábamos que donde estuviéramos hiciéramos presente a Dios y que en los demás también le viéramos a El.

El Concilio Vaticano II fue el motor de este cambio
que veíamos coincidía absolutamente con el mensaje del evangelio, por lo que fueron tiempos de ilusión, de aseguramiento en la fe, de opciones y compromisos fuertes con la iglesia y con la sociedad. En el trabajo, en el ocio y en el entorno procuramos ser levadura en la masa y ayudar a la gente a apasionarse por Jesús y su mensaje y a sentir a Dios como el motor de sus vidas. En nuestras familias se vivió la fe con pasión, siempre acompañados por esos religiosos que caminaban con nosotros al unísono, en igualdad y cercanía, enriqueciéndonos mutuamente social y espiritualmente. Nuestros hijos gozaron el privilegio de una fe fuerte, compartida con la comunidad cristiana, celebrada y orada en la parroquia, con unas catequesis cuidadas, (no recuerdo si eran homologadas o no), vividas de forma que los adultos fuéramos contando a los niños y jóvenes lo que representaba Dios en nuestra vida, como tesoro y como fermento y así han ido pasando los años.

Estos chicos se han ido haciendo mayores y resulta que la iglesia que les queda no les sirve porque han desaparecido los aires frescos de aquel concilio y han resucitado los sagrarios dorados, los barrotes alrededor del altar, las genuflexiones , las exposiciones del Santísimo, las palabras complicadas, la lejanía de los “sacerdotes”, (que vuelven a vestirse distintos y a gustar ser tratados de usted), los PERDONAATUPUEBLOSEÑOR, ese que está eternamente enojado y que nada tiene que ver con el Padre del hijo pródigo…

Y no les sirve, ni nos sirve esta iglesia, porque no coincide con el Jesús del evangelio, ese que se juntaba con todo tipo de gente, que era un hombre normal y corriente, que sólo se diferenciaba en su manera de amar, que se acercaba a los distintos, que celebró una cena con sus amigos, y así les enseñó cómo había que tratarse; porque comer juntos es señal de igualdad y de cercanía. Además, les demostró cómo tenían que servir a los demás, lavándoles los pies, para que quedara bien claro que, el que quiera ser el primero, no tenga que ser el que más títulos tenga, ni más efectos especiales lleve puestos, ni marque más distancias…

Porque Jesús hablaba el lenguaje de los sencillos y le entendía todo el mundo, utilizando parábolas, que es lo que comprenden los niños y los adultos y no hay que tener estudios para acoger su mensaje, pero en cambio cuando en nuestra sociedad se oye hablar a mi iglesia, utiliza palabras frías, doctas, condenatorias, lejanas y sus modos son principescos, con exceso de pompa y glamour y eso le aleja de la gente sencilla, de los que buscan a Dios Padre, ese que nos quiere a todos como somos, que tiene un gran sueño para cada ser humano, sea pecador o no, frecuente su compañía o le desconozca, disfrute de saberse habitado o no haya oído en la vida hablar de El.

Yo estoy, igual que usted, el pastor del rebaño al que pertenezco, preocupada por las ovejas alejadas , por las que no conocen a Dios, por las que le buscan en todos los sucedáneos y por las que creen que El es alguien que sólo quiere pillarnos en falta, nos infantiliza y nos convierte en borregos que no piensan. Yo también siento dolor por los que creen que a Dios hay que hacerle como a mi Caja de Ahorros, que si le presto dinero, me regala un juego de sartenes… y por eso le repiten rutinariamente palabras para atesorar méritos, sin saber que Dios solo es una gran historia de amor gratuito, pronunciada en individual y en general, un Amor que nos envuelve a todos y nos dinamiza para ser cada uno el mejor ser humano posible y además hermano de todos los demás; simplemente eso, sin tener que adorarle en estatuas, ni comprarle con oraciones prefabricadas que se convierten en beneficios posteriores.

Yo le propongo, como oveja de su rebaño, que nos deje a las 99 , que estamos seguras y salga corriendo a buscar a la que está perdida, a la que anda por ahí creyendo que Dios está en los ídolos del dinero, el trabajo, el poder, el prestigio o el “que siempre se ha hecho así”… También podría organizarnos y darnos pistas a las ovejas para que, con misericordia infinita, sepamos acoger a la perdida, a la preferida de Dios, a la que sufre, de forma que nunca condenemos a los que viven de forma diferente, como los separados, los homosexuales, los “recasados”, los…

No nos conocemos, aunque le nombro a usted con mucha frecuencia, cada vez que pedimos en las eucaristías por nuestro obispo Antonio María, y entonces aprovecho para decirle a Dios que abra sus ojos de buen pastor, para que vea con empatía a sus ovejas del año 2007, como son y como sienten, diferentes a las de generaciones anteriores, para que no les eche la bronca, cual madrastra regañona , sino que le haga brotar ternura y comprensión para hablarles como la madre que acoge a todos sus hijos, pero, de reojo, presta más atención a los más pachuchos.

Sé que andan las altas jerarquías trajinando con el tema de si se comulgó con rosquillas o si se celebró en vaqueros. Yo no sé muy bien cómo iría vestido Jesús en la última cena, pero seguro que El no le dio mucha importancia… se fijaba en otros detalles,… ni siquiera en si el pan era de trigo o no, porque entonces no podía tener amigos celiacos, ya que aún no se había descubierto la alergia al gluten pero, estoy segura de que, si El anduviera camuflado en sus reuniones, minimizaría esas pequeñas cosas que se han producido en un barrio en el que se celebra la fe entre pobres y marginados y pondría más énfasis en frenar el conservadurismo que se ha despertado, la recuperación de oros, pompas y rutinas litúrgicas, la vuelta a canciones obsoletas, que hoy no dicen nada, la rigidez de formas que alejan y aburren a tantas personas. El nos haría ser sensibles a la trágica indiferencia religiosa que estamos provocando y a la huída de los que no encuentran su sitio entre nosotros, para que generosamente saliéramos a su encuentro a llevarles la buena noticia liberadora y plenificante de saberse hijos de Dios, amados hasta el extremo.

Aunque siento pudor al escribirle esta carta, lo hago desde el sentido de la responsabilidad, porque me siento iglesia y porque creo que es algo que vamos construyendo entre todos, con la ayuda de Dios, que va trabajando en lo secreto y ha conseguido que después de dos mil años sigamos sintiéndonos sus hijos. Desde hoy oraré con más cariño por su tarea pastoral, con el deseo de que unos y otros aprovechemos las dificultades para crecer, sin perder energía en resentimientos ni reproches sino dejando fluir la positividad, la bondad y el espíritu conciliador de Jesús que nos impulsa a aportar cada uno lo mejor que tengamos para construir esta familia de los hijos de Dios. Un saludo

Mari Patxi Ayerra, una cristiana de Madrid

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11 comentarios

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Comentarios
Querida hermana Mari. Comparto plenamente tu escrito. Hemos de trabajar por una Iglesia renovada, que diga algo, que llene corazones, que de un testimonio de vida digno de ser seguido. Volver a lo seguro, a lo ciertamente caduco, puede que hoy nos tranquilice a unos pocos. Cristo se lanzó al lago a echar las redes. Echemos de una vez las redes, sin cortapisas, sin pompas como tú muy bien dices, dando olor de sencillez, de humildad, de disponibilidad, de AMOR. También yo llevo muchos años en la Iglesia, también yo sueño con una Iglesia fiel seguidora del Señor, también yo creo que esta Iglesia de lujo, de poder absoluto, de machismo e irreal no servirá para mantener en ella a nuestros hijos. Dios te bendiga.
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Julio Julio
el 20/4/07
Gracias, esta reflexión me infunde esperanza después de un dia dificil.
También esa es la Iglesia con la que yo me identifico, pero cada vez la veo más lejana
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Caridad Caridad
el 20/4/07
Mucho pido al Señor que me conceda un seguimiento con olor de sencilez, de humildad, de disponibilidad y de AMOR, pero pienso que me va a faltar limpieza de corazón cuando me empeño en mirar a la Iglesia llena de lujo y de poder absoluto... no comprediendo que esta Iglesia la formamos todos desde nuestra pequeñez. Perdón.
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José Antonio José Antonio
el 21/4/07
Me siento cerca de ti, Mari Patxi, pero también cerca de Rouco y de los curas de San Carlos Borromeo. Me siento y quiero ser con todos Iglesia, Pueblo de Dios, pero a la vez Comunión. Y todos debemos crearla, por supuesto.
Lo que no entiendo es qué hacen los que les importa la Iglesia un comino -salvo para mofarse- en este conflicto. Estoy seguro que esta Iglesia nuestra tiene como las ancianas madres muchas arrugas causadas por todos los hijos. Prefiero, en vez de echarle culpas a 'mis hermanos' revisar, procurar quitar las que yo le voy causando. Gracias por tu reflexión.
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Antonio Fernández Antonio Fernández
el 21/4/07
Aunque de manera indirecta, ilumina mucho sobre este conflicto y, en general, sobre el problema de las relaciones entre la autoridad y los carismas en la Iglesia, la preciosa reflexión que sobre el Evangelio de este tercer Domingo de Pascua ofrece X. Pikaza en su blog: http://blogs.periodistadigital.com/xpikaza.php y que recomiendo vivamente.
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José M. Vegas José M. Vegas
el 22/4/07
Puedo compartir vuestras reflexiones y de hecho estoy de acuerdo en algunas cosas, pero en toda "organización" hay que respetar unas normas aunque sean mínimas. No hay que olvidar que la Iglesia que instituyó Jesús es jerárquica y como tal hay que aceptarla. Las normas se hacen para cumplirse y aunque haya cosas que pueden no ser compartidas desde un punto de vista personal, hay que obedecer. Un saludo a todos
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José José
el 22/4/07
Gracias Mari Patxi por dar nombre a lo que muchos cristianos sentimos... gracias por tu valentía.
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Cristina Cristina
el 23/4/07
Me dejan "mal sabor" estos comentarios que pretenden dar lecciones de "lo evangélico" siempre a otros, de estar en posesión de la verdad... Yo amo de corazón a ESTA Iglesia porque es MI FAMILIA y, aunque reconozco sus fallos, sus sombras, y hay muchas cosas que no entiendo, no se me ocurre acusar, disculpo, callo... exactamete igual que hago con las cosas que me disgustan de mi familia natural. Por supuesto, sufro y rezo, pero me duele más aún todo lo que fomenta la división y no la unidad DENTRO de la misma Iglesia
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Amalia Amalia
el 23/4/07
Creo que el escrito de Mari Patxi es mucho más que una carta a su obispo; a todos nos interpela. Aprecio ante todo los buenos deseos de M. Patxi, incluso su nostalgia de tiempos para ella mejores, y también su tono constructivo, de propuesta.
Pero veo en esta carta mucha simplificación, ante todo una división maniquea de las época eclesiales en buenas y malas, sin matices; creo que la piedad preconciliar cantó algo más que el "perdona a tu pueblo", que en el primer posconcilio no todo fueron aciertos, y que en la actualidad la acción social de la iglesia -también la de Madrid- es más fuerte que nunca (con inmigrantes, sida, pobres de todo tipo).
No es cierto que el lenguaje de Jesús fuera entendido inmediatamente por todos; por eso hubo defecciones en masa, envidias entre sus ... » ver comentario
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S.Pacheco S.Pacheco
el 24/4/07
la verdad está muy sabroso, muy cristiano tu escrito y me pone a platicar con Dios y qué mejor. Que Dios te dé fuerza para seguir platicando y que todos te den ánimo por ser tan llegadora.
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 r coindreau r coindreau
el 30/6/09
En mi familia hay una mayoría que piensa como tú, sin embargo a mi padre que fue ateo le sirvió esta iglesia tal como es. Gracias a ella murió santamente, y gracias a ella conocí las indulgencias que me abrieron el camino de la esperanza. Y mis hermanos...
Jesús un día estuvo ante cinco mil hombres y al día siguiente solo lo acompañaron 12.

Por amor a Jesús y por amor a María, quiero ser de los doce no de los cinco mil. Mi mama vivió el cristianismo anterior al concilio y hoy a sus 75 años está estudiando ciencias religiosas por que ama a la iglesia!, es filosofa y el cielo ya lo gano siendo instrumento para convertir a un científico ateo, enseñándole el significado de todos esos ornamentos y objetos que no están ahí por azar o por capricho.
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Santiago Santiago
el 20/11/09
Por favor escriba las letras como se muestran.

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Jn 16,29-33. Tened valor: yo he vencido al mundo.

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